Nerea Barros: “¿Cómo asume una madre que su hijo es un psicópata?”



Nerea Barros (Santiago de Compostela, A Coruña, 1981.) tiene una profundidad en la mirada que le permite abordar personajes con mucha intensidad emocional. Es el caso de esa inspectora que busca desesperadamente a su hijo desaparecido que protagoniza La novia gitana y que en La Red Púrpura, la adaptación de la segunda novela de los Carmen Mola, que emite actualmente Atresplayer lo encontrará, pero de la peor manera: metido en una organización de vídeos snuff. Un horror que ha disfrutado. Como actriz, claro.

P. ¿Cómo ha sido volver a meterse en el universo iniciado por La novia gitana?

R. Algo positivísimo que está en esta segunda parte es que ahora la trama no está fuera de la BAC, como en la primera, que solo investigaba el caso, lo que hace que se desarrollen mucho más cada uno de los personajes. Entonces tú, como espectador, empiezas a empatizar. Porque en la primera te costó una barbaridad con Elena, ya que es la antiprotagonista. Y más siendo una mujer. Un hombre tan cerrado sería como: qué guapo es, mira qué intenso, qué pa’ dentro, pero que una mujer no sonría, que esté todo el rato contenida, es algo muy extraño que te genera como una especie de rechazo hasta que vas entendiendo lo que le pasa.

P. Así de triste.

R. En esta temporada hay una evolución absoluta. Elena se rompe, se desestructura con mucha más facilidad, porque los acontecimientos que ocurren la modifican continuamente. Y la BAC se revela. Empiezas a entender quién es cada personaje, porque a todos les pasan cosas. Yo he hablado mucho con Lucía (Martín Abello), con Mona (Martínez), para intentar buscarle organicidad a cada cosa. El porqué de esta locura, qué le ha pasado a este personaje para llegar hasta ahí.  

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P. La mayoría ya se conocían, y al equipo, con lo que ya tenían parte del trabajo hecho.

R. Sí. Pocas veces me ha pasado lo que aquí: tan implicados todos. El equipo era muy fan de lo que pasaba. No veías a gente bostezando, que suele pasar y que yo lo entiendo, porque los técnicos son humanos y no pueden estar siempre ahí. Y veías a gente emocionada contigo. Ahí hay algo muy bonito de familia. A pesar de contar las barbaridades que contamos.

P. Esta temporada es más dura aún para su personaje. Por fin encuentra a su hijo, pero convertido en un monstruo. ¿Sería mejor que hubiera muerto?

R. Es delicado. ¿Cómo afrontas eso? Yo muchas veces a Paco (Cabezas) le decía: “No sé lo que va a pasar en esta secuencia”. Muchos momentos tenía que afrontar cosas que no podía ni imaginar. Tengo un trabajo hecho, un guion, pero no sé qué va a pasar dentro de mí cuando esté en la secuencia. Eso me ha pasado un montón de veces, porque, Elena busca a su hijo y es una desesperación de ocho años, una barbaridad, en los que va creciendo y de repente lo encuentras y ya no es tu hijo. Además de otras cosas, hay una parte muy importante de eso. Elena descubre que su hijo puede ser un psicópata y un asesino. ¿Cómo lo asume una madre y cómo coloca eso? 

“Que una mujer no sonría, que esté todo el rato contenida, te genera una especie de rechazo”

P. Cuesta comprender que los hijos no siempre hacen lo que haría uno. 

R. Sobre todo si lo han raptado.

P. Claro. Pero puede pasar en cualquier familia. Es el caso de Rodolfo Sancho con su hijo, Daniel… Es algo muy actual. Como lo es que los niños aprenden sobre el sexo viendo imágenes pornográficas en internet.

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R. Ya lo han aprendido. Si a eso le sumas que lo que ves normal y cotidiano algo así, todos se tergiversa y se enreda mucho más. Y yo creo que en La Red Púrpura se cuenta muy bien, cómo con todo lo que les está pasando los hijos se distancian. Hay una pérdida. Y están formándose para ser el ser humano consciente que va a ser después, Entonces los padres se pierden por el estrés, con lo que los hijos se quedan con lo tienen a mano, que es internet y las pantallas. Y por ahí ven cualquier cosa. Y luego nos preguntamos: “¿Por qué me ha pasado? ¿Por qué hay tan poca empatía?” El problema del mundo es que cada vez hay menos empatía y ahora mismo somos capaces de ver un asesinato y nos parece una cosa supernormal. Hay algo que no está bien en nuestro cerebro. 

P. Y eso lo cuenta la serie con una historia que atrapa.

R. Es un thriller, tiene una calidad de la leche a nivel visual, es espectacular, te entretiene, te engancha, pero por debajo hay un trabajo superfuerte de cada uno de los actores con Paco de por qué estamos haciendo esto y cómo lo llevamos, que en teoría se podría disfrazar de algo mucho más superficial, a una cosa más profunda. Y por eso se convierte en una metáfora de la actualidad que nos sorprende. Como dice Paco, Elena Blanco ha perdido a su hijo como nosotros hemos perdido a los nuestros y no sabemos ni siquiera que los hemos perdido hasta que no aparece algo que supera a la ficción.  

“Los padres se pierden por el estrés y los hijos se quedan con internet y las pantallas”

P. Tratando temas tan duros, ¿cómo se logra desconectar?

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R. Con deporte. Sí que es cierto que no tenía mucho tiempo para hacer los que me gustan, que es ir al bar, pero sí que me iba con mi monopatín a veces al rodaje. No obstante, yo me siento una privilegiada. Estamos muy orgullosos. 

P. ¿Ya no hay límite entre las películas y las series? 

R. Por eso hablo del privilegio. Una película se acaba. Aquí puedes disfrutar haciendo una peli. Peli, peli, peli, parón y más peli.

P. Y también del privilegio de ensayar.

R. Paco al principio revolucionó todo porque trabajamos mucho los personajes antes con lo que queremos contar, pero él ensaya en rodaje. Y es una maravilla. A mí, con mi forma de trabajar me viene fantástico. Si coloco el texto antes, se agarra a unos lugares que son de memoria, no de memoria emocional. En cambio, si estoy en una silla, viene no sé quién, me toca… me genera un intercambio de energías. Entonces ir con Paco una hora antes, aunque sean las cuatro o las cinco de la mañana, y tener ese espacio… Yo traigo una propuesta, Paco, la suya, y hay una improvisación. Todo es orgánico. Y hay mucha verdad. Hay un viaje, un tránsito en esa secuencia maravillosa. Además, con Paco jamás he llegado a una secuencia y hay una marca. Nunca. Primero vemos el espacio y qué queremos hacer ahí, lo sentimos y, cuando lo tenemos claro, entra el director de foto y nos empieza a hablar de luz.

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P. No es habitual, ¿cierto?

R. No. Muchas veces están haciendo todo por la luz. Aquí nunca ha pasado eso. Por eso yo creo que también ahí hay algo tan potente por debajo, porque esa forma de trabajar hace que eso surja así. 

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