Isa Reyes, la Miss España en el exilio que encandiló a Hitler


Cuando era pequeña, a Conchita Balcells le gustaba tanto tocar las castañuelas que sacaba de quicio a su familia. En aquel piso que ocupaba las dos últimas plantas de un edificio de la céntrica calle Velázquez de Madrid, soñaba con pisar los escenarios de las principales capitales europeas para mostrar en público su pasión por la música de baile española, en concreto por el flamenco. No quedaban demasiados años para que la frase agorera “se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por aquellas que permanecen desatendidas” de Teresa de Ávila se hiciese real en la vida de aquella chica de clase bien, aunque ella tendía más a tomarse las cosas con humor. Al menos así lo cuenta en sus memorias, Miss España en el exilio, que la editorial Renacimiento acaba de publicar en España traducidas por Isabel Peralta.

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