PRISIÓN DE LOS COVENANTS | El primer campo de concentración de la historia estuvo en Escocia y ahora es un cementerio prohibido



Hay pocos lugares en el mundo que se parezcan a Edimburgo. La capital de Escocia es sinónimo de frío, de nubes, de humedad. Pero, pese a la casi perenne lluvia, su cielo encapotado también exhala una luz que no se puede comparar a ninguna otra. Es casi fantasmal. Edimburgo es oscura por su clima, pero también por sus leyendas. Es tenebrosa por su contenido y por su continente. Esa mitología que suena a gaitas y tambores, sabe a whisky y huele a ‘haggis’ alcanza su éxtasis en la ciudad donde los habitantes conviven con mil cementerios, donde la cultura de la muerte huye de tabúes para erigirse como una parte más de la vida. Los ‘kelpies’, las ‘selkies’ o los ‘redcaps’ inspiran temor y respeto a partes iguales tanto a los locales como a los foráneos, pero ningún lugar hiela la sangre del mismo modo que la prisión de los Covenanters. La que muchos consideran que fue el primer campo de concentración de la historia hoy es un cementerio con una actividad paranormal desbocada. Tanto así que está prohibida la entrada.

El camposanto de Greyfriars es uno de los lugares más visitados de la urbe de las siete colinas. Situado en pleno centro histórico, muchas de sus lápidas tienen las inscripciones casi borradas por la erosión del implacable clima escocés, que no da tregua ni siquiera en verano. Otras son casi contemporáneas, tanto que parece que hayan sido colocadas ayer mismo. En los últimos años se ha convertido en destino casi obligatorio para los acérrimos seguidores de la saga ‘Harry Potter’ porque allí se encuentran enterrados hombres y mujeres del mismo nombre que algunos de los personajes de la historia que J. K. Rowling concibió, en parte, entre esos muros.

Pese a su mística, los sepulcros de Tom Riddell o William McGonagall pasan casi desapercibidos para los amantes de lo paranormal, que centran su atención en otra parte del cementerio. En la zona más alta, junto al famoso Mausoleo Negro, hay una valla cerrada a cal y canto con un gran candado en el que asoma el óxido. No es raro ver grupos de turistas a las puertas, muchos escuchando atentos las explicaciones de historiadores y guías, pero encontrar a alguien dentro es tremendamente excepcional. Se trata de la prisión de los Covenanters, un lugar estrechamente ligado a la historia de Escocia.

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“En 1679, unos 1.200 covenanters -así se llamaba a aquellas personas que luchaban por mantener el presbiterianismo como religión y rechazaban así que el rey se situara en la cabeza de la Iglesia- fueron atrapados en la batalla de Bothwell Brigg y, como represalia, los encerraron en este solar. Era el único con capacidad para albergar a tanta gente”. Así lo explica Marta Sanz, guía turística, creadora de Tu Guía en Escocia. Todos fallecieron en la horca, pero antes bajaron al mismísimo infierno.

Pese a la opinión de otros colegas, ella rechaza que este se trate del primer campo de concentración de la historia (“podemos encontrar multitud de casos de gente encerrada en parecidas circunstancias”, afirma), pero no por ello deja de recordar las “condiciones atroces” en las que malvivieron los encarcelados. Pasaron meses en celdas sin techo, a la intemperie, tratando de sobrevivir a las temperaturas gélidas que se dan en el país cuando el invierno asoma. “Apenas comían y bebían, estaban sometidos a torturas para que confesaran y se delatasen unos a otros”, apunta.

ARAÑAZOS DESDE EL MÁS ALLÁ

Aunque no muchos conocen su origen, sí que es difícil hallar a alguien en Edimburgo que desconozca los sucesos inexplicables que se dieron en este lugar. “Escocia y lo paranormal van de la mano”, recuerda Marta Sanz. Según los gestores de la prisión de los Covenanters, se han documentado 3.000 casos de visitantes y curiosos que presentaban arañazos o golpes tras internarse en esta localización. “También se suele explicar la historia del misterioso fallecimiento del padre Collins, el cura que intentó exorcizar este recinto. Se dice que el causante de su muerte fue el espíritu de George Mackenzie, también conocido como ‘Bloody Mackenzie’. Era el encargado de hacer cumplir la voluntad del Rey y, por tanto, responsable de lo que le ocurrió a los covenanters”, explica.

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‘Bloody Mackenzie’ es otro de los nombres propios de este camposanto. En el mausoleo en el que está enterrado (el Mausoleo Negro, mencionado anteriormente) tuvo lugar otro de los episodios aterradores que, según las leyendas, sería obra de espíritus malignos. Aunque nadie se pone de acuerdo para fijar una fecha exacta, habría ocurrido entre 1998 y 1999. “Una persona sin hogar buscó refugio allí durante la noche, con la mala suerte de que, en mitad de la noche, el suelo cedió y cayó al piso inferior, donde se encontró rodeado de ataúdes. Aseguró que en un intento de salir, dos manos lo agarraron y empezaron a tirar de él. Nadie le creyó, pero se cree que entonces el alma de Mackenzie despertó y ahora atormenta a todo aquel que pasa por ahí”. Hoy en día, todos los turistas se acercan a la cerradura de su puerta para tratar de ver algo en su oscuro interior, pero (los más afortunados) solo reciben el eco de sus voces. Los más valientes pueden entrar contratando un tour privado.

Otras criaturas del folklore escocés

Kelpies‘: Bestias con forma de caballo y con la fuerza de diez de ellos, se dice que les gusta atraer a los viajeros hacia el agua para ahogarles.

Selkies‘: Son focas con la capacidad de convertirse en humanos. En concreto, en bellas mujeres. Su mística tiene mucho de sirenas, ya que también tratan de encandilar a pescadores y marineros.

Redcups‘: Los fantasmas del gorro rojo tienen todos los dientes en forma de colmillos y botas de hierro. Esperan agazapados a los turistas para matarlos y teñir con su sangre su sombrero.

UN PERMISO ESPECIAL

Sea verdad lo que se cuenta o aunque se trate de meras historias que se han agrandado con el boca a boca, lo cierto es que los responsables han limitado el acceso a esta zona. Una versión es que las autoridades adoptaron esta medida porque no quieren oír hablar de marcas ni heridas provocadas por aquellos que moran en el más allá. Pero, como suele ocurrir, la realidad tiene una explicación más práctica. “Lo más probable, según el Ayuntamiento de Edimburgo, es que se cerrara para evitar actos de vandalismo y que se utilizase como espacio para consumo de drogas o para que los vagabundos pasasen la noche”, subraya Marta Sanz, pero también expresa sus dudas acerca de esta explicación: “En otros cementerios de la zona centro hay zonas que se usan para estos fines y no las cierran. Es más, están abiertos las 24 horas”. Los camposantos son parte de la idiosincrasia de la ciudad, al igual que del resto del país.

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En este caso, las barreras se pueden superar con unas pocas monedas: pagando cinco libras en la iglesia sita dentro de Greyfriars, un templo que, como curiosidad, es uno de los pocos del país que continúa oficiando misa en gaélico. Y es que lo paranormal es uno de los grandes atractivos de Edimburgo y la ciudad ha sacado partido de ello. La oferta para contratar paseos nocturnos para conocer sus leyendas y sus rincones con peor reputación es casi infinita.

“Viendo el espacio no te creerías que tiene un pasado tan truculento. La prisión de los Covenanters siempre atrae, ya sea para que los escépticos pongan en duda lo que el guía les explica o para que los curiosos, o los que sí creen, quieran saber más de lo que sucede aquí. Incluso hay quien se anima a compartir sus propias experiencias paranormales”, concluye Marta Sanz. Eso sí, pese a que ningún guía ha logrado el testimonio en primera persona de los que fueron “atacados” por fuerzas incorpóreas, la mayoría sigue prefiriendo ver el interior tras la barrera.

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