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Trump se entrega en Atlanta para su cuarta imputación, la primera en la que no podrá perdonarse


Donald Trump volvió a tener que subirse este jueves a su ‘Trump Force One’ -el nombre pseudopresidencial que ha dado a su avión privado- para ser acusado de la comisión de delitos, algo que ya se ha convertido en rutinario para el multimillonario neoyorquino: del campo de golf a las dependencias judiciales.

El expresidente de EE.UU. y favorito absoluto para lograr la nominación republicana a las elecciones presidenciales del año que viene viajó por la tarde desde su club en Bedminster (New Jersey) a la cárcel del condado de Fulton, que engloba parte de Atlanta, la principal ciudad de Georgia.

La fiscal de distrito de aquel condado, Fani Willis, le acusa de trece cargos relacionados con su intento de revertir los resultados de las presidenciales de 2020 en Georgia, un estado clave, donde el ganador de los comicios, Joe Biden, se impuso a Trump por la mínima.

Es una causa estatal que va en la misma línea que la causa federal que lideró el fiscal especial Jack Smith, y por la que recibió otra imputación en julio, también por intentar dar la vuelta a los resultados electorales.

La de este jueves fue la cuarta vez en lo que va de año que Trump era acusado de delitos. La primera, en marzo en Nueva York, en relación a los pagos para silenciar una relación extramatrimonial con una actriz porno poco antes de las elecciones de 2016, fue histórica: era la primera vez que un expresidente de EE.UU. era imputado. La segunda fue en Miami, por la retención de cientos de documentos clasificados que se llevó de la Casa Blanca a Mar-a-Lago, su mansión y club privado en la costa de Florida. Después vinieron las dos causas relacionadas con la campaña contra los resultados de 2020, primero en Washington, y ahora en Atlanta, donde Trump fue recibido con el repetido circo de medios y seguidores, más de los primeros que de los segundos.

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Pero esta causa en Georgia tiene particularidades, que Trump sin duda explotará para su beneficio político, pero que también suponen riesgos. Por primera vez, el expresidente ha sufrido la humillación de tener que pagar una fianza para seguir en libertad, acordada con las autoridades, de 200.000 dólares.

Además, a Trump le tomaron por primera vez una imagen de registro policial. Es una práctica habitual que se hace con la mayoría de acusados de delitos, pero en las tres anteriores ocasiones las autoridades habían excusado esa necesidad con el expresidente. Los responsables del condado e Fulton, sin embargo, defendieron desde el principio que se le daría el mismo trato que a cualquier otro acusado.

Y mientras que hasta ahora Trump había sido procesado y puesto a disposición judicial en juzgados, en esta ocasión será, como es la práctica en el condado de Fulton, en su cárcel. Es un lugar muy diferente a los jardines cuidados de Bedminster o Mar-a-Lago o a los dorados rococó de sus estancias en la Torre Trump de Nueva York. Se trata de un centro penitenciario que acoge a delincuentes comunes, con problemas de limpieza y de ventilación, con episodios de violencia. El mes pasado, el sheriff del condado habló de «crisis humanitaria» en la prisión, después de que se encontrara a un preso muerto y cubierto de chinches y piojos.

En su entrega a las autoridades, Trump no fue medido y pesado, pero aseguró que mide 1,90 metros y que pesa 97,5 kilos, once kilos menos que en su última revisión médica en la Casa Blanca, algo que fue inmediatamente comentado con sorna en redes sociales.

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Una de las particularidades de esta causa es que Trump no está solo. Mientras que la del fiscal especial federal sobre los resultados de 2020 solo nombra a seis conspiradores, sin imputarles, Willis amplió la imputación a dieciocho aliados de Trump. Entre ellos hay figuras muy conocidas, como Rudy Giuliani, exalcalde de Nueva York y principal muñidor de la trama, y Mark Meadows, que como jefe de Gabinete en la Casa Blanca fue la mano derecha de Trump. Todos ellos han circulado por la cárcel del condado de Fulton esta semana.

Todos ellos comparten la acusación de participar en una «empresa criminal» -un tipo de cargo que suele utilizarse para las organizaciones mafiosas-, pero Trump y Giuliani son quienes acumulan más cargos, trece cada uno. Al presidente se le acusa, entre otras cosas, de presionar a autoridades para que actúen contra la ley y falsificación de testimonio y documentos.

Willis ha solicitado que el juicio comience el próximo 23 de octubre, algo que parece muy complicado por la cantidad de imputados y por el volumen enorme de pruebas que deben revisar las partes. Trump y el resto de imputados, además, buscarán todas las avenidas procesales a su disposición para tratar de retrasar al máximo el juicio, incluso para que se celebre más allá de noviembre del año que viene, la fecha en la que es probable que Trump concurra a las elecciones.

En el resto de las causas que enfrenta el expresidente, este podría utilizar sus poderes de presidente -en el caso de ganar- para conceder su propio perdón. Esto, sin embargo, no puede ocurrir en el caso de Georgia, donde no podrá indultar una pena establecida en la jurisdicción estatal. Ese perdón solo está en manos de un consejo nombrado por el gobernador del estado.

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