¿Podrá la IA escribir mejores ‘best-sellers’ que los autores actuales?



Lo que se desprende de las ponencias que la edición 2023 del Forum Edita ha dedicado al tsunami que se está produciendo en la creación de contenidos por parte de la inteligencia artificial (mal llamadas así porque ni son inteligentes ni artificiales) es que el avance nos ha pillado con el pie cambiado y quizá poco preparados para su avance imparable. Las jornadas que se celebran en la Universitat Pompeu i Fabra de Barcelona hasta este miércoles ha reunido a distintos especialistas en la materia desde diversas perspectivas pero mayoritariamente alrededor de cómo esta nueva, o no tan nueva, tecnología (porque solo ha ampliado su capacidad y potencia para combinar datos previos) pueda llegar a transformar el actual modelo de la edición y sus formas de trabajo, amén de lo que supone para la creación y los sacrosantos derechos de autor. 

Abrió el fuego el escritor Jorge Carrión, quien a pesar de tener varios trabajos de análisis sobre el tema y haberse valido del chat GPT como instrumento, ha decidido replegarse en el futuro en un tipo de creación más artesana y analógica, lo que no invalida, según su opinión, el potencial que a IA tiene como herramienta creativa. Un ejemplo, un novelista puede seleccionar previamente las características de un personaje y pedir que cree todo un background para el mismo que le sirva a la hora de escribir. “Esto no es muy distinto a lo que hacía Juan Goytisolo cuando apenas adolescente recortaba fotografías de las revistas para crear los caracteres de sus historias”. Más reticente se muestra Carrión sobre la capacidad imaginativa de la IA -imaginación no es algo que se le pueda presuponer a un mecanismo que se rige a partir de un entrenamiento y una combinatoria de datos previos- y quizá ahora no sea el momento pero es posible que en un futuro no muy lejano, según Carrión y sin dar nombres, las máquinas sean capaces de “escribir libros mejores que algunos escritores de best-sellers” y jubilar “al 90% de los autores que trabajan con estructuras marcadas”. 

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Dos escrituras a elegir

¿Cómo influirá la IA en la industria de la edición? De muchas y variadas maneras, pero parece muy probable que trabajos como el de la traducción, especialmente la traducción técnica, no así la literaria, vengan acompañados de la ayuda de la máquina. “Hoy en día no se paga lo mismo una traducción en la que se utilizado como base la IA que una digamos original”, afirma Carrión. Para él, sin embargo, la creación de contenidos por la IA y la creación tradicional van a tener una larga convivencia porque “el libro de papel y el profesor son imbatibles”.

La aproximación más técnica al tema la aportó el ingeniero informático Josep Maria Ganyet, secundado por Javier Aparicio, uno de los directores del Forum. Ganyet recordó a aquellos que se dejan llevar por fantasmas apocalípticos la célebre frase del malogrado Alan Turing: “No es lo mismo tener inteligencia que tener un comportamiento inteligente”, lo que indicaría que las máquinas son competentes pero no inteligentes y desde luego su saber, digámoslo así, poco tiene que ver con la magia. “Pueden ser creativas porque saben copiar, combinar la información y transformarla, pero les falta algo muy humano que son los objetivos”. Cómo resumió Pablo Picasso en un tiempo pretecnológico: “los ordenadores no saben hacer preguntas” o lo que es lo mismo, la inteligencia artificial es una máquina de ingeniería y no un ser pensante.

Necesidad de una ética y de una legislación

Frente a temerosos y agoreros, Ganyet postula una ética que controle toda la cadena de valor de la creación de contenidos artificiales que deben ser validados por personas, ética que tuvo su concreción en la declaración de Barcelona del 2017, creada en el marco del International Center for Scientific Debate en la que se pidió prudencia, fiabilidad y responsabilidad de las empresas e instituciones. 

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Otro de los grandes problemas no resueltos hasta el momento es el asunto del copyright. La normativa utilizada hasta el momento no podía prever el gran potencial de los actuales modelos generativos de contenidos que no son un mero corta y pega sino que utilizan datos curados, es decir seleccionados y validados para que puedan ser usados por los algoritmos. El gran problema es que en la actualidad existe barra libre respecto a esos datos originales y se da la paradoja de que los contenidos informáticos están compitiendo con los humanos por lo que se necesita una legislación, todavía no concretada, para conseguir derechos de autor respecto a esos datos primigenios. En esa dirección de propiedad intelectual circularon las aportaciones del eurodiputado Ibán García del Blanco, uno de los políticos europeos que más está trabajando sobre el tema, quien constata que en estos momentos Europa lidera la defensa de estos derechos frente a unos Estados Unidos más laxos. No hay más que apreciar que una de las reivindicaciones de la huelga de los actores de Hollywood se refiere a legislar la utilización de sus imágenes por parte de la IA.

Jorge Corrales, director general del Centro Español de Derechos Reprográficos (CEDRO), insisitió en la necesidad de negociación y autorización por parte de la IA de los datos originales, así como la diferenciación de los contenidos creados por máquinas o por humanos. Además advirtió del sesgo y el empobrecimiento que supone el hecho de que sea únicamente el inglés el idioma utilizado para entrenar los sistemas de IA. 

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