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Reabre el Candela, el templo madrileño del flamenco, adquirido por un grupo argentino de restaurantes de lujo



  • El Grupo Fayer, propietario de otros cinco locales de hostelería, se hace con el local y la marca

  • “Hemos comprado 40 años de historia de España”, declara Alejandro Pitashny, uno de los compradores

Lo primero que vieron los nuevos dueños del Candela cuando entraron en el local por primera vez fue un vaso roto sobre la barra. Contenía whisky, pero estaba casi evaporado. También una cartera que alguna mujer se había olvidado allí la noche en la que cerró el bar. Llevaban más de 10 meses allí. Todo estaba tal y como había quedado aquella madrugada de enero de 2022, en la que el gran templo del flamenco en Madrid bajó la persiana para no volver a abrirla más. Aparentemente.

“Parecía que se había detenido el tiempo en esa noche. Cuando entré por primera vez, lo primero que sentí fue la magia del lugar. De un sitio en el que han tocado los más grandes del flamenco. Paco de Lucía, Camarón. En el que había grabado Antonio Carmona, gente que ha ganado Grammys. Un lugar que, un amante de la cultura y del flamenco como yo, sólo podía admirar. Lo primero que pensé es que estaba comprando 40 años de historia de España”.

Alejandro Pitashny es, en realidad, un economista bonaerense. A ese sector ha dedicado su vida, siendo actualmente el hombre fuerte del Banco Rostchild de Argentina. Pero hace 4 años decidió, junto a su socio Martín Loeb, arrancar un negocio de hostelería en su Buenos Aires natal. Compraron un restaurante llamado Fayer, “y todo lo que podía salir mal, salió mal. Empezó siendo un fracaso, sin comensales, con el personal enfadado y los proveedores también. Ahora, cuatro años después, podemos decir que hemos revertido la situación. Le hemos dado la vuelta y funciona muy bien”.

Solventado ese problema, los socios decidieron expandir, pero allende los mares. “Martín y yo conocíamos bien Europa. Yo viví en Londres y París. Él, en Ámsterdam. Ambos teníamos claro que queríamos expandirnos aquí, pero decidimos hacerlo en Madrid, que ahora mismo es la capital de Europa”, cuenta a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA entre hummus, falafel y vacío de ternera en el Fayer de Madrid, un restaurante que aúna las gastronomías de Argentina e Israel.

Porque su primera aventura empresarial en el mundo de la hostelería europea fue abrir el Fayer en la calle Orfila de Madrid. El proyecto se consolidó y permitió abrir otros dos espacios gastronómicos en la ciudad: la cafetería Golda y Patio 7, con un tercero (Golda 2) aún en ciernes. Pero ahora se han echado la manta a la cabeza y, contra todo pronóstico, han comprado el Candela. Y le cuenta en primicia a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA cuál es su idea de proyecto en tan emblemático garito y la hoja de ruta que van a seguir.

Pregunta.- Alejandro, la gente quiere saber quién ha comprado el Candela

Respuesta.- Pues somos tres personas a los que nos gusta el perfil bajo. Por una parte estoy yo, Alejandro Pitashny. Nací en Buenos Aires, soy economista de formación y profesión. Soy socio del Banco Rotschild en Argentina. Mi cargo específico es Senior Country Advisor, especializado en reestructuración de deuda soberana y salidas a bolsa. Pero también hablo en nombre de mis dos socios: Diego ‘Papo’ Kling y Martin Loeb, que somos los que nos hemos embarcado en esta aventura. Martín Loeb es licenciado en Sistemas y emprendedor en el área de alimentos. Papo ha sido creador de una marca de ropa y varios conceptos gastronómicos. Tenemos espíritu renacentista, de hacer proyectos que no solamente estén vinculados con nuestras áreas de trabajo. Como los restaurantes que gestionamos en Argentina y Madrid.

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P. ¿Por qué Madrid?

R. Por las posibilidades que tiene la ciudad, por su riqueza cultural, por su trato a la gente que viene de fuera. Creo realmente que Madrid es la capital de Europa. Por su apertura, por su amabilidad con el inmigrante. Por cómo se vive aquí la libertad y cómo se puede trabajar aquí a futuro. Pero, sobre todo, por su valor cultural. Es un lugar con una riqueza cultural enorme. Llevamos más de 3 años con los proyectos de los restaurantes y queremos seguir expandiendo en esta ciudad que tan bien nos ha acogido. Llegamos aquí hace 3 años para introducir Fayer. En nuestros negocios nos hemos equivocado y fracasado en muchas cosas. No nos da miedo eso. Aquí hemos visto que Madrid tiene todos los componentes para que inmigrante se sienta querido y cuidado. Yo he tenido la suerte de formarme en Argentina y EEUU como economista. He vivido en París y Londres. Y creo que, ahora mismo, Madrid es la capital de Europa. Tiene muchos componentes para justificar lo que estoy diciendo.

P. – ¿Y por qué el Candela?

R.- Si te digo la verdad, todo se cerró en 5 minutos. Me llamó Diego ‘Papo’ Kling, uno de mis socios. Él es un gran emprendedor en el sentido de que empezó de cero en España en el mundo textil y creó una marca importante. Creemos en los mismos valores, especialmente en los culturales. Un día me llamó hace un año y me dijo “A ti que te gusta el flamenco, tengo un lugar que te encantaría. Un sitio en el que entendí qué era la Movida madrileña y qué era el flamenco, y cómo convivían todos en paz”. Me dijo eso y no me hizo falta ni verlo. Me interesa mucho, le dije. Cuando se nos presentó la posibilidad de comprar el Candela, los muros y la marca, no lo dudamos nada. De verdad, tomamos la decisión en 5 minutos. Sentimos enseguida que era nuestra responsabilidad salvar el legado de ese lugar. Preservarlo y potenciarlo.

P.- ¿Qué encontró al abrir por primera vez la puerta del templo madrileño del flamenco?

R.- Fue un impacto. Tuve la sensación de haberme comprado 40 años de historia. Eso se respiraba desde el mismo momento en el que entré en el local. Parecía que se había detenido el tiempo. Mucha información visual, musical, fotográfica… Todo eso lo estamos poniendo en valor, porque es su legado. El Candela marcó una época. Si yo hubiera vivido en aquella época en Madrid, yo hubiera ido al Candela. No lo dudé un momento. El Candela atravesó la vida de mucha gente. Fue un cruce entre la movida madrileña y la cultura histórica del pueblo gitano, con el que los judíos tenemos muchas similitudes y lazos. Es historia, y eso queremos potenciar.

P.- ¿Cuáles son las intenciones de este grupo comprador?

R.- La aventura es cuidar y preservar el Candela. De archivar y documentar minuciosamente todo lo que había en el Candela. Cuidar el pasado, trabajar el presente y potenciar el futuro de un lugar cultural emblemático en el mundo del flamenco de la música y especialmente en el mundo del flamenco, que es parte de la identidad de España. Y a partir de ahí, ya iremos viendo. Aquí se han grabado discos. Me viene a la mente el Blue Note Jazz Bar de Nueva York, que tiene inculso un sello discográfico. ¿Por qué no hacer algo así aquí?

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P. De todos modos, el Candela, más allá de su riqueza cultural, siempre ha sido uno de los garitos de fiesta de referencia de Madrid. ¿Qué le espera al aficionado que iba al Candela y espera con ganas la reapertura?

R. Se autodefinía como el tablao más auténtico de Madrid. Especialmente cuando lo regentaba su fundador, Miguel Aguilera, al que conocían como Miguelito Candela. Una persona a la que me hubiese encantado conocer, pero que falleció en trágicas circunstancias, todo hace indicar que por un accidente. Una persona culta a la que le gustaba jugar al ajedrez e integrar los distintos mundos de Madrid. Yo quiero preservar el legado de Miguelito Candela. Ojo, no copiar una época. Reproducir algo que pasó en una época no es compatible en este momento. Lo que sí encontró siempre todo el mundo en el Candela fue calidad. Y la magia. Una anécdota: el otro día conocí a dos chicas que son pareja y me transmitieron su alegría por la reapertura, porque se dieron allí su primer beso.

P. Una pareja de buenos amigos míos periodistas también…

R. ¿Ves? Es la magia del lugar, que se respira de inmediato. Eso no va a cambiar.

P. Pero parte de la magia era el ambiente de juerga pura, de fiesta popular. La gente quiere saber si el Candela seguirá siendo el mismo garito donde tomar copas hasta las 7 de la mañana.

R. Muchas de esas preguntas pueden tener como respuesta ‘sí’, ‘no’ e incluso algo intermedio. Lo único que puedo decir es que el Candela va a ser un lugar de alta calidad. No excluyente, Democrático. Con mucho cariño y amor por la música y respetando el género flamenco. Estamos en una etapa de documentación de todo o que ocurrió ahí, para hacer las cosas como a nosotros nos gusta hacerlo. Es una fase de observación, para ver cómo en el Madrid de hoy se puede volver a insertar el Candela. Nos interesa mucho observar. Tenemos la deformación, por ser argentinos de ser muy creyentes en el mundo del psicoanálisis y de cuestionarnos siempre. Y por eso la fase de observación es tan importante. El Candela funcionaba hasta altas horas; en nuestro caso, lo que buscamos es convertirlo en un referente cultural. De flamenco, pero también de otras disciplinas. Lo que queremos es que puedan expresarse los músicos con su talento en un lugar pequeño. En un lugar en el que estuvieron los más grandes grabaron discos y se montaron bandas. Eso queremos hacer, pero adaptado a los tiempos de hoy.

P. Y para ello, ¿se están asesorando con profesionales del flamenco?

R. Estoy conversando con toda la gente que quiera conversar. Con algunos de mucho renombre, gente muy importante, gente que ha ganado Grammys, gente de la cultura… Antes de tomar decisiones, me gusta informarme. Ahora conversamos con gente a la que le interese.

P. Aún no ha abierto sus puertas y ya hay algunas reticencias. Hay quien dice que el Candela se lo está quedando gente que no tiene experiencia en el sector de la noche.

R. Yo les diría que, hace 4 años, nuestro grupo tampoco tenía experiencia en el mundo de la hostelería. Ahora tenemos 7 restaurantes repartidos por dos continentes. Uno de ellos, en un país muy complejo y con un 120% de inflación anual. A nosotros, lo que nos gusta, es poder integrar y ser editores de temas que nos apasionan y convertirlos en viable. Es cierto que no manejamos ningún lugar de ocio, pero como otras muchas aventuras que hemos emprendido, en la que no teníamos experiencia y ahora atenemos mucho éxito. Con toda la humildad lo digo, pero es que nosotros funcionamos a base de trabajo, trabajo y trabajo. No le tenemos miedo al fracaso. Mira, la colectividad judía está muy vinculada a la gitana. Y hay una palabra en yiddish que es ‘chutzpa’. Se refiere a cuando uno va por un camino y de repente no puede seguir por ahí, tiene que buscar otro camino. El Candela es un lugar que va a integrar y potenciar. Ha sido un referente en la cultura en Madrid y es lo que queremos preservar.

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P. Otra de las dudas que surgen es saber si, haciendo un paralelismo con los barrios, el Candela se va a gentrificar. Si va a pasar de ser un lugar de expresión popular, a convertirse en un garito de moda en el que van a cobrar los gintonics a 15 euros…R. No, las modas no me interesan nada. Y, como te comentaba, lo primero que voy a hacer en el Candela es no hacer absolutamente nada. El lugar va a conservar su simpleza, su identidad y su legado en las paredes. Con esta nueva gestión, con nuestra personalidad y respetando lo que hizo Miguel, vamos a hacer un nuevo camino para el Candela. Siempre respetando la calidad, eso es lo que tenemos claro.

P. Pero asume desde ya que surgirán nostálgicos diciendo aquello de “El Candela ya no es lo que era”…

R. Si me hablas de nostalgia, los argentinos podemos sentar cátedra de nostalgia. A la gente que venga y diga “este ya no es el Candela de antes” le puedo dar un curso gigantesco. A Astor Piazzola le decían que su música no era tango. A Paco de Lucía o Camarón les decían que la música que hacían lo que hacían no era flamenco. Hay que dejar que la gente que viene a salvar un lugar, que se exprese. Denos la chance, y luego que la gente decida. Sólo hay dos que van a decidir: los cantaores y bailaores que vengan a expresarse, y el público. Nosotros somos simplemente editores de la voluntad de la gente, que son los que decidirán. El gatopardismo, de cambiar para no cambiar nada, lo de cambiar manteniendo las esencias. El camino del medio. Por ahí andaremos. Y Madrid ahora, capital de Europa, con la gran dosis cultural que tiene, es el lugar ideal. Hay que escuchar lo que están haciendo músicos españoles extraordinarios como Tangana o Rosalía, que están experimentando con el flamenco y lo están haciendo bien.

P. ¿Cuál es la hoja de ruta?

R. Ahora hay que acabar esta fase de archivo, por respeto al legado del Candela. Luego crearemos una junta creativa, cuyos nombres no voy a decir para que nadie se ofenda. Con ese board creativo, vamos a pensar y decidir cómo terminar este proyecto. Ahora lo importante es que el Candela ha sido salvado, no se cambia y está abierto a escuchar a mucha gente. Tanto en los relatos que tiene la gente, como en lo que les gustaría que fuese.

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P. Denos al menos algún plazo

R. Sé que hay gente esperando, pero nos interesa hacer bien las cosas y no tenemos apuro. Hemos salvado el lugar precisamente para que nadie nos apure. En los próximos meses habrá novedades.  

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