Miguel Bosé, sobre su nueva docuserie: “Todo lo que se ha dicho que no se parezca a esto es mentira”



Tras casi 50 años de carrera plagada de éxitos, lo que le hizo adquirir la categoría de icono, todo el mundo creía conocerlo muy bien, pero Miguel Bosé (Ciudad de Panamá, 1956) ha resultado ser un gran desconocido. Ahora, cuando ha sentido la necesidad de deshacerse de su pasado, de desmontarlo, de deconstruirlo para iniciar una nueva etapa, ha decidido compartir sus recuerdos, ya sea en forma de libros; de serie de ficción, Bosé (SkyShowtime), ­o de Bosé Renacido, una serie documental original de Movistar Plus+ en colaboración con Shine Iberia, que estrenará la plataforma el 5 de septiembre y en el que lo cuenta todo en primera persona. Será un “bombazo”, avisa.

EL cantante habló con El Periódico vía Zoom desde su domicilio mexicano justo un día antes de que 10 hombres armados entraran a atracarle.

P. Dice que lleva a una mochila a la espalda con recuerdos de los que quiere desprenderse. Y que la mejor manera es compartirlos para sanar. ¿Viene a ser un acto purificador, como cuando se tira a la hoguera objetos que causan demasiado dolor?

R. La mejor manera es abrir las puertas para que vuelen. Pero, antes, hay que decirles: “Gracias por todo lo que me habéis dado, por lo que me habéis enseñado. Quedáis libres y quedo libre”. Esto parte de un proceso que empecé hace unos años por el cual me di cuenta de que si quería pasar a cosas importantes, crecer mucho –no seguir creciendo, sino crecer mucho más– y desarrollar los proyectos que tenía entre manos debía crear espacio. El pasado ocupaba mucho y pesaba muchísimo. Ya había tenido su cometido, con lo cual agarré y creé un plan donde había pasos para ir soltándolo.

https://www.youtube.com/watch?v=pLvUvXsSE94

P. ¿Un plan, dice?

R. Sí. El primer libro, El hijo del Capitán Trueno; después la serie, Bosé; después el otro libro, Historia secreta de mis canciones; después el documental, también el programa de televisión… He ido creando cosas para que la gente fuera recibiendo este Bosé. Para que la gente fuera conociendo a este Bosé. En El hijo del Capitán Trueno era la infancia, el Bosé desde el principio. Porque ese libro cuenta las raíces más profundas, las que no se conocen, el niño y el adolescente, que es donde se cuaja Bosé y le suceden cosas que le marcan. Ese proyecto que fabriqué, que empecé hace tres años, sigue y seguirá. Pero primero tenía que crear espacio, porque ya no lo había. Era una existencia oscura, llena de rendijas tapadas y claustrofóbica. 

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P. En el documental también aborda esa etapa de la infancia y adolescencia y dice: “Había que hacer lo que fuera para sobrevivir a esos monstruos. No era una familia, era una trampa”. ¿Ha superado del todo el rencor hacia sus padres?

R. Si lees el libro El hijo del Capitán Trueno te das cuenta de que no hay rencor. Nunca lo hubiese escrito si no me hubiese reconciliado con los recuerdos y hubiese apaciguado esas cosas. Y, a partir de ahí, esa pieza fue muy clave, porque me permitió soltarme y darme cuenta de que nada es tan importante. Y que las cosas pasan porque tienen que pasar y que son las que te han tocado. Y que lo importante es haberlo solucionado y tener esa constancia en el querer ser pasase lo que pasase. De niño no tenía más armas, porque no tenía casi entendimiento para comprender lo que me estaba ocurriendo. Me llegaban las hostias, las bofetadas, por todos lados. Este padre que me rechazaba, que no estaba muy orgulloso de mí, y esta madre durísima, para la que nada estaba bien. En fin, esa soledad inmensa en este mundo donde todo parecía tan bello, tan grande y, a la vez, tan falso. Tan efímero todo…

P. Ha hecho el ejercicio de superarlo, vamos…

R. No tengo rencor, porque de haberlo tenido no hubiese podido soltar. Y lo solté todo, lo reconocí todo, pedí perdón y me perdoné, que es lo más importante, porque hasta que no te perdonas… Eso que en las series norteamericanas está muy de moda. “Es culpa mía”, dicen. Estos gringos se lo meten en la cabeza para que sientan culpa todos los días. Y no, no tenemos culpa de nada, las cosas pasan, las cosas se solucionan, se hablan, se superan y se sigue para adelante. La historia con mi padre fue fantástica y tuvo un cierre fantástico. Y con mi madre, igual. Y lo que viví con Pablo… En fin, he tenido una vida maravillosa, cruel, dura, rara, desagradecida, privilegiada…      

P. Los cuatro capítulos vienen marcados por cuatro casas: Villa Paz, donde pasó su infancia; la de Somosaguas, en la que vivió con su familia y luego solo, y la actual de México. ¿Es más que un estupendo recurso narrativo? ¿Se puede resumir su vida en esas cuatro etapas?

R. A ver, la parte italiana mía es muy fuerte, entonces tengo tendencia a hacer casas y llenarlas de familias. Estaba Villa Paz, que no era mi casa, pero sí la de mi familia original; luego la primera de Somosaguas, que fue de mi familia y luego mía, con la familia que yo quise, y la de México, que es la residencia de la nueva era.

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P. ¿La respuesta es entonces que sí?

R. Pero he tenido casas en Nueva York, en París, en Milán, en Roma, Panamá, en Badajoz… He tenido tantas casas por todo el mundo, que no te puedes imaginar. Y con ellas llegabas a proyectos, a familias. Familias de música, de refugiados, de perros… Familias de muchos tipos que están ligadas a esas casas, porque estas se convierten en templo de determinados momentos. Y cuando se acaban esos momentos, la casa no tiene sentido. Y pasas a otra. Por eso soy tan nómada. Son proyectos y cuando ese proyecto se acaba, se cierran. Cuando este proyecto de México se acabe, pasaré a otra casa. 

P. Ser tan rompedor, como dice, por ejemplo, Lolita en Bosé Renacido, pese a no ser siempre comprendido, intuyo que es lo mejor que le ha podido pasar. ¿Ser del montón le habría producido urticaria?

R. Era la forma que yo tenía de plantearme la vida, de querer vivirla. Eran modas que se creaban. La mía entró en el glam, en el gay power, que era una explosión en la meca musical de Londres y los jóvenes en ese momento éramos así. Y a partir de esa forma, de esa estética, que es una estética de moda pasajera, se va gestando y se condiciona la vida, el país y la sociedad en la que tú vives. Porque, obviamente, si hubiera crecido en Bélgica o en Rusia hubiese sido diferente. Y eso tiene mucho que ver. Pero es que la familia que tenía era en sí muy rompedora. Mi familia no era convencional ni conformista. Ni mi padre ni mi madre ni mis tíos ni mis primos ni mis abuelos lo fueron. Hay una genética de naturalidad, porque sí es verdad que todo lo que hice en la vida, todo lo que aparecía, todo lo que presentaba o todo lo que era, lo hacía con mucha naturalidad. Porque estaba integrado.

P. En sus intervenciones públicas se caracteriza por su vehemencia y por no tener filtros. ¿Se arrepintió de algo de lo que había contado en Bosé Renacido y pidió que se suprimiera o le sugirió el equipo que mejor no apareciera?

R. (Ríe) Nada. Yo conté superconsciente y haciéndome responsable de todo lo que estaba contando. Y jamás he dicho: “No pongáis esto”. Además, la montadora; Macarena Rey, CEO de Shine Iberia, y el equipo de la productora son muy eficaces y sabían la joya que tenían entre manos. Y de todo lo que se ha hecho: los libros, la serie y el programa de televisión, lo más bombazo es esto.

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P. A diferencia de la serie Bosé, en la que se echaba de menos temas delicados o polémicos, aquí se habla de las consecuencias de su ruptura, de su postura ante el covid y de su pérdida de voz. ¿Había que tratarlos, aunque dolieran? Porque hay un momento en que se rompe...

R. Cuando cuentas algo tú mismo, dices: “Lo que faltaba por contar, ahora te lo cuento yo en primera persona”. Con lo cual todo lo que se ha dicho que no se parezca a esto es mentira. Y lo que yo estoy diciendo, porque he decidido darlo y entregarlo de una vez, para que quede libre y para que vuele, así es. Lo que estás escuchando así fue.

P. En el capítulo final, se muestra como padre entregado y con una imagen casi de marujo. Eso sí, sin renunciar a su creatividad, como ha demostrado en Cover Night, donde volvió a cantar después de años sin hacerlo, y en su colaboración con Rauw Alejandro. No obstante, en el documental dice que quiere matar a Bosé. ¿Este Bosé que dibuja es el Renacido? ¿O solo por el momento?

R. El Bosé Renacido es el que venga después de todo esto. Porque lo que yo entrego es precisamente para desmontarlo y deconstuirlo de alguna manera, porque no había espacio. Al menos yo no lo encontraba. Todo eran lugares comunes, todo me sonaba a algo, todo era un déjà vu, todo era ya vivido, todo eran cosas recurrentes y que, además, no servían para nada. Entonces voy a hacer mudanza. Y lo que haces en una mudanza es tirar, y de lo que queda, que has metido en cajas, cuando llegas a tu destino, vuelves a tirar más cosas. Esa es la operación que he estado haciendo.

P. ¿Espera que esta nueva vida no sea tan intensa como para propiciar otro documental, o que sea como sea y si hace falta otro, se hace?

R. ¡Ay, si yo supiera qué me va a pasar…! No sé qué me pasará…

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P. Pero ¿qué desea?

R. Yo, en este momento, lo que estoy construyendo es muy sólido, muy maduro, muy pensado, muy honesto y sereno. Ahora, ese es el barco con el que salgo a navegar, pero no sé cómo se va a poner el mar.

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