LAURA FERNÁNDEZ | El fabuloso caso del ‘Hotel Splendide’, y los edificios contenedores de historias



A finales de los años 80, Bill Bryson, el viajero incansable, el escritor decidido a describir el mundo —y todo lo que sabemos de lo que somos o hacemos en él, ¡ha escrito incluso un viaje al centro de nuestro propio cuerpo!— con un sentido del humor delicioso y adictivo, decidió que había llegado el momento de regresar a casa. Oh, no iba a hacerlo para siempre. Lo único que quería era viajar por su país, el país que había abandonado, que había cambiado por Inglaterra —sitio al que sintió que pertenecía nada más poner un pie en él—, hacía diez años. El país era, claro, Estados Unidos. ¿Su intención? La de recorrerlo de punta a punta, deteniéndose en pueblecitos, o pequeñas ciudades, y partiendo del lugar en el que nació y se crió, el aburrido, por pacífico y previsible, Des Moines.

Related Articles

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Back to top button