León Benavente: “¿Somos un grupo político? Eso es Negu Gorriak”


Llevaban dos décadas entregados en cuerpo y alma a la música, con tres de sus miembros formando parte de la banda que acompañaba a Nacho Vegas sobre los escenarios, pero tuvo que llegar 2013 para que el gallego Abraham Boba, el maño Edu Baos, el asturiano Luis Rodríguez y el murciano César Verdú – lo de la dispar procedencia suena a chiste antiguo, pero es real, igual que el tramo de carretera que les bautiza – se convirtieran en cuatro de los músicos esenciales de la escena independiente española, encarnados en León Benavente.

Su hirviente argumentario caló en un disco, León Benavente (2013), sedimentado en la agria situación sociopolítica que había dado pie al movimiento 15-M dos años antes. Artífices de un directo demoledor, no tardaron en reventar los aforos de las pequeñas salas en las que rodaban sus primeras canciones, generando una identificación generacional que sus fans, alrededor de los 40 años, quizá no experimentaban desde los primeros tiempos de Los Planetas.

Ahora lo celebran, lejos de los grandes festivales, con una gira por salas que comenzó el pasado 21 de octubre por Barcelona (Apolo) y continúa este miércoles en Madrid (La Paqui). Hablamos de todo ello con Abraham Boba, alias creativo de quien consta como David Cobas en su DNI.

P. ¿Pensaban hace 10 años que tedrían la repercusión actual?

R. Es que si alguien se mete en la música ya no solo pensando en llenar salas, sino en vivir de esto, hacer de esto su oficio… supongo que siempre hay un poco de esperanza, todos los que no dedicamos de una forma u otra a la música vamos persiguiendo la zanahoria, pero nunca lo piensas. Estábamos en un momento de impasse en nuestros proyectos cuando montamos el grupo y, sobre todo, teníamos ganas de hacer cosas que nos apetecían musicalmente. Sí que somos ambiciosos. Esto no ha sido nunca una simple reunión de amigos para tocar unos temitas y pasárselo bien, teníamos muy claras las intenciones. Lo que pasa es que creo que tiene que haber una mezcla de trabajo, azar, estar en el momento justo y en el lugar adecuado, también depende de cómo funcione la industria en ese momento… son una serie de factores que coinciden y pueden hacer que te salga bien. Igual en nuestro caso fue así.

P. ¿Creen que el haber formado el grupo ya cerca de los 40 años y con todo ese bagaje acumulado les daba una perspectiva diferente a otras formaciones debutantes?

R. Estuvimos 20 años de nuestras vidas trabajando para otros proyectos, como cuando estuvimos con Nacho Vegas, o en mi caso con Julio de la Rosa o Aaron Thomas, aparte de nuestros proyectos propios. Y cuando ves que te estás chocando contra una pared continuamente porque las cosas no salen como quieres, eso te da una perspectiva que es muy distinta a debutar con 20 años y ya directamente tocar en el Wizink Center. No es tanto lanzar un proyecto y esperar grandes resultados como mantenerse en el tiempo y hacer cosas que no te exija el mercado, sino lo que creativamente te parezca más interesante y más honesto. Cuando tienes esa experiencia y te has pegado varias hostias, pues ya estás mucho más curtido. Yo me acuerdo de ir a tocar solo a Jaén, con mi furgoneta y mi piano, unas semanas antes de empezar con León Benavente, y montar todo, probar sonido y tener que desmontarlo todo porque no vino nadie. No se vendió ni una entrada. Cuando vienes de ahí, te alegras de ciertas cosas que te pasan, te dices “¡qué suerte tengo!, me siento un privilegiado por estar haciendo esto”.

P. Dentro de esa constante de hacer lo que os apetece, ¿han sentido en algún momento cierta presión ante las expectativas del público o la industria? Entiendo que con el primer álbum era imposible, pero quizá sí con alguno de los posteriores.

R. Con el primero no había contexto, con lo que no había presión. La única presión era que, llegada esa edad, León Benavente era como la última bala para nosotros. Sí tenía esa sensación de “como esto no salga, estará muy bien porque habremos hecho estas canciones, pero a ver qué hacemos luego”. Con el segundo sí, con dos (Warner/Marxophone) ya sabías que había un público que estaba esperando las canciones. También era el primero que sacábamos con Warner, pero la presión jugaba más a nivel compositivo porque desde el principio vimos que no queríamos hacer continuamente lo mismo. Si ya sabes que una fórmula más o menos te ha funcionado, es importante para nosotros no repetirla o buscar nuevos caminos.

“La única presión era que, llegada esa edad, León Benavente era como la última bala para nosotros”

P. En su nuevo single, apropiadamente titulado Nuestro aniversario, canta: “Acercándonos a los 50 a toda velocidad, como romper la ley de la gravedad si nuestra fuerza es igual a una constante generacional que tira de ti y a veces te hace dudar: esto está bien o esto nadie se lo va a tragar”. ¿Sinenten que hay un relevo generacional en su público o es básicamente el mismo? ¿Cuáles son las dudas a las que se refieren?

P. La duda creativa tiene que estar ahí: es de seres medianamente inteligentes. Sin que la duda te paralice o te haga repetir fórmulas, eso sí. Cuando compongo, atravieso continuamente picos y valles. Momentos es que me digo “esto es genial” y otros en los que me digo “esto es una mierda”. Y creo que está bien. Sobre el público, León Benavente nació conectado a una generación bastante concreta, en esa horquilla de gente rondando nuestra edad, 10 años más o 10 años menos. A lo largo del tiempo, el único baremo que tenemos son los conciertos, y ahí sí veo que hay un público que ha crecido con nosotros y no se cansa de venir a vernos. Y luego ha pasado que ahora te encuentras a chavales de 20 años que vienen a nuestros conciertos porque sus padres los traían cuando ellos tenían alrededor de 10 , y nos han seguido. Aunque creo que la gente joven está más por lo general interesada en otros códigos musicales, sería de tontos negarlo. Incluso las bandas que ahora están empezando y que hacen rock, tienen un público que es casi mayor que ellos mismos, no suelen ser de su generación. Pero sí que nos sorprende toparnos con público joven, aunque no sea la mayoría. Nos lo encontramos más en Latinoamérica, por ejemplo, y eso sí que nos sorprende. No componemos para un target concreto, ni en lo lírico ni en lo musical. No nos saldría bien. Pero si perteneces a una generación, es lógico que conectes más con gente de una edad similar.

P. Acaban de venir de México. ¿Cómo les acoge el público allí?

R. Se desviven. El fenómeno fan lo llevan muy adentro. Y creo que tienen menos prejuicios. Te entregan su corazón a cambio de las canciones. Cuando conectas con ellos, es una pasada. Aquí también, pero de otra manera.

P. En ese deseo de no repetir exactamente la misma fórmula que en el disco anterior, ¿qué les resulta más inspirador? ¿Nuevos sonidos? ¿Nuevas lecturas? ¿La actualidad?

R. Creo que un poco de todo. También la selección de instrumentos, los timbres, quitar algunos instrumentos o cambiar posiciones, como en el disco anterior, que Luis llevaba tres discos sin tocar el bajo y de repente Edu se dedicó más a las máquinas… eso te hace abrir nuevos caminos. Y en lo que tiene que ver con la inspiración en sí, todo lo que dices. Escuchamos música contemporánea, de gente que no es de nuestra generación ni está en nuestro código musical, y que nos interesa tanto como la música de hace cuatro décadas. No somos un grupo que considere que la música de antes es la que mola y la de ahora no. En absoluto. Escuchamos, los cuatro, más música de ahora que de otras décadas. Y a mí a nivel lírico me influye todo, desde conversaciones que voy teniendo hasta sensaciones, lecturas, películas… cuando tienes la suerte de poder dedicarte a esto 24 horas al día es una pena desaprovechar el tiempo, y en el fondo no todo tiene que ser estar delante de un piano o escribiendo, sino estar atento a recibir información que en algún momento pueda formar parte de una canción. León Benavente sigue siendo igual de importante en nuestras vidas que hace 10 años. Y nunca hemos sido un grupo de individualidades. Aparte de que la canción está por encima de todo.

“Lo que me ha interesado siempre es escribir canciones que se mantengan en el tiempo. Que sigan teniendo vigencia cuando las tocas años después”

P. Con su primer disco conectaron directamente con una generación muy marcada por el 15-M, pero con el tiempo su música se ha desligado de esas referencias a nuestro contexto sociocultural y se ha ido haciendo más escapista.

R. Bueno, ahora tenemos otra forma de acercarnos a los temas. Entiendo que por escapismo te refieres más a lo lírico que a lo musical. Es verdad que el primer disco tenía canciones urgentes que se nutrían del momento en el que vivíamos. En algunas era más evidente que en otras. Yo sí tenía claro cuando escribía que había algo de ese momento que nos estaba influyendo a todos, pero también era consciente de que todo esto acaba transformándose, y lo que me ha interesado siempre es escribir canciones que se mantengan en el tiempo. Que sigan teniendo vigencia cuando las tocas años después. Lamentablemente, el ser humano ha tropezado tantas veces en la misma piedra que es posible que canciones de hace 40 años de ese cariz también sigan plenamente vigentes. A mí me cuesta mucho ponerme a escribir imaginando una historia ambientada en el espacio, por ejemplo. Me encantan el cine y la literatura de ciencia ficción, pero no es un código que a mí que me guste desarrollar. Y al final acabas refiriéndote a los mismos temas, pero cogiendo otros caminos. Y en ese sentido, nuestras canciones han ido yendo más hacia adentro que hacia afuera. Estamos en ese momento: la gente tiene una conciencia colectiva y social pero prima todo lo que tiene que ver con la salud mental, que lleva tiempo encima de la mesa, como una de las preocupaciones que tienen que ver con el individuo, pero también con cómo ese individuo vive en esa sociedad. Y nuestras últimas canciones tratan más sobre los efectos en nuestras individualidades, de dónde hemos crecido, el contexto en el que estamos. Con nuestro primer disco, la gente decía que éramos un grupo político. No sé, a mí un grupo político me parece Negu Gorriak. Éramos un grupo de pop rock hablando de cosas que tienes cuando bajas a la calle. Y hay muchas maneras de hacerlo. Tampoco me gustaría que alguien nos considere escapistas, eso sería si las letras se hubieran ido haciendo menos comprensibles, y creo que en el fondo sigue estando claro de qué hablan.

P. En comparación con las letras que abusan de los símiles espaciales, de los cuales hay una sobredosis en el pop llamado indie en los últimos 10 años.

R. Bueno, pero también hay que darse cuenta de las que tratan eso desde décadas atrás, desde Bowie. Hay gente que pone el tema que le interesa en ese contexto y lo hace bien. A mí, más que eso, lo que me da más pereza son las canciones que escucho de gente que intenta ser poética, pero de las que yo no entiendo nada. Con eso no conecto. Conecto más con una canción de La Élite hablando de El Tetico que con alguien que intente hacer una poesía y una literatura en una canción sin tener la destreza: hay que ser muy bueno para hacer eso bien.

Noticias relacionadas

P. ¿Están trabajando en algo nuevo?

R. Sí, en un disco nuevo, con algunas canciones grabadas ya, y muy contentos. Hay cosas muy distintas. Este año ha sido raro, porque nuestro último álbum, ERA, se publicó en enero de 2022, todavía en plena pandemia, y toda esa gira que hicimos a principios de aquel año fue bastante horrible, aún con gente con mascarillas y sin poder levantarse. Y este año, aunque no somos muy dados a la nostalgia, pensamos en que valía la pena celebrar estos 10 años. Hicimos un concierto en el Teatro Real de Madrid con la Sinfónica Municipal, que fue muy chulo, y luego pensamos en hacer esta reedición del disco con estos 10 conciertos, tocando el primer disco y muchas más cosas, en dos horas. E hicimos esta canción, Nuestro aniversario, pero ya pensando en el disco para el año que viene.  

Related Articles

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Back to top button