‘Pretty Woman’: cómo la sórdida historia de una prostituta se convirtió en el cuento de la Cenicienta



Así reza la publicidad del musical inspirado en el filme Pretty Womanestrenado en Broadway en 2018 y que será representado en un teatro de Madrid a partir del próximo 26 de septiembre: “¡Bienvenidos a Hollywood! ¿Cuál es su sueño? ¡Todos necesitamos un sueño! Algunos se convierten en realidad y otros no. ¡Sigan soñando!”

De eso trataba la exitosa película de 1990 dirigida por Garry Marshall, hermano de la también cineasta Penny Marshall; Garry falleció en 2016 y su hermana en 2018. Pretty Woman, tal como la conocemos, es un moderno cuento de hadas, inspirado por igual en La cenicienta y Rapunzel, en el que una joven prostituta de Los Ángeles vive días de ensueño con su acaudalado cliente. 

Edward Lewis es rico y apuesto: Richard Gere. Tiene mucho dinero, así que, durante su estancia de unos días en Los Ángeles, decide pagarle una pequeña fortuna a una prostituta para que la acompañe durante unos días a una serie de eventos sociales. 

Vivian Ward es joven, más ingenua que idealista, algo vulgar: Julia Roberts. Acepta la transacción por 3.000 dólares y que Lewis le compre joyas y ropa cara. “Es Hollywood, y todos necesitamos un sueño”, se nos dice, y el de la Cenicienta Vivian es enamorarse de su príncipe azul con piel de magnate. 

Los sueños en este tipo de películas se convierten siempre en realidad. Por supuesto, la vulgar Vivian se transforma en dulce compañera que, además, influye tanto en Edward que este deja de ser un tiburón de los negocios para convertirse en un tipo amable y educado. No hay happy end mejor. Hoy, quien lo desee, puede realizar una relectura feminista en esta mutación de la mujer objeto en chica proactiva que alcanza la meta de su vida.

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La política de género es escurridiza en esta fantasía tan sexy como edulcorada. Como apunta la crítica de cine Karina Longworth en su podcast You Must Remember This, a partir de Pretty Woman Roberts empezó a ser considerada la mujer más rentable en el negocio del cine y un absoluto icono de la nueva feminidad de los 90, mezclando todo ello con su tendencia a interpretar anti-heroínas románticas. Una fórmula explosiva.

Roberts imponía un nuevo tipo de erotismo, entre callejero y glamuroso. Era casi una desconocida, solo la avalaban dos papeles en filmes corales, Mystic Pizza (1988) y Magnolias de acero (1989). Pretty Woman significó un punto de inflexión. Al éxito comercial se unió una nominación al Oscar y el estrellato en las dos décadas siguientes con personajes que modelan distintas sexualidades: la esposa maltratada de Durmiendo con su enemigo, la chica que no se atreve con el compromiso amoroso en La boda de mi mejor amigo, la estrella estadounidense seducida por la bohemia de un librero londinense en Notting Hill, la mujer liberada de Ocean’s Eleven o la que practica los juegos eróticos de Closer… Algunos de estos filmes siguen siendo cuentos de hadas.

La carrera de Gere había languidecido un poco, pero seguía siendo el gran mito erótico masculino de aquel Hollywood, una imagen cultivada en su forma canalla con Buscando al señor Goodbar, American Gigolo, Oficial y caballero y Vivir sin aliento. Ni él fue el primer candidato –Marshall no lo quería y prefería a Al Pacino, que hizo las audiciones, o Daniel Day-Lewis– ni Roberts la primera elección para el papel: Molly Ringwald, Michelle Pfeiffer, Meg Ryan, Daryl Hannah, Jennifer Jason Leigh, Jodie Foster, Uma Thurman y Drew Barrymore fueron otras candidatas. Pocas similitudes entre ellas y ningún parecido con la finalmente escogida.

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Pero todo esto podría no haber sido así. El proyecto original, fechado en 1987, tenía muy poco de comedia romántica. Su título era Three Thousand, los 3.000 dólares que cobra Vivian de Edward: parece ser que Disney, cuando entró en la distribución, pensó que este título podía hacer pensar al público que se trataba de… ¡una película de ciencia ficción! Pagaron por los derechos de la canción de Roy Orbison Oh, Pretty Woman y lo cambiaron.

El proyecto inicial era un drama crudo protagonizado por una prostituta barata de un sórdido Hollywood Boulevard. En una secuencia nunca rodada, Vivian explica a Edward que toma todas las precauciones y es muy consciente de las enfermedades sexuales. El final no era el de un cuento de hadas: Edward deja a Vivian en un callejón, le arroja el dinero encima y se marcha. Nada pues de uno de los eslóganes con que se promocionó Pretty Woman: “Salió de la calle, entró en su vida y le robó el corazón”.

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