‘Nada’: visita a la cocina porteña de la mano de De Niro



Boludo y pelotudo no son lo mismo, para nada. En Argentina se sirven de ambas palabras para señalar la estupidez del aludido, pero no indistintamente. Si boludo puede usarse de forma “suave y amigable”, incluso cariñosa, pelotudo es inconfundiblemente hostil; “también significa que tienes los testículos grandes y pesados, pero claramente es mucho más agresiva. Ya el sonido es mucho más brusco: pe-lo-tu-do”. La concisa aclaración compone uno de los momentos más memorables de Nada, el nuevo trabajo de los argentinos Mariano Cohn y Gastón Duprat, y el encargado de ofrecerla con toda seriedad frente a la cámara es, sorpresa, Robert De Niro.  

“Cuando le ofrecimos el papel no teníamos muchas esperanzas de que aceptara; si en 60 años de carrera nunca había aceptado hacer televisión en su propio país, ¿por qué iba de repente a querer hacer televisión en el nuestro?”, recuerda Cohn acerca de la chocante presencia del neoyorquino en la serie, que acaba de estrenarse en Disney+. “Logramos que leyera el guion y le gustó; luego vio nuestras películas y le gustaron, y entonces empezó un proceso de discusiones, viajes y ensayos que culminaron en 10 días intensísimos de rodaje”.

De Niro ejerce de narrador omnisciente de Nada, y se sirve de esa condición no solo para explicar insultos locales como los arriba citados -o como la expresión “andate a la concha de la lora”, cuya adaptación al castellano podría ser “vete a la mierda”- sino también para ofrecer apuntes sobre las particularidades de Buenos Aires y el carácter porteño. También interpreta a uno de sus personajes secundarios.

La serie se compone de cinco episodios, y no es causal que cada uno de ellos lleve por título un dicho popular argentino relacionado con la comida -como Tirar manteca al techo, que es derrochar con ostentación, o Comerse un garrón, que es pasar por un momento bochornoso-; tras haber hecho sátira a costa del mundo de la arquitectura y el diseño -en El hombre de al lado (2009)-, de los círculos literarios -en El ciudadano ilustre (2016)- y de la industria del cine -en Competencia oficial (2021)-, ahora Cohn y Duprat se adentran en otra parcela del ámbito de la cultura y el arte: la gastronomía y quienes escriben acerca de ella. “Los críticos culinarios son una raza en extinción, y por eso nos interesó centrar Nada en uno”, explica Duprat. “Es un tipo que disfruta haciendo alarde de su sarcasmo y sus conocimientos, y por tanto escribe reseñas negativas muy floridas”. En uno de sus primeros diálogos, en efecto, el personaje compara una reducción de maracuyá con “un delito de lesa humanidad”. 

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Se trata de Manuel Tamayo Prats (Luis Brandoni), un octogenario irascible, intolerante y bastante caradura, demasiado acostumbrado a que le hagan la pelota -y le inviten a comer- por gratitud o por temor como para ser capaz de asumir su propia obsolescencia. El primer episodio de la serie se resuelve con la muerte de la mujer que lo cuida, le cocina y ejerce prácticamente de madre para él, y a partir de entonces Tamayo debe aprender no solo a enfrentarse por sí solo a retos como poner una lavadora o manejar un teléfono móvil sino, comenta Cohn, “a abrirse al mundo y tomar conciencia de todas las cosas acerca de las que está equivocado”; entre quienes lo acompañan en el proceso se encuentra uno de sus pocos amigos, el célebre escritor al que encarna De Niro. 

Mala baba

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El protagonista de Nada, dicho de otro modo, es otro de los intelectuales esnobs y neuróticos que Cohn y Duprat llevan convirtiendo en objetivo de su humor vitriólico desde su primer largometraje, El artista (2008). En esta ocasión, eso sí, los directores han atemperado la mala baba. La mirada que le dedican al personaje es mucho más afectuosa y compasiva de lo habitual en ellos, quizá porque en parte lo usan como metáfora de toda una ciudad. “Como él, Buenos Aires también está en declive, ha perdido el esplendor y la sofisticación cultural de antaño”, lamenta Duprat. “Pero la amamos con locura, y creo que nunca había lucido tan atractiva como lo hace en nuestra serie”.

Por supuesto, buena parte de ese retrato está dedicada a la milanesa con puré, el bife de chorizo a caballo, el lomo Clark’s en camisa, la milanesa con puré, los panqueques con dulce de leche, los tallarines tuco y pesto y otros platos que ejemplifican lo que en Nada se define como “la desfachatez” de la cocina porteña. “Podría decirse que nuestra gastronomía se basa en la apropiación de elementos procedentes de Italia y España, pero también es cierto que mezclando esos ingredientes hemos logrado una identidad culinaria propia”, indica Cohn, que durante el rodaje fue testigo del ahínco con el que De Niro exploraba esa identidad. “Nos dijo que cuando volviera a Nueva York se pasaría un mes sin comer”.

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