Festival de San Sebastián | Isabel Coixet: “Llevo toda la vida buscando mi lugar, y no hay manera”



Una semana después de comprárselo, Isabel Coixet ya había leído dos veces Un amor, el libro que convirtió a Sara Mesa en un fenómeno literario. “Los libros de Sara me encantan, por los temas que tocan y por ese estilo seco y árido y poco complaciente que tiene de escribir”, explica la directora barcelonesa. “Tras leerlo por primera vez me quedé petrificada, como si me hubieran dado un puñetazo en la cara. Fue después de la segunda lectura que sentí que ahí había una película”. Tan solo tres años después, ahora ve la luz en el Festival de San Sebastián esa película homónima, la primera de todas las que ha dirigido Coixet que aspira a la Concha de Oro.  

“Creo que he hecho una película que, en general, es muy fiel a su modelo”

Es probable que quienes estén familiarizados con el texto de Mesa den por hecho que la tarea de llevarlo a la pantalla ha sido enormemente complicada. Cuenta la historia de una joven llamada Nat que se instala en una pequeña comunidad rural para dejar atrás un pasado perturbador, y que establece con los habitantes del lugar una relación bajo cuyas apariencias laten la incomprensión y la desconfianza mutuas. Se trata de un libro narrado a través de una voz interior, y que se muestra igual de distante e inmisericorde con todos y cada uno de sus personajes. “Siempre que he adaptado una novela a la pantalla he tenido que lidiar con dos incertidumbres: qué pensará de la película el autor o la autora del texto original, si sigue con vida, y qué pensarán todos esos lectores que en su cabeza quizá ya tengan una idea muy formada sobre cómo debería ser esa película”, comenta Coixet acerca del desafío que supuso ser respetuosa a la vez con el espíritu del mundo creado por la escritora y con su propia sensibilidad como narradora. “Creo que he hecho una película que, en general, es muy fiel a su modelo”.

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En busca de empatía

Dicho esto, muchos encontrarán discutible la decisión por parte de Coixet de incluir en su versión de Un amor escenas que viajan al pasado para ayudarnos a entender el dolor que su protagonista siente e inevitablemente nos acercan a él. A la Nat literaria no le importa lo más mínimo que el lector se ponga o no de su parte; la Nat cinematográfica, encarnada con solidez por Laia Costa, trata activamente de generar empatía. “Pues la verdad es que muchos de quienes han visto la película no opinan así”, matiza la directora. “En cualquier caso, los requisitos del cine son distinstos a los de la literatura, y sentí que no podíamos mantener al personaje envuelto de una bruma tan espesa”.

“El sexo forma parte de la vida y por tanto debe formar parte de las películas”

Buena parte de lo que vamos conociendo acerca de Nat se nos cuenta a través de la relación sexual que mantiene con El Alemán (Hovk Keuchkerian), inicialmente basada en el interés mutuo pero que poco a poco irá obsesionándola. “Rodar sexo no me resulta nada complicado”, asegura la directora de La vida secreta de las palabras y La librería. “Creo que la escena que más me costó filmar en toda mi carrera fue una en la que aparecía una pistola, porque yo nunca he tenido armas ni disparado a nadie. Pero, lo que se dice follar, sí he follado. El sexo forma parte de la vida y por tanto debe formar parte de las películas. Yo me limité a escuchar lo que los actores me pedían y lo que no se atrevían a pedirme por pudor, y a ser muy clara acerca de lo que necesitaba de ellos en esas escenas”.

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En La Escapa, un pueblo ficticio que Coixet recreó rodando en diveras localizaciones riojanas, Nat se encuentra con otras personas que la tratan con hostilidad o paternalismo, que la cosifican y que la humillan. Muchas de ellas son hombres, pero la directora asegura no haber tratado de usarlas a modo de muestrario de masculinidades tóxicas. “No creo que sea una película misándrica, es más bien misántropa. He querido retratar esas microagresiones a las que a menudo somos sometidos por parte de aquellos que impostan amabilidad, y también preguntarme por qué una mujer que se muda sola a un nuevo lugar se convierte en objeto de suspicacias y sospechas por el mero hecho de estar sola”.

“Cualquier idea romántica que tuviera al respecto de lo rural desapareció hace mucho tiempo”

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Además, Un amor funciona también a modo de crítica a esa idealización que los habitantes de las ciudades suelen hacer de la vida en el campo. “Yo misma vivo una parte de mi vida en un pueblo de 800 habitantes, y puedo asegurar que cualquier idea romántica que tuviera al respecto de lo rural desapareció hace mucho tiempo”, confiesa Coixet. “Obviamente, estar en contacto con los árboles, la naturaleza y los pajaritos es estupendo, pero hay mucho desconocimiento y también algo de arrogancia por parte de aquellos urbanitas que asumen que mudarse al campo hará que sus vidas sean más simples y más felices”.

Perdida

En última instancia, la protagonista de Un amor se ajusta a la perfección a un tipo de personaje al que Coixet ha recurrido una y otra vez desde que se dio a conocer gracias a Cosas que nunca te dijeuna mujer perdida, que se esfuerza por encontrar su lugar en el mundo. “Vuelvo a él una y otra vez porque ese personaje soy yo misma, desde que tenía cinco años. Llevo toda la vida buscando mi lugar, y no hay manera. Y es cierto que el afán de búsqueda es lo que nos hace seguir adelante, lo que nos da energía e impulso. Pero es agotador”.

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