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“Recordar es obsceno. Olvidar es morir”: el trágico destino de la casa de Vicente Aleixandre, el poeta ‘exiliado’ en Madrid



  • Tras décadas de vaivenes, la casa de Vicente Aleixandre fue declarada Bien de Interés Patrimonial (BIP) en julio

  • Asociaciones y personalidades reclaman una mayor protección y su transformación en una ‘Casa de la Poesía’ que honre la figura del poeta y de la Generación del 27

  • Mientras tanto, el inmueble se encuentra a la venta en subasta pública y en un evidente estado de deterioro

Recordar es obsceno, peor: es triste. Olvidar es morir“, escribió Vicente Aleixandre en el poema ‘El olvido’. El poeta español, uno de los máximos exponentes de la Generación del 27 y Premio Nobel de Literatura en 1977, compuso estos versos en la casa del número 3 de la entonces calle Velintonia, rebautizada después con el nombre del escritor, donde pasó gran parte de su vida. Una casa que desde hace décadas se debate entre la desmemoria y la lucha por su conservación, entre aquellos que piensan que recordar es obsceno y los que creen que olvidar es morir.

La breve composición pertenece a los ‘Poemas de la consumación’, en los que Aleixandre se enfrenta a la cercanía de la muerte, el olvido y la memoria, en un ejercicio final de madurez poética y vital. La consumación es el acto de ‘llevar a cabo totalmente algo’, pero también ‘la extinción, el acabamiento total’. Una doble significación encarnada en los muros de la madrileña casa de Velintonia, donde se entremezclan los finales simbólicos y materiales.

Vicente Aleixandre, nacido en Sevilla en 1898, murió de tuberculosis el 14 de diciembre de 1984 en Madrid, ciudad en la que vivió desde los 11 años. Desde entonces, la vivienda en la que había vivido su exilio interior y donde produjo casi toda su obra, constituida como punto neurálgico y refugio de artistas y autores de todo signo durante la dictadura franquista, se ha convertido en un elemento que transita entre la disputa por su conservación y la indiferencia hacia su legado.

Un bien de intereses cruzados

Vacía y cerrada desde 1986, cuando falleció Concepción Aleixandre, hermana del escritor, el pasado 1 de junio de 2022 la Comunidad de Madrid anunció el inicio de los trámites para declarar a la casa como Bien de Interés Patrimonial (BIP) por su “valor simbólico” y por “ser una casa referente de la literatura”, tal y como recoge el comunicado publicado por la entidad. Una protección jurídica concedida por Marta Rivera de la Cruz, la consejera de Cultura madrileña, a instancias de José Manuel Uribes, el ministro de Cultura hasta julio de 2021 – cuando fue sucedido por Miguel Iceta- , que llega 36 años más tarde y que muchos consideran insuficiente.

Entre ellos, destaca la figura de Alejandro Sanz, el presidente de la Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre (AAVA), que el año que viene sumará 28 años luchando por preservar lo que define como ‘el espíritu de Velintonia’. A todos los que por allí pasaron, entre los que se cuentan figuras como Federico García Lorca, Luis Cernuda, Gerardo Diego, Jorge Guillén, José Hierro o Pablo Neruda, “les unía la poesía y la amistad, y ese es el espíritu que queremos preservar”, afirma Sanz. El objetivo de la asociación desde 1995, cuando inició su actividad (aunque no se constituyó oficialmente hasta 2006), es convertir la vivienda en una ‘Casa de la Poesía’, un espacio dedicado a la memoria de Vicente Aleixandre, de la generación del 27 y de toda la poesía española del siglo XX.

La doble pretensión de la asociación, convertir la casa en un “santuario de la poesía española” y en la sede de la fundación Vicente Aleixandre, choca reiteradamente con el “abandono institucional” que sufre la casa desde la muerte de la hermana del poeta, tal y como denuncia Sanz, quien considera que esta situación sería “inconcebible en cualquier otra parte del mundo”. Según el presidente, “el abandono y la ruina” han sido la tónica general durante estos 36 años transcurridos, con ocasionales promesas electorales de distintos partidos que luego quedan “en el olvido absoluto”.

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Niveles de protección jurídica

La declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) otorga el máximo nivel de protección a aquellos elementos que poseen un valor excepcional por su importancia artística, patrimonial y arquitectónica; mientras que los Bienes de Interés Patrimonial (BIP) gozan de una protección menor, aunque poseen una especial significación histórica o artística, y garantiza que toda intervención en ellos respete sus valores históricos, artísticos y culturales.

Sanz también sostiene que la protección otorgada a la casa por la Comunidad de Madrid no es la que le corresponde, sino que debería ser reconocida como Bien de Interés Cultural (BIC). Una categoría a la que se han opuesto distintos frentes, entre ellos el Ministerio de Cultura y el Gobierno de la Comunidad de Madrid, por considerar que la casa no tiene ningún valor arquitectónico ni material, sino meramente simbólico, y que no contiene ningún bien en su interior. Nosotros “no queremos salvar una casa, queremos salvar la casa y lo que representa”, asegura Sanz, que pone como ejemplo la Casa de Luis Cernuda en Sevilla, que en 2017 fue declarada BIC por la Junta de Andalucía.

Estas dos visiones contrapuestas se apoyan, entre otras razones, en distintos informes elaborados sobre Velintonia en los últimos años. Por un lado, la postura defendida en primera instancia por la Comunidad de Madrid se alinea con el estudio realizado por la historiadora del arte Rosa Cardero, que concluyó que la casa no cumplía las condiciones técnicas y legales para ser considerada BIP ni BIC. Posteriormente, en 2021, la entonces directora general de Bellas Artes, Dolores Jiménez-Blanco, dependiente del Ministerio de Cultura, remitió un informe defendiendo la importancia de declarar a Velintonia como BIP por la “especial significación histórica” del inmueble. Por otro lado, la también historiadora del arte, América Jiménez Hernández, redactó en 2008 un extenso análisis en el que afirmaba que el edificio reunía sobradamente los requisitos para recibir la protección BIC, y proponía la compra de la vivienda y la adquisición del archivo documental del poeta, para convertirla así en una Casa-Museo, en línea con lo que reclama la asociación.

El mundo de la cultura también refrenda la importancia de dar una mayor protección a Velintonia. Al apoyo histórico que ha recibido la AAVA por parte de artistas e intelectuales, se ha sumado recientemente las asociaciones de escritores de España, que el pasado 12 de diciembre, en el VII Encuentro Estatal convocado por la Asociación Colegial de Escritores en Alcalá de Henares, firmaron un manifiesto señalando la declaración “a todas luces insuficiente” del edificio como BIP y exigiendo al Gobierno de España que asuma la propiedad de la vivienda y la convierta en Casa- Museo. “Avergüenza al mundo de la cultura […], la situación en que se encuentra una pieza esencial de la memoria de uno de los dos poetas españoles, junto a Juan Ramón Jiménez, galardonados con el Premio Nobel de Literatura”, concluye el escrito.

Iniciativas, legislación y el archivo de Vicente Aleixandre

Más allá de la reciente declaración como BIP y de las distintas muestras de apoyo, la realidad es que la situación de Velintonia se encuentra estancada y “sin ninguna novedad respecto a lo que ya se ha ido contando”, tal y como señalan fuentes del Ayuntamiento madrileño. La casa se encuentra en un evidente estado de deterioro y con un proceso pendiente de subasta judicial decretado por un juez ante las desavenencias irresolubles entre los herederos. El precio inicial de venta ronda los 5 millones de euros, a lo que habría que sumar el coste de restauración y habilitación. Para el presidente de la AAVA, no obstante, no se trata de “una cuestión de dinero, sino de voluntad política y ganas de trabajar”.

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Las iniciativas políticas de los últimos años no han conseguido ningún cambio relevante. “Mientras otras ciudades aprovechan estás oportunidades para hacer cultura con mayúsculas y habilitan este tipo de viviendas como recuerdo de sus premios Nobel, aquí parece que no hay un interés cierto en defender y difundir la vida de nuestros grandes genios”, critica Mar Espinar, Concejala del Grupo Municipal Socialista de Madrid y miembro de la Comisión de Urbanismo, quien en 2017 registró una proposición para que el Ayuntamiento y la Comunidad estudiasen la adquisición conjunta de la vivienda y el impulso del proyecto ‘Casa de los Poetas’ en su interior.

Velintonia, refugio de poetas

La casa del número de 3 de la calle Velintonia fue el corazón que alimentó el cuerpo de la poesía española del siglo XX. Entre sus paredes confluyeron cinco generaciones de poetas, amén de escritores, artistas e intelectuales de distinta condición. Por Velintonia, y al calor de Vicente Aleixandre, pasaron los poetas e intelectuales más relevantes del momento, —Cernuda, Salinas, Alberti, Neruda, Lorca—…, y también lo hicieron los jóvenes de entonces como Gil de Biedma, Carmen Martín Gaite, Ayala, Nieva, Hierro…, o los últimos, los de la generación del 70 —Luis Antonio de Villena, Molina Foix, Javier Marías…—.

Alicia Torija, diputada de Más Madrid y vocal del Consejo Regional de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid, si bien destaca en positivo la protección jurídica concedida este año a Velintonia, considera que se le debería haber dado la máxima protección. Según Torija, que votó en contra en el Consejo por considerar que la propuesta de la Comunidad, basada en el informe remitido por el Ministerio, estaba “conceptualmente mal planteada”. La diputada cree que se ha juntado “la presión por la propiedad privada, la figura de Vicente Aleixandre y el desconocimiento sobre los valores simbólicos”, aunque defiende que la Ley de Patrimonio que rige en la Comunidad, vigente desde 2013, pese a ser “muy mala”, sí permite designar a la casa como Bien de Interés Cultural. Eso sí, esto no sucederá “mientras siga el actual Gobierno”, asevera Torija, quien se “compromete a que, cuando estemos gobernando, se pueda subir la categoría de protección”. Para la diputada, “la parte jurídica es la base” y, a partir de ahí, habría que estudiar qué formula seguir.

Lo que sí ha sucedido es que el archivo personal de Vicente Aleixandre, otra reivindicación con solera, fue declarado BIC el pasado 7 de diciembre por “su importancia cultural e histórica y por el valor bibliográfico y archivístico del conjunto documental”. Además de 6.400 documentos y los 4.250 libros de su biblioteca, muchos de ellas primeras ediciones, la herencia, que obra en poder de la familia Bousoño, está integrada por pinturas, grabados y hasta objetos personales como las gafas del escritor, su abrigo y el frac que vistió para la ceremonia de ingreso en la Real Academia Española en 1950, entre otras piezas. Torija alaba el “maravilloso trabajo” que se ha hecho en el inventariado del archivo y defiende que debería hacerse público para que “se pueda conocer y difundir”.

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Una casa abandonada para una memoria en reconstrucción

El presidente de la AAVA insiste en que la asociación no es partidista. Pero la figura de Vicente Aleixandre sí entraña connotaciones políticas e ideológicas. Tal y como señala Torija, el poeta fue “un símbolo de la resistencia antifranquista, eso que se ha llamado el ‘exilio interior'”. Hay una parte “del PP más rancio al que simbólicamente es un personaje que no le interesa”, añade.

Una opinión compartida por José Manuel Calvo, concejal del Ayuntamiento de Madrid por Recupera Madrid y delegado del Área de Gobierno de Desarrollo Urbano Sostenible durante la administración de Carmena, quien cree que la falta de voluntad política por intervenir en Velintonia se debe a que “no le interesa la memoria democrática”. La derecha, afirma, “tiene pavor a abrir ese melón, porque significaría rendir cuentas con lo que sucedió en la dictadura”.

Calvo formó parte del equipo que en 2018 trató de impulsar la expropiación de Velintonia por tres millones de euros para convertirla en un centro dedicado a la poesía y a la memoria, siguiendo el ejemplo de la ‘casa de Capa’, en Peironcely 10. Esta iniciativa, que finalmente no pudieron llevar a cabo, fue criticada en su momento por el PSOE y por la AAVA por excesiva y por ningunear al resto de agentes implicados. Según Calvo, “la casa se podía expropiar, pero suponía un coste y un conflicto elevados” en ese momento.

No obstante, el concejal se compromete a retomar el proyecto en caso de volver al Gobierno, dado el interés cultural e histórico del lugar: “Lo defenderemos no por anotarnos el guiño ahora, o porque el tema esté de moda, sino porque ya lo hicimos”. Calvo asegura que quieren retomar la agenda de Carmena, entre la que se incluía este asunto, y matiza que “habría que buscar un consenso respecto al nuevo uso que se le dote al edificio”.

Centenario a la vista

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Entre inacciones y promesas, la casa de Velintonia languidece. En un horizonte no muy lejano, en 2027, se perfila el centenario de la Generación del 27. Una promoción de escritores que saltó a la palestra cultural alrededor del 1927, con motivo de la conmemoración del tercer centenario de la muerte de Luis de Góngora; el mismo año en el que Aleixandre publicó su primer libro, ‘Ámbito’.

Queda menos de un lustro para el aniversario de una de las generaciones poéticas más importantes de la historia de España y, de momento, lo único que florece en la casa de Vicente Aleixandre, epicentro de la Edad de Plata de las letras españolas, es el cedro libanés plantado en el jardín por el propio poeta. Javier Marías, amigo de Aleixandre, escribió en El País en 2006: “Los políticos de 1977 [año de la concesión del Nobel] se volcaron en zalemas, y hasta le cambiaron el nombre a su calle, en contra de su voluntad, para llamarla con el suyo. […] Pero Aleixandre lleva muerto veintidós años [ahora 38] y, a diferencia de su amigo Lorca, no dejó parientes celosos de su memoria ni combativos. Hoy ningún político tiene nada tangible que rascar en Velintonia, y así dejan que se pudra o se venda a particulares”.

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