Una minuciosa restauración para conservar los objetos de las fosas de Paterna



Botellas, joyas o lápices son sólo algunos de los objetos exhumados pertenecientes a las víctimas de la represión franquista y que han sido hallados en las fosas del cementerio de Paterna. Muchos de ellos se pueden visitar en la exposición Arqueologia de la memòria. Les fosses de Paterna (Arqueología de la memoria. Las fosas de Paterna) del Museo de Prehistoria de Valencia, que se complementa con la muestra Paterna. Lugar de perpetración y memoria, la cual se puede disfrutar en l’ETNO. 

Aunque todas estas piezas exhumadas en las distintas fosas se encuentran actualmente expuestas en vitrinas, ha habido un gran trabajo de conservación y preservación detrás para poder ser mostradas al público. 

Trinidad Pasíes, Ramón Canal y Janire Múgica han estado trabajando durante los últimos meses en el laboratorio de restauración del centro. Sin embargo, como explica Pasíes, previamente, y durante dos meses, se han llevado a cabo estudios preliminares para determinar los daños de estos objetos, que posteriormente han sido restaurados en el laboratorio a lo largo de cuatro meses. 

El equipo de este proyecto, en el que han participado el Museu de Prehistoria de València y L’ETNO (Museo Valenciano de Etnología) -este último depositario de la colección-, reconoce la importancia de este tipo de proyectos para mejorar la conciencia social y ser responsables de la preservación del legado histórico con el objetivo de que pueda ser transmitido a generaciones futuras en “las mejores condiciones posibles manteniendo al máximo su significado natural”. 

Protocolo de actuación

El equipo de laboratorio ha seguido un protocolo de actuación durante todo este tiempo con el fin de preservar los objetos originales desde el concepto de conservación curativa y preventiva.  

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Así, durante los estudios científicos se diseñaron varias estrategias para conocer las características de los materiales y su estado de alteración. Sin embargo, Pasíes señala que no todos los objetos de la exposición han sido restaurados. “Los que nos han traído los familiares, suelen estar bastante bien. Los peores son los que se exhumaron en las fosas y, por lo tanto hay que tratarlos”, explica la restauradora, quien añade que “las intervenciones suelen ser mínimas para protegerlos”. 

Uno de los fenómenos a los que se ha enfrentado el equipo es el de la saponificación cadavérica. Esto ha supuesto que muchos de los objetos de estas fosas contengan esta reacción química, que genera compuestos similares al jabón o la cera por la hidrólisis de la grasa corporal. Para combatir esta situación, ha sido necesario llevar a cabo un proceso de higienización. “Al higienizar, eliminamos o reducimos los microorganismos nocivos y cargas bacterianas que puedan estar presentes con la finalidad de alcanzar un nivel no perjudicial para la salud”, explica la experta. Por ello, es importante utilizar guantes y mascarillas. Añade: “Se trata de un tratamiento primordial, tanto para dignificar a los objetos, como para proteger a toda persona que esté en contacto con estos”.

Alcohol etílico

Los trabajadores han utilizado alcohol etílico, mientras que en los objetos orgánicos con restos de saponificación (cuero, madera o esparto) se ha emplezado aceite de melaleuca -conocido como aceite esencial del árbol del té, un producto natural que tiene propiedades fumigantes y repelentes-. Pasíes recalca que este es un producto no tóxico ni contaminante, por lo que es un “tratamiento totalmente sostenible”. 

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El proceso de limpieza se realizó de manera controlada, gradual y selectiva para mejorar la lectura formal y decorativa de las piezas, pero sin llegar a modificar su aspecto para que los visitantes sepan que se trata de un objeto exhumado. Además, en algunas piezas también se procedió al montaje de las distintas partes, en las que peligraba su estabilidad o cuya reconstrucción podría permitir identificar a las víctimas. 

Conservación preventiva

Sin embargo, el trabajo de estos profesionales no finaliza una vez se pone en marcha la exposición, sino que se prolonga a lo largo del tiempo con las medidas de conservación preventiva. El equipo explica que se crearon dos tipos de contenedores herméticos, es decir, los que albergaban materiales inorgánicos (vidrio y metal) y los que contenían materiales orgánicos (hueso, cuero, plásticos, goma, papel y fibras), ya que ambos requieren condiciones climáticas diferentes. “Es necesario evitar la humedad, estudiar el ambiente en el que se exponen y que la iluminación sea clara”, recalca la experta. 

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