Una madrastra buena frente a una malvada Blancanieves vampira: la moda de reescribir clásicos que está cambiando los cuentos de tu infancia


Érase una vez una princesa llamada Blancanieves, ante todos, la más bella del reino. Siendo muy pequeña, la joven perdió a su madre. Y su madrastra, que vive con una envidia venenosa que le corroe hasta la médula, la envía al bosque con la intención de matarla. Todos seríamos capaces de continuar este relato porque hemos crecido con él. Sin embargo, esta misma historia cambia si es contada a través de los ojos de una madrastra que no es tan malvada, como proponen Neil Gaiman y Colleen Doran en Nieve, cristal, manzanas (Planeta Cómic), y más aún si Blancanieves, la muchacha con la piel más pálida del reino, en lugar de ser una princesa aniñada y dulce resulta ser una vampira dispuesta a atacar a sus súbditos. Y colorín colorado, cambiando la narración y la naturaleza de la protagonista, este cuento de hadas tan familiar se transforma en un relato de terror. El cuento sigue siendo reconocible, pero es contado de otra forma, contado otra vez: se trata de un retelling.

El retelling es un fenómeno que se ha extendido con gran rapidez en los últimos años, conquistando a miles de lectores en todo el mundo y dando también el salto a la pantalla a través de películas series que los adaptan y moldean de nuevo: el caso de las siete temporadas de Érase una vez, que concluyó en 2018 pero que se puede ver en Disney+, sería un buen ejemplo. También lo podemos encontrar en la serie española Cuéntame un cuento, que trata un relato distinto en cada uno de sus episodios. En el primero, los tres cerditos son unos hermanos que se dedican a asaltar bancos.

Es el arte de volver a contar historias, recuperando relatos ya existentes –como cuentos de hadas, o los mitos griegos y latinos– pero introduciendo variaciones. Por ejemplo, cambiando el punto de vista del narrador, o poniendo el foco en la versión de los villanos de los cuentos o de los personajes olvidados, como las mujeres que desempeñaban roles secundarios o tenían una actitud pasiva frente a los héroes que las salvaban. Pero también se puede escribir un retelling introduciendo nuevos personajes que den un giro a la trama, o cambiando el espacio en el que se desarrolla la historia. Así, se puede abandonar el reino muy lejano de toda la vida por un futuro apocalíptico conquistado por la inteligencia artificial.

Todo es posible en el retelling, pues es un juego contínuo de intertextualidad que tiene una única condición: la historia original debe ser reconocible, no se puede diluir su esencia. Dicho así, ya no parece un fenómeno tan novedoso: la historia de la literatura es un juego de influencias y tópicos donde autores de distintas épocas o de lugares remotos entre sí conectan e influyen los unos a los otros, creando nuevas historias que enlazan con textos anteriores. Sin embargo, en pleno siglo XXI asistimos a un auge sin precedentes. ¿Qué tienen los cuentos infantiles que nos apelan tanto? ¿Cuál es la fuerza del y si inconformista en los finales de esas historias?

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El origen de los cuentos

La esencia del cuento, la moraleja del final tras el “fueron felices y comieron perdices”, tiene una intención clara: la de transmitir una lección de padres a hijos. “No confíes en los desconocidos”, “el amor siempre triunfa”, “sé humilde y generoso” y un largo etcétera son ideas que se fueron transmitiendo de forma oral durante generaciones hasta el punto de crear todo un sistema de valores. Aún así, es difícil contestar a la pregunta de por qué o dónde aparecieron los cuentos. No se trata de señalar en el mapa la Baviera de los hermanos Grimm en Alemania, porque los cuentos, en realidad, tienen una dimensión tan trascendental que son capaces de superar las fronteras y viajar hasta la otra punta del mundo para contar la misma historia, con otros nombres y otros paisajes.

Todos los cuentos comparten una serie de características similares que los distinguen y que son indispensables para que su mensaje supere las barreras del tiempo y del espacio. Las resume Laura Ventura, doctora internacional en Filología Hispánica y profesora de Literatura en la Universidad Carlos III de Madrid, que explica que estos son “universales y atemporales, pero también tienen personajes muy reconocibles: los arquetipos”.

Ventura recuerda una anécdota con sus alumnos de origen chino del máster que imparte en la universidad. Estaban hablando sobre los cuentos de hadas y como ejemplo les contó la historia de Hansel y Gretel. Llegados a un punto, los estudiantes comenzaron a mirarse los unos a los otros divertidos. “‘¿Qué es lo que pasa?’, les pregunté. Me explicaron que ese cuento no es el de Hansel y Gretel, sino otro cuento que ellos ya conocían de pequeños que resultaba ser otra versión. Es curioso porque China tenía poco que ver entonces con la Alemania de los Grimm, y aún así la historia era idéntica. Por eso los cuentos de hadas tienen un componente universal”.

Respecto a los personajes, esos arquetipos son “necesarios”, dice Ventura, porque establecen una serie de patrones y sin ellos los cuentos pierden su estructura. Tienen unos rasgos muy concretos: un héroe emprende un viaje lleno de aventuras y peligros, en un determinado momento toca fondo y atraviesa un punto de inflexión, para después recuperarse, vencer al villano e iniciar el viaje de regreso a su hogar. Ese podría ser el caso de Ulises en la Odisea, pero también de Frodo Bolsón en el El señor de los anillos o de los hermanos Darling en Peter Pan. Este héroe necesita un villano al que vencer, una némesis que le haga frente y que represente una serie de connotaciones negativas, como las madrastras en los cuentos o el temible dragón. Y por supuesto, la princesa a quien salvar, un sujeto tan pasivo que casi participa de rebote en la acción, que espera y desespera porque alguien la saque de su alta torre. Otros que también se repiten en distintas historias son el mejor amigo del protagonista, el mago, los reyes…

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Ante personajes tan definidos, los retelling permiten a los autores jugar con las relaciones y los roles que desempeñan los protagonistas de las historias. Aún así, sigue siendo imprescindible una figura como la del héroe, porque vertebra el relato y es quien inicia la acción. Solo que en lugar de ser un ejemplo a seguir, el retelling puede convertirlo en un antihéroe, de la misma forma que el villano puede dejar de ser el malo de la historia para convertirse solamente en el personaje que lo confronta. “Ya en la mitología había grises: Apolo mataba y violaba y Dionisio era el que lograba que el campo fuera fértil”, advierte Laura Ventura, que también deja claro que “los cuentos son peremnes, pero nos acercamos a ellos con las interpretaciones que elabora nuestra sociedad”.

Una misma historia puede ser leída de formas muy distintas simplemente atendiendo al contexto histórico. No es lo mismo escuchar el cuento de La bella durmiente en el siglo XVIII que en el XX o en el XXI, pues lo que antes se leía como una historia de amor más, hoy puede derivar en una interpretación sobre la importancia del consentimiento en las relaciones de pareja. La mirada de la sociedad ante estas historias ha cambiado, pero los cuentos son inmortales. Aún así, gracias al retelling se pueden traer al presente los cuentos de hadas y los mitos para actualizar sus mensajes y adaptarlos a las circunstancias históricas y sociales de hoy.

Mirar atrás para mirar hacia delante

Ya encontrábamos hace años obras como Los reyes, de Cortázar, en la que el Minotauro le confesaba a Teseo que también era víctima de su destino impuesto; Ulises, de Joyce, donde la historia transcurre en el Berlín de 1904 y se establecen varios paralelismos con la obra de Homero; Penélope y las doce criadas, de Margaret Atwood, en la que Penélope cuenta su versión del regreso de su esposo a Ítaca asesinando deliberadamente a sus criadas por considerarlas traidoras; o Caperucita en Manhattan, de Carmen Martín Gaite, en la que Caperucita se llama Sara Allen y el bosque en el que se adentra son los rascacielos de Nueva York.

Portada de ‘Una corte de rosas y espinas’, de Sarah J. Mass./ ARCHIVO

Ahora el retelling ha encontrado también su espacio en la literatura juvenil, con sagas como Una corte de rosas y espinas, de Sarah J. Maas, quien traslada el cuento de La bella y la bestia a un reino feérico maldito donde su protagonista, Feyre, caza por accidente al lobo equivocado y para saldar su error debe acudir a la corte; o Matar un reino, de Alexandra Christo, quien hace de La Sirenita una asesina que debe acabar con la vida del príncipe de los humanos y que es transformada por la Reina del Mar en una humana para llevar a cabo su misión. Ambas sagas han sido todo un éxito en ventas y han tenido una gran acogida en la comunidad booktoker de TikTok. Las editoriales encuentran en el retelling los discursos que hoy tienen un mayor impacto, como la preocupación por el medioambiente o distintos movimientos sociales.

Irina C. Salabert, editora y dueña de Nocturna Ediciones, cuenta que los retelling respetan “la esencia original de los cuentos pero al mismo tiempo les otorgan actualidad”. Un ejemplo es La ira y el amanecer, de Renee Ahdieh, publicada por su sello, que recupera El cuento de las mil y una noches pero le da una vuelta de tuerca a través de una mirada feminista. En ella, Sherezade se presenta voluntaria para contraer matrimonio con el califa, un hombre cruel que asesina a sus esposas durante el amanecer, para vengarse por la muerte de su mejor amiga.

Portada de ‘La ira y el amanecer’, de Renee Ahdieh. / ARCHIVO

El retelling es un fenómeno que hoy está de moda de la misma forma que las distopías se hicieron muy populares en la literatura juvenil hace tan solo unos años. Salabert explica que para una editorial “es mucho más fácil proponerle a un lector una historia que ya conoce”, sobre todo cuando añaden nuevos elementos y van más allá. Bruno Bettelheim decía en su clásico Psicoanálisis de los cuentos de hadas (1976) que los cuentos infantiles no tienen ironía. En cambio, Salabert opina que gracias al retelling “el conflicto se vuelve más complejo, abordando temas como la identidad sexual de los personajes, el impacto de la inteligencia artificial o reflejando los cambios sociales del presente”. Y lejos de sustituir a la fuente original, estas nuevas versiones invitar al lector a acudir a ella, pues funcionan como “un homenaje”.

Voces dentro de otras voces

Una de las críticas que han recibido los retelling es que se han plegado a los valores de lo políticamente correcto, actuando como una suerte de censura que tira por la borda los elementos más problemáticos de los cuentos vistos con los ojos de hoy. Marta Sanz escribía en Monstruas y centauras (Anagrama, 2018) que “leemos los textos ideológicamente”.

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Sin embargo, y como la autora afirma también, se debe tener en cuenta que representar el mundo a través de la literatura es “una forma de construirlo, de intervenir en él”, por lo que los retelling son una forma de dar voz a los personajes que fueron infrarrepresentados por la tradición.

Sanz explica a este diario que “desacralizar los textos es la manera de mostrarles el mayor de los respetos”, y que a lo largo de toda la historia de la literatura hemos metabolizado relatos para construir otros. “Esto no solo es legítimo, sino también inevitable”. Es necesario, por tanto, tener conciencia de esa mutación de los relatos, pero sobre todo “no borrar, en ningún caso, la referencia original. No mentir. No olvidar”.  



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