Microencapsulación, la revolución de lo minúsculo se hace fuerte en la cosmética


En todas las sociedades existe una preocupación creciente por el bienestar, encaminada no solo a vivir más años sino, sobre todo, a retrasar los signos del envejecimiento. Llevar una dieta saludable o practicar deporte de forma habitual son objetivos que han subido posiciones en la lista de prioridades de las personas, pero el cuidado de la piel es otra de las rutinas que van calando entre unos consumidores informados y dispuestos a dedicarse tiempo.

Hoy en día, la gran cantidad de tratamientos disponibles en el mercado obliga a las empresas a diferenciarse, bien sea a través del precio o de la apuesta por la investigación, que desemboca en productos novedosos que ofrecen mejores resultados. Para lograr esto último, al sector de la cosmética no le queda otra que innovar, para lo cual se apoya en diversas tecnologías. Una de las que ha ganado popularidad en los últimos años es la microencapsulación, que consiste en introducir sustancias, como pueda ser el retinol, en una matriz para su posterior liberación controlada, protegiéndolas de la reacción con otros compuestos y frenando la oxidación.

La aplicación de esta técnica no es ni mucho menos exclusiva de la industria cosmética, pero sí es uno de los ámbitos en los que más se está utilizando. Ana Valera, project manager en Tecnologías de Microencapsulación del centro tecnológico Ainia, explica que en alimentación es útil para enmascarar sabores y olores desagradables, mejorar la estabilidad de algunos compuestos o mejorar la biodisponibilidad y bioaccesibilidad de los nutrientes, mientras que en cosmética sirve, entre otras cosas, para evitar la oxidación de determinados compuestos.

La experta asegura que, si bien es una tecnología madura, su empleo conlleva un coste que se acaba por repercutir en el precio final del producto, lo que hace que determinados sectores sean más dados a su utilización. «A nadie le gusta que los alimentos sean caros, pero en cosmética el margen económico es un poco más elevado, de modo que la diferencia de coste que puede suponer la microencapsulación de ingredientes se repercute mejor», dice en este sentido. De hecho, tal y como recuerda Valera, hay compañías que tienen artículos con microencapsulación en su portfolio desde hace por lo menos una década.

A nivel general, defiende que España se encuentra bien posicionada en este campo porque «se está haciendo mucha investigación», aunque mientras que en alimentación persiste cierto secretismo, porque, a pesar de que todo se hace acorde a la legislación, los mitos alrededor de la microencapsulación, fruto del desconocimiento, pueden generar reticencias entre los potenciales compradores, en cosmética se publicita abiertamente porque se percibe como chic.

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Este sector, que solo en nuestro país facturó el año pasado 9.250 millones de euros, una cifra récord que supone un 11,3% más que el ejercicio anterior, y un 9,3% por encima de lo registrado en 2019, está dispuesto a exprimir al máximo las posibilidades de la microencapsulación. Gigantes como Elizabeth Arden o Dior han recurrido a esta técnica para sus productos, al igual que importantes laboratorios españoles como Cantabria Labs (cerró el ejercicio pasado con una facturación de 293 millones de euros y prevé alcanzar en 2027 un volumen de negocio global de 500 millones), que ha aplicado esta tecnología en productos para el cuidado del rostro. Y si hablamos de precios aptos para todos los bolsillos, la Perfumería de Mercadona ha puesto a la venta recientemente un sérum facial reparador con microcápsulas. No es de extrañar que el interés vaya en aumento, a la luz del gasto medio que los españoles realizamos en perfumería y cosmética: 185 euros al año por persona, un 9% más que el año previo a la pandemia.

La industria de la alimentación es, junto con la cosmética, una de las que más recurre a esta tecnología

El valor añadido de la microencapsulación es que permite hacer fórmulas más eficaces. «Por un lado, ayuda a estabilizar determinados activos dentro de una microcápsula y, además, suele ser súper útil como método de vehiculización, es decir, facilita que el activo penetre hasta donde tiene que penetrar y que actúe donde queremos que actúe, que normalmente es a nivel celular y en las capas más profundas. La microencapsulación se aplica para muchos activos, como los retinoides o los péptidos», señala Raquel González, cosmetóloga y directora técnica de Perricone MD, para quien esta tecnología no obedece a modas, sino que es una manera de mejorar la eficacia de los cosméticos. Uno de los tratamientos de la firma americana, fundada en 1997 de la mano del dermatólogo Nicholas Perricone, trabaja con un sistema de entrega que personaliza los activos según la necesidad de cada piel.

Imagen - «La microencapsulación se aplica para muchos activos, como los retinoides o los péptidos»

«La microencapsulación se aplica para muchos activos, como los retinoides o los péptidos»

Estefanía Nieto, directora técnica de Medik8, laboratorio británico fundado en 2007, comenta que trabajan con microencapsulación desde hace años. «Realmente no es una novedad en el entorno cosmético, lo que ocurre es que esa microencapsulación cada vez se sofistica más en pro de conseguir cápsulas más eficaces que vehiculizan mejor el activo y lo mantienen estable», aclara. También usan esta tecnología para que determinados activos que pueden causar irritación se entreguen de manera progresiva en la piel y no de golpe, «con cápsulas que se degradan en periodos de tres a seis horas», detalla la experta. Medik8 cuenta en su catálogo con productos como un suero de noche que lleva retinal encapsulado y que, como concretan desde la compañía, es once veces más rápido que el retinol tradicional y con menos efectos secundarios. «Son muchos los cosméticos del mercado que tienen este tipo de tecnología, aunque es cierto que los consumidores no son tan conscientes de ella», reflexiona la experta.

Las startups patrias también exploran el potencial de la microencapsulación. Un buen botón de muestra es Lico Cosmetics, detrás de la cual está una ingeniera química apasionada por la cosmética que, tras su paso por Airbus, donde lo aprendió todo sobre sustancias tóxicas por haber trabajado en la implementación del Reglamento REACH (su finalidad proteger la salud humana y el medio ambiente contra los riesgos que presentan los productos químicos), se animó a fundar su propia firma, en la que hay cuatro personas (de un total de veinte) dedicadas solo a tareas de I+D.

Ya en el primer tratamiento que lanzaron, enfocado a luminosidad y jugosidad de la piel, tiraron de esta tecnología. «Microencapsulamos en un polímero de celulosa la fórmula más potente de vitamina C que hay en el mercado: tetraisopalmitato de ascorbilo», comienza por explicar Estefanía Ferrer, fundadora y CEO. Con ello se consiguen varios beneficios. «La vitamina C es muy fácil que se oxide y se decolore, pero si la microencapsulamos en un polímero de celulosa protegemos al activo», detalla la consejera delegada de la firma ubicada en Sevilla, que vende solo a través de su página web y que prevé cerrar el año con una facturación de seis millones de euros frente a los dos millones del curso anterior.


Estefanía Ferrer, fundadora de Lico Cosmetics


jean pierre Ledos

Preguntada por el funcionamiento de la microcápsula, cuenta que es una celulosa que se absorbe sin dejar ningún residuo en la piel y, por diferencia de gradiente de temperatura (el producto está a 25º y cuando se pone en contacto con la piel pasa a 36º), gracias a una tecnología patentada por la empresa, se va disolviendo y libera activos en la piel. «Tenemos un aumento de la estabilidad al evitar que esa vitamina C se oxide o se decolore, mejoramos temas de incompatibilidades y, al estar a escala micro, logramos una mayor penetración en la piel», indica. También han desarrollado un serum para brazos, escote y vientre que contiene retinol microencapsulado en un polímero de celulosa, con lo que además de frenar la oxidación y la decoloración, «prácticamente eliminamos el proceso de retinización, que se produce en la capa más superficial de la piel». Ferrer asegura que consiguen una mejor penetración y conservación, al tiempo que se multiplica por seis la eficacia con respecto a si usasen retinol convencional.

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Santamarina Cosmetics es una empresa de dermocosmética española nacida en septiembre de 2021 bajo la dirección de su fundadora, Ana Santamarina. También nativa digital (vende exclusivamente a través de su página web), actualmente cuenta con 20 referencias y todos sus productos son 100% veganos y fabricados en nuestro país.

«Esta técnica se empezó a utilizar en cosmética por sus múltiples beneficios aunque he de recalcar que conlleva un sobrecoste que muchas veces las marcas no desean asumir», comienza por advertir Santamarina. En su caso, ya en el segundo producto que lanzaron al mercado optaron por la microencapsulación. «Los ingredientes quedan protegidos de la luz, el oxígeno o el calor, evitando que se desestabilicen o degraden. También permite una liberación controlada de ese activo, esas cápsulas de lípidos actúan de vehículos que transportan los ingredientes de manera gradual, reduciendo la irritación», pone en valor. Por último, agrega, la encapsulación puede favorecer una mayor penetración de ese activo en la piel, ya que las cápsulas pueden tener un tamaño y una estructura más.

Actualmente, la firma tiene cuatro productos con retinol, todos con este activo encapsulado. «El retinol es una molécula muy inestable y además con gran potencial de irritación. La encapsulación resuelve ambos problemas», justifica. En 2024, lanzarán dos artículos con salicílico encapsulado.

La industria cosmética se aplica un tratamiento de innovación para producir formulaciones mejoradas que sean capaces de satisfacer las necesidades de unos consumidores cada vez más exigentes, y la microencapsulación es una de esas tecnologías que, en el cumplimiento de ese objetivo, han llegado para quedarse.

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