LAURA FERNÁNDEZ | El estoicismo encantado de Goran Petrovic



A Paul Hunham nunca se le ha dado bien la gente. Fue víctima de una injusticia en algún momento del pasado —ese pasado que, en su caso, implicaba Harvard, y todo tipo de cosas a las que, creía, no debía haber tenido acceso por su origen—, y, atrapado como se ha quedado en él —da clases en el mismo internado de chicos en el que estudió—, pasa los días bebiendo más Jim Beam de la cuenta, y odiando a todo el mundo. En realidad, sólo odia a los chicos que nunca sabrán lo que fue ser un chico como el que él fue. Y sin embargo, guarda en su despacho una caja repleta de Meditaciones, de Marco Aurelio, que regala cuando llega Navidad, y sólo a aquellos a los que quiere. Pero ¿quiere Paul Hunham a alguien? Sí, quiere a quienes, detecta, están en su misma situación. 

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