EXPOSICIÓN LOLA FLORES | Las mil y una vidas de Lola Flores: un legado que recorre desde La Barraca a Rosalía


“Yo siempre digo que el peor enemigo de Lola Flores fue Lola Flores (1923 – 1995). Construyó un personaje tan potente que eclipsó a la artista tan importante que fue”. Alberto Romero Ferrer es una de las personas que más ha investigado en España sobre la figura de la simpar jerezana, de cuyo nacimiento se conmemora en 2023 un siglo. Este catedrático de Literatura Española en la Universidad de Cádiz es uno de los dos comisarios de la exposición que clausurará los actos relativos al centenario de La Faraona: Si me queréis, ¡venirse! Lola Flores en la Biblioteca Nacional, que desde el jueves 28 de septiembre y hasta el 21 de enero del año próximo (fecha en la que concluye el aniversario) se plantea un recorrido por la vida y legado de la artista a partir de los fondos de la propia Biblioteca.

Conocemos la Lola Flores que perdió el pendiente en el plató del programa de TVE Noche de Fiesta en medio de su actuación; su famoso “si me queréis, irse” con el que pedía a la gente que abarrotaba la iglesia en Marbella que se fuera para que Lolita, su hija mayor, pudiera casarse porque no podía llegar al altar; la que pidió “una pesetita” a cada español para subsanar su deuda con Hacienda y aquella mítica que “ni canta ni baila, pero no se la pierdan”, según supuestamente anunció en The New York Times. Pero ¿dónde encaja en todo eso la artista que fue? “Bueno, esa supuesta frase del New York Times es un grandísimo ejemplo de todo lo que rodea a Lola Flores, que da igual que sea verdad o mentira porque funciona en el imaginario colectivo”, indica Romero. “Realmente nunca se publicó, yo he rastreado todo lo que se publicaba cada vez que Lola Flores iba a México, Argentina y Estados Unidos y no lo he encontrado. Otra cosa es que ella se apropiara de eso e hiciera una marca”.

Precisamente huyendo de la marca, la Biblioteca quiere rescatar la larguísima carrera profesional de una Lola Flores que nace reinando Alfonso XIII y recorre el siglo XX hasta pasar por los fastos del 92 y casi ver acabar el siglo. “Su historia va en paralelo con la propia historia política, social, ideológica y cultural de España“, explica Romero. “Ella pertenece a una generación de artistas que nacen en la pobreza, que pasaron penurias tocando de pueblo en pueblo y sobrevivieron a una dura posguerra, una dictadura que se apropió de la cultura popular y una transición a la democracia que quiso romper con todo lo que oliese al régimen político anterior”, explica María Jesús López Lorenzo, que además de ser jefa del servicio de Registros Sonoros del Departamento de Música y Audiovisuales de la Biblioteca Nacional, también comisaria la muestra.

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La exposición, que se organiza en cinco bloques temporales, cuenta con cartelería de los espectáculos y las películas en que participó, algunas fotografías del fondo de Ibáñez (el célebre fotógrafo, autor de numerosas portadas de discos de flamenco y copla en la época), bocetos de escenografías y fragmentos de películas, además de un gran archivo sonoro en soportes que van desde discos de pizarra de los años 40 hasta cartuchos y cassettes de los que se encontraban fácilmente en gasolineras y otros tipo de establecimientos populares. “Es importante destacar que la cultura popular también es patrimonio y que la Biblioteca Nacional lo custodia”, explica López Lorenzo. La comisaria añade que, cuando se planteó una muestra por el centenario de Lola Flores, aún hubo reticencias dentro de la institución por tratarse de un nombre de la cultura popular. “Ten en cuenta que va a convivir con una muestra sobre Miguel Hernández y otra de Tomás Bretón, aún cuesta que se incorporen artistas más populares”.

Primeras apariciones en prensa y censura

La hemeroteca tiene un papel fundamental en la muestra y permite seguir, gracias a sus apariciones en prensa, la trayectoria de Lola Flores. De hecho, el primer elemento de su carrera incluido en la muestra es justamente lo que de ella se cuenta en la prensa de Jerez de la Frontera, su localidad natal, después de su debut con 16 años. “Se habla de una Lolita Flores que empieza a despuntar, ya tiene algo que cautiva y empieza a triunfar en los periódicos antes de que su nombre comience a aparecer en los carteles publicitarios”, explica López Lorenzo.

La prensa de la época recoge sus inicios, también sus seis años triunfales con el espectáculo Zambra que mantuvo a Lola Flores y Manolo Caracol llenando teatros sin parar en los años 40, pero el papel de los periódicos de aquella década también es relevante en la exposición por lo que no cuentan: ni palabra de la relación prohibida y turbulenta que mantuvieron (él estaba casado, entre otras cuestiones). “Nadie menciona esto en la prensa, a pesar de que su relación no se escondía, se conocía dentro y fuera de los escenarios. Era un tiempo en el que la censura era muy fuerte“, admite la comisaria. “Nosotros hemos preferido no elegir algunas fotografías de la pareja, incluso algunas portadas de discos con posiciones un tanto extrañas, agresivas, que pueden transmitir una imagen de violencia entre ellos”. Y enseguida matiza: “Es verdad que son posturas de baile, que hay una colocación de brazos, de jugar con las manos que se puede interpretar como el braceo propio del flamenco”.

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Aportación artística: la trascendencia

La muestra quiere dejar a un lado al personaje pero, ¿cuál es entonces la aportación artística de Lola Flores en la que profundiza esta exposición? “Yo creo que hay un elemento fundamental que lo dice muy bien una de sus nietas, la actriz Alba Flores: la trascendencia”, aclara Romero. “Lola Flores hunde sus raíces artísticas en la Niña de los Peines, la Argentinita, la poesía de Federico García Lorca, en Pastora Imperio… Pero fue reinventándose como artista a lo largo de las décadas hasta esas sobrias y esenciales sevillanas que baila con bata de cola en la película Sevillanas de Carlos Saura, de 1992, en la que por cierto, ya estaba enferma de cáncer. La expresión de su cara es absolutamente excepcional”. En esa aparición, explica Romero, vuelven a aparecer esos elementos esenciales de la jerezana. “Ahí están los brazos de Pastora Imperio, el flamenco de la Argentina…”

Los dos comisarios inciden en el hecho de que Lola Flores siempre tuviese presente la creación artística de la II República. No sólo incluyó en sus espectáculos durante toda su carrera un recitado de Lorca (lo hizo incluso en la televisión) sino en esa inspiración en las artistas de la época que menciona Romero. “Lola Flores hace de puente con toda la cultura flamenca anterior a la Guerra Civil y eso sólo lo hacen ella y Concha Piquer”, afirma. No en vano, en Zambra, su espectáculo súper ventas con Manolo Caracol, contaba con un libreto escrito por la santísima trinidad de la copla (el trío Quintero, León y Quiroga) y con la escenografía de un artista caído en desgracia por sus actividades políticas durante la República, José Caballero, cercano a La Barraca, la Residencia de Estudiantes y la generación del 27.

Si en los 40 triunfó con Zambra y Caracol, en los 50 su fama se dispararía con una carrera cinematográfica y actuaciones que ensancharían su mapa y le harían triunfar también en América. “Hay un capítulo de la cultura popular de la posguera española que no está contado todavía”, insiste el comisario de la muestra. “El gran género de los años 40 y 50 son las fantasías líricas, que es lo que realmente llenaba los teatros y nunca se menciona cuando se aborda la historia del teatro del siglo XX en España. Un Broadway a la española, en el que se curte Lola Flores y toda su generación de artistas”.

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Después de protagonizar espectáculos, películas de la época, apariciones en el NODO y revistas del papel cuché durante las décadas de la dictadura, superado el Franquismo fue capaz de convivir con intelecuales de la época (Vázquez Montalbán, Terenci Moix, incluso cantantes como Joan Manuel Serrat) que siempre mostraron un respeto reverencial por su trayectoria, o de participar en debates políticos y sociales como el que cada semana ofrecía el programa de televisión La Clave. “Ella fue capaz de pasarse la moral y la ética y todos los tabús del régimen por el arco del triunfo. Y superarlos”, afirma la comisaria. “Es importante ver también este punto de vista, porque supo transformarse después y no quedarse en el papel de cantante de copla”, recuerda López Lorenzo.

El legado de Lola Flores

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Superado el siglo XX y su fallecimiento, los artistas más jóvenes la reivindican como una influencia imprescindible, como recoge también esta muestra: desde cantaores como Miguel Poveda a artistas globales como Rosalía. ¿Por qué se la ha considerado entonces una artista menor, si fue capaz hasta de rapear en la película Casa Flora y salir airosa? “De eso, la culpa la tienen los propios flamencos”, contesta rotundo Romero. El catedrático admite que su legado no es el de una bailaora de gran técnica o una cantaora de amplio registro, pero sí fue capaz de crear una identidad bailaora propia.

“Ella incorpora una serie de movimientos, una manera de articular las manos, un braceo y unos giros que son absolutamente originales en ella y da mucha unidad a su trayectoria, porque después de crearlos siendo pareja artística de Manolo Caracol los fue adaptando a las diferentes etapas que fue viviendo hasta el final de su carrera”, explica. Y concluye: “Mira, en la película La Faraona, que es una película que rueda en México y no es nada relevante, interpreta una copla, que tampoco es gran cosa, pero en el final hay 14 segundos de baile que son una especie de resumen, una síntesis de todo lo que ella hace”.

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