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¿Un presidente americano sin pareja? La singular campaña de Tim Scott


Desde 1861, nunca, un presidente de Estados Unidos ha sido soltero. Los candidatos que se lanzan a la campaña sin haber pasado por el altar se enfrentan a que su estado civil acabe siendo una obsesión que centra, domina y arruina sus campañas. Por eso el senador Tim Scott, que pelea por hacerle sombra a Donald Trump en las primarias republicanas se ha visto obligado anunciar que sí, que tiene novia.

«Una chica adorable, cristiana, y es que una de las cosas que me gustan del Evangelio de Jesucristo es que siempre nos lleva por la dirección correcta, y como dice Proverbios 18:22, el que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová, así que recemos todos por mí».

Hizo el anuncio el senador Scott el 16 de septiembre en un acto de campaña en Iowa, primer estado en votar en las primarias, y en el que no le va del todo mal. Las encuestas realizadas en ese estado le dan un 9 por ciento de votos a día de hoy. E Iowa tiene una larga experiencia en encumbrar a candidatos relativamente desconocidos a última hora.

Lo cierto es que el senador, a sus 58 años, lleva meses hablando de la famosa novia, a la que de momento nadie ha visto. En mayo dijo, de pasada, en una entrevista, que de vez en cuando a su novia le gusta verle pasar por casa, pero que el Senado y la precampaña le tienen muy, muy atareado.


Ronald Reagan ya había estado casado cuando conoció a Nancy (en la imagen, en su avión privado) y llegó a la Casa Blanca


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El senador lo tiene todo para ser una estrella en la campaña republicana. Es riguroso en su conservadurismo. Firme contra el aborto. Decisivamente a favor del muro en la frontera. Admirador confeso de Trump. Cita el Evangelio como quien recita su propio nombre. Es de raza negra, por lo que puede tender puentes con las minorías. En las elecciones de 2020 en su estado, uno de los más conservadores de la nación, se impuso cómodamente con casi un 64 por ciento de los votos. Y Carolina del Sur es uno de los estados que más peso tiene en primarias. (Allí, por ejemplo, consolidó Biden su campaña en 2020).

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Su problema es que alguien sin familia aspira a ser candidato a la presidencia por el partido que se presenta como el abanderado de los valores familiares, una idea que prospera desde los años de Ronald Reagan oponiéndose al aborto, al feminismo, a la pornografía, a la educación sexual, al divorcio y al secularismo en general. No es que a los presidentes, ni siquiera a los republicanos, se les exija en el ejercicio del cargo mucho rigor a la hora de encarnar esos valores familiares.

El propio Reagan era divorciado, el primero en serlo en acceder al cargo, ya en 1981. Las escandalosas aventuras sexuales de Bill Clinton, demócrata, no le costaron la reelección ni el cargo en el juicio por ‘impeachment’. Y Trump ganó la presidencia y la ejerció entre acusaciones de infidelidad proferidas por actrices pornográficas y otras examantes.

Pero estar soltero parece ser una barrera, de momento, insalvable. Según la profesora de la Universidad de Ohio Katherine Jellison, experta en primeras damas y estudios de género, «tenemos que remontarnos al siglo XIX para encontrar presidentes solteros, por lo que ningún estadounidense vivo hoy ha experimentado este fenómeno». «Nos hemos acostumbrado tanto a que el jefe ejecutivo de la nación sea parte de una pareja heterosexual que es difícil para muchos imaginar lo contrario. En el siglo XIX, el principal papel de la esposa del presidente era servir como anfitriona en funciones oficiales», añade.

Lo cierto es que el matrimonio ha sido una institución central en la vida de los estadounidenses, pero cada vez lo es menos. En 2021, el 25 por ciento de los estadounidenses de 40 años nunca se había casado, según un análisis del Pew Research Center basado en datos del censo. Es el porcentaje más alto jamás registrado, pero sigue siendo una parte menor de la población. Uno de cada cuatro que no se había casado a los 40 en 2001, lo hizo antes de los 60 años.

En las encuestas realizadas después de las últimas elecciones, las parciales de 2020, se refleja que las personas casadas votaron más a los republicanos, mientras que las mujeres solteras prefirieron a los demócratas. Los hombres casados votaron por los republicanos un 20% más que por los demócratas, según los sondeos correspondientes publicados por CNN.

Así, la masculinidad dentro del matrimonio se ha convertido en un asunto central dentro del Partido Republicano, en especial ante las divisiones en la izquierda por las políticas identitarias y de género. En mayo, el senador republicano Josh Hawley, uno de los líderes de la revuelta que casi acaba invalidando las elecciones de 2020, publicó un libro titulado ‘Masculinidad: Las virtudes que América necesita’. Su tesis es que el país se ha alejado de Dios y de matrimonio, y se ha orientado hacia una búsqueda hedonista del placer y la libertad, dejando a los hombres sumidos en un malestar de soledad caracterizado por la adicción al porno, el delito y hasta el suicidio. En un podcast presentado con su mujer, Hawley ha dado consejos de cómo ser un hombre y cómo vivir plenamente en familia.

La virginidad: el mayor techo de cristal

Hasta hoy, muchos techos de cristal se han ido rompiendo en las primarias para presidente en EE.UU.: ha habido candidatas mujeres, personas de raza negra, con padres indios o kenianos, pero pocos llegan al final estando solteros o al menos sin vivir en pareja. Hasta el candidato gay que llegó más lejos, el demócrata Pete Buttigieg, está casado felizmente y es padre de dos niños.

Pero Tim Scott es un caso aparte. Hace unas semanas, el diario ‘The Washington Post’ le dedicaba un amplio reportaje a su soltería y a su supuesta novia. Y en él se trataba otro asunto delicado en la campaña, parejo al de la soltería.

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Circulan del candidato unas declaraciones de 1995, cuando se presentaba a un puesto de concejal en la ciudad de Charleston, en las que afirmaba que a sus 30 años era virgen por voluntad propia, de acuerdo con los principios de su fe evangélica. Sólo cuando entró en el Capitolio, como diputado, en 2012, admitió Scott que ya no era virgen. Recientemente, el ‘Post’ le volvió a preguntar sobre el asunto, y el senador se negó a responder.

Ese es en realidad el mayor techo de cristal: la virginidad, y las implicaciones que tiene. En 1968 una comedia americana titulada ‘El presidente virgen’ hacía bromas sobre el asunto, con un presidente por accidente, un chaval que nunca ha tenido relaciones sexuales, al que sus asesores tratan de manipular para hacerle la guerra a China.

Imagen - James Buchanan  nunca se casó aunque vivió con un hombre al que «quería como un hermano»

James Buchanan nunca se casó aunque vivió con un hombre al que «quería como un hermano»

El único presidente soltero, James Buchanan, es a la vez el peor de todos. Al menos esa es la opinión imperante entre no pocos historiadores, que le atribuyen una serie de desastrosas decisiones que acabaron propiciando la Guerra Civil. Nunca se casó, ni tuvo hijos. Pero sí compartía casa en Washington con un senador de Alabama, a quien decía querer como un hermano.

Sobre la posibilidad que el caso de Buchanan se repita, y hoy alguien como Scott llegue soltero a la Casa Blanca, la profesora Jellison cree que las barreras son más bien psicológicas: «Al principio el público encontraría un poco confusa la idea de un presidente soltero, pero dado que las ideas de etiqueta basadas en el emparejamiento heterosexual están cambiando rápidamente, tanto la Casa Blanca como el público se adaptarían. Es probable, por ejemplo, que los planificadores de eventos profesionales ahora tomen muchas de las decisiones que las primeras damas solían hacer, por lo que ese aspecto del trabajo tradicional de la primera dama sería relativamente fácil de cubrir. Y cuando un presidente soltero se parara al principio de las escaleras o en una línea de recepción para saludar a los visitantes, no creo que nadie se sorprendiera ya si lo hiciera solo».

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