Estopa: “Pensábamos que haríamos un disco más y volveríamos a trabajar en el bar”



El 18 de octubre de 1999 veía la luz el primer álbum de Estopa, con su portada en la que David (adelantándose) y José Muñoz (detrás, pero en un plano más cercano) cruzaban un paso de peatones, el del puente de Ventas, en Madrid (diseño con resonancias de Abbey Road, de los Beatles). El disco de La raja de tu falda, Como Camarón, El del medio de Los Chichos…, que en su día rompió umbrales comerciales (un millón de ejemplares) y esquemas artísticos: cruce de rumba heterodoxa, abierta a múltiples influjos (rock, bossa nova, baladas vidriosas), y crónica poética a pie de calle, propuesta que hoy sigue ampliando público y que revela su influjo en sucesivas generaciones de creadores (como Rosalía y C. Tangana, fans declarados).

Nos encontramos con David y Jose en su estudio de Sant Feliu de Llobregat. Hace unos días dieron ahí los (casi) últimos toques a su nuevo álbum, Estopía, que se prevé salga a la venta el próximo marzo. Ya llegará el momento de hablar a fondo de él. Por lo pronto, Estopa está de celebración: comienza el camino hacia su 25º aniversario, dentro de un año justo.

P. Así que ahora el 18 de octubre es una festividad para marcar en rojo en el calendario: lo llaman El día de la Estopidad.

David Muñoz. Salió de una broma en Twitter (ahora, X), y es una estupidez que se nos ocurrió. A partir de los 20 años, cada año es oro. El 18 de octubre es un día importante para nosotros. Cuando comenzábamos, nos preguntaban: “¿Dónde os veis de aquí a 25 años?”, y respondíamos: “¡No nos vemos!”. Pensábamos: “Haremos un disco más, si nos dejan, y luego volveremos a trabajar al bar de nuestros padres”. O a la fábrica. Pero éramos carne de camareros.

“La broma te quita el hierro, y tu mujer, más: te da capones. Si alguna vez te endiosas un poco, la familia te pone los pies en el suelo”

David Muñoz

P. Situémonos en aquellos días: ¿cómo fue el salto del Bar Sin Nombre, de Viladecans, a fichar por una multinacional?

D. M. Un shock. Estábamos acostumbrados a tocar con dos guitarras de palo, sin más instrumentos, ni escenografías. Íbamos a un bar, nos tomábamos ocho birras y a cantar.

José Muñoz. Más pardillos no podíamos ser. En el primer concierto con banda nos dimos cuenta de que nos habíamos enchufado el uno al otro, con una punta del jack a una guitarra y la otra punta a la otra.

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D. M. Nos hablaban de cachés y nosotros no sabíamos ni lo que era eso. Ni sabíamos qué era un premio Ondas, ni la lista de ventas de la Afyve… Todo el mundo felicitándonos, y nosotros: “¿Y eso qué es?”.

P. Una vez hasta se permitieron ningunear cordialmente a Bono y The Edge, de U2.

D. M. En unos Premios Amigo.

J. M. Estábamos en los camerinos, hablando con Los Chichos, y de repente nos dice alguien: “¿Queréis ir a conocer a The Edge?”.

D. M. Y nosotros: “Hombre, un momento, que estamos aquí saludando al Emilio y al Julio…” Luego nos dimos cuenta de quiénes eran.

P. Antes de ser Estopa, fueron Eso Es, David y José… y estuvieron a punto de bautizarse con un nombre terrible.

D. M. ¡La Chimenea! Alguien de la discográfica lo propuso, porque fumábamos mucho. Lo de Estopa surgió como una iluminación. Queríamos un nombre conclusivo, sin artículo, como Ketama o Molotov.

“¿A quién no le gusta una rumba catalana? ¿Hay debate por eso? Pero nosotros hacemos tanto rumba catalana como flamenca, o madrileña…”

David Muñoz

P. La base de aquel primer álbum fue la mitificada maqueta que habían grabado cuando todavía no tenían expectativas profesionales. Algunas canciones sufrieron cambios: la versión original de El del medio de Los Chichos era más dura, con referencias a la drogadicción del malogrado Jeros Jiménez.

D. M. Era una versión más escabrosa. También más real. Y romántica. ¡Y mejor, cojones! Reflejaba más el rollo Fausto, de pacto con el diablo. En vez del “caballo de colores” pusimos “canción de colores”.

J. M. Pero no lo cambiamos por presión de la compañía.

D. M. No, no, fue Juan Maya, gitano él, que cuando la escuchó nos dijo: “Esto no lo cantáis, ¿eh? Que al niño le va a dar algo”. Al hijo de Jeros. Hablábamos de su papá. Nos paramos a pensarlo y le dijimos: “Pues llevas razón, Juan, vamos a darle una vuelta”.

P. Revitalizaron la rumba catalana, un género que entonces estaba en horas bajas y que ahora se reivindica con la vista puesta en la Unesco y su declaración como Patrimonio Universal de la Humanidad. ¿Qué les parece?

D. M. Muy bien, es un género que está vivo. ¿A quién no le gusta una rumba catalana? ¿Hay debate por eso? Nuestros ídolos son tanto el Pescaílla como Peret, los dos patriarcas. Pero nosotros hacemos tanto rumba catalana como flamenca, o madrileña… Lo nuestro es una fusión.

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J. M. La rumba catalana tiene un abecé, como el blues: unas armonías, unas estructuras. Y nosotros pasamos de las etiquetas.

D. M. Tocamos nuestra rumba. La rumba de Cornellà.

Nuestro círculo social no es de gente que se dedique a la música. Uno es marinero, otro es autobusero, o profesor de autoescuela, o ‘paleta’…

P. Camino de ese 25º aniversario, atraen más público que nunca. Debe de ser fácil acabar pensando que uno es un genio o tiene un don divino.

D. M. Hombre, ¿lo dudas?

J. M. ¡Qué va, hombre!

D. M. No, seguimos riéndonos. La broma te quita el hierro, y tu mujer, más: te da capones. Si alguna vez te endiosas un poco, la familia te pone los pies en el suelo. Hacer nuestro trabajo no es lo más importante en nuestra vida. Es eso, un trabajo.

J. M. Nuestro círculo social no es de gente que se dedique a la música. Uno es marinero, otro es autobusero, o profesor de autoescuela, o paleta… Y no hablamos todo el rato de música, ni de qué coche te has comprado, ni de tonterías de estrellita.

P. Siempre han sentido rechazo hacia la dimensión de personajes, figuras públicas a las que se pide su opinión sobre cualquier tema.

D. M. Nos da mal rollito la figura pública. No nos podemos acostumbrar, y mira que llevamos años ya. Supongo que algún tic de famoso tendré, pero muy pocos. Yo sigo yendo por la calle con la conciencia de que nadie me conoce.

J. M. Si tú no te pones las gafas de famoso…

P. ¿Les descoloca ver ahora entre el público a jovencitos y hasta chiquilladas?

D. M. La chavalería nos pide fotos por la calle, y a veces es para su madre, y otras, para ellos.

J. M. Mientras no nos pidan “una foto para mi abuela”…

D. M. También puede pasar, y yo adoro a las abuelas. Me parece curioso que una canción pueda gustar a un niño de 15 años y a una señora de 90.

P. Entre sus admiradores hay músicos que han destacado y que citan a Estopa como influencia: Rosalía confesó que su primer disco fue Estopa, en casete, y cuando actuó en el Palau Sant Jordi reveló que la primera vez que asistió a un concierto ahí fue uno de los suyos.

J. M. Es un orgullo. Lo que para nosotros han sido Los Chichos…, pues nosotros, para ellos, hemos sido sus Chichos.

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D. M. Rosalía ha dicho que a su madre no le gustaba que nos escuchara, pero se lo ponía ella solita. Creo que para ella era algo transgresor, porque poníamos palabrotas. Cuando en el Sant Jordi dijo aquello nos quedamos pillados. “No puede ser…” Luego nos invitaron a ir al camerino y nos tomamos una cervecita con ella. Y otra noche, Pucho (C. Tangana) nos sacó a cantar, y la lio parda allí. El Palau Sant Jordi es un poco nuestra casa, no estábamos nerviosos.

P. ¿Qué podemos saber de Estopía, ese álbum que lanzarán la próxima primavera?

D. M. Queremos celebrar el 25º aniversario con doce canciones nuevas. Ahora sacaremos una, El día que tú te marches, a principios de diciembre. Una poesía musicada y una rumba total. Hemos llamado a Chonchi Heredia para que nos acompañe, como en su día en Tu calorro. Estopía es el lugar de Estopa. Nuestro lugar. Notamos que estamos en buena forma y esta estopía la queremos trasladar al disco, en el que predomina la rumba, aunque toca muchos géneros y cuenta historias curiosas.

J. M. Nuestro universo.

P. Cuando los entrevistamos con el disco anterior, Fuego (2019), David dijo una cosa que luego fue replicada en las redes: “Hay más gente a la que le toca la lotería que beneficiada del ascensor social”. ¿No valoran el peso de su talento en el destino de Estopa?

D. M. No podemos pensar que por nuestros méritos estamos aquí, que hemos visto una estrella fugaz, lo hemos deseado muy fuerte y se ha cumplido el deseo como en las películas de Disney. No niego que hayamos trabajado, pero también han trabajado otros, y mucho más. Tenemos buenas canciones, sí, pero otros tienen mejores que las nuestras, y cantan y tocan mejor, y no han salido del cajón. No todo es meritocracia. Hay un componente de suerte del 90%, lo que pasa es que los gurús de esta sociedad del capitalismo salvaje te quieren hacer creer que, si tú trabajas, llegarás alto. Es una manera de decir que quien está alto es porque se lo ha currado o es muy listo, y que si tú estás abajo es porque eres tonto y un vago. El gran engaño.

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J. M. Hemos estado en el lugar adecuado en el momento justo.

D. M. La lotería.

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