Entrevista | Nona Fernández, escritora: “Queremos cambiar la Constitución de Pinochet con los hijos del pinochetismo”



Era una niña de tres años cuando Augusto Pinochet derrocó a Salvador Allende y acabó con tres años de esperanza socialista en Chile, su país. Nona Fernández, escritora, dramaturga, mira hacia atrás, sin ira pero con preocupación, la posibilidad de que ese aniversario redondo sea más de actualidad que de recuerdo. Pues su país lo vivirá aun con la Constitución del dictador en plena vigencia.

El intento del actual presidente, Gabriel Boric, de izquierdas como Allende, de cambiar aquella Constitución del dictador, quedó en agua sin destino, y ahora son los herederos del que causó la desgracia de la dictadura los que administren el futuro de sus leyes. Ella es la autora, entre otros libros, de La dimensión desconocida (Random House), que parte de un suceso que es metáfora, por su crueldad, de las consecuencias de aquel golpe. Libros suyos son, también, Mapocho, Chilean Electric o Space Invaders, todos ellos mirando a la realidad que ha vivido.

Desde la perspectiva de esa niña que lo vivió y que lo sigue padeciendo, Nona Fernández se ocupa de este momento con la vista puesta en aquel drama que se inició con el golpe y prosigue con la herencia que la dictadura mantiene vigente en su país. Por este tiempo le preguntamos.

P. ¿Cómo ve este momento por el que atraviesa Chile?

R. Después de una revuelta social importantísima, de un proceso constituyente y de que se rechazó la Constitución que salió, y que fue una derrota tremenda, tal vez porque era un proyecto demasiado innovador para una sociedad tan conservadora como la chilena, después de todo esto, digo, todavía es difícil sacar conclusiones lúcidas. Porque siento que todavía estamos en un momento muy intenso. Tenemos un gobierno socialdemócrata cuya misión habría sido implementar el proyecto constitucional fallido, pero ahora estamos en medio de otro proyecto constitucional que, a diferencia del anterior, está produciendo menos entusiasmo, creo yo. Lo más triste es que la mayoría de las personas que fueron elegidas por la ciudadanía para redactar e implementar el nuevo proyecto son conservadores, incluso diría que muy conservadores, podría decirse que son parecidos al Vox de España. Son los hijos del pinochetismo. No sé si es una mala broma o un chiste malo: queremos cambiar la Constitución de Pinochet con los hijos del pinochetismo. Es una muy mala noticia. No sabemos qué va a salir de ahí, la verdad. Es brutal, es triste. A mí me tiene muy desconsolada.

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P. Es el regreso al pasado, ¿no?

R. Claro, sí. Es como un retroceso “civilizatorio”. Es algo que nos obliga a reflexionar sobre lo mal que recordamos, lo mal que hemos puesto los límites… Pienso mucho en lo ineficaces que han sido las izquierdas para detener todo esto. ¡Y no se hace nada! Vemos cómo avanza y… ¡no hay respuesta!

P. ¿La dictadura está renaciendo entre los jóvenes?

R. Este año se conmemoran los 50 años del golpe militar que dio Pinochet y todavía seguimos estando regidos por la Constitución de Pinochet. Entonces, claro, la dictadura sigue siendo una realidad cotidiana. Es el guion con el que ejecutamos nuestro día a día. Se ha intentado evidenciar todo el horror que trajo la dictadura y, sin embargo, parece que no ha sido suficiente. De hecho, cuando hay una crisis económica o una crisis social, se echa de menos la figura del dictador. Increíble, ¿no? Pero es así. La juventud no tiene claro lo que ocurrió, hay una ignorancia tremenda y por eso ocurre lo que ocurre y tal vez ahora surja una nueva Constitución peor que la que tenemos.

“En Chile la dictadura sigue siendo una realidad cotidiana”

P. ¿Eso es posible?

R. En este momento todo puede ser posible. Todo. Nosotros tuvimos una democracia que fue pactada con los militares y gran parte de lo que ahora está pasando tiene que ver con ese pacto. Pinochet siguió como comandante en jefe, luego como senador… Esa era la democracia chilena, a la sombra de la dictadura. Hoy estamos en un momento complejo: tenemos un gobierno socialdemócrata que está siendo boicoteado por la derecha económica de manera brutal. Este año, como dije, se cumplen 50 años del golpe y uno esperaría que la sociedad, que toda la sociedad, lanzara el grito de que eso nunca más vuelva a ocurrir. Pero no, no es algo generalizado. Creo que tiene mucho que ver con la imposibilidad de las izquierdas para organizarse bien, masivamente, en contra de un enemigo feroz que está presente en muchos países del mundo.

P. Bueno, en España está pasando lo mismo.

R. Sí, sí. En todas partes. Es terrible. Mira: cuando ocurrió la revuelta social, pensábamos que era el hartazgo de la dictadura que seguía presente entre nosotros. Pero al ver los últimos acontecimientos, parece que no. Parece que no había un sentimiento político, ahora resulta que se ha elegido a los herederos del pinochetismo para hacer la Constitución.

P. ¿La escritura le ayuda a entender su país?

R. La escritura siempre es una herramienta para entender. O para intentar entender. Los procesos son largos y habrá que esperar. Justamente estaba escribiendo sobre la vocación que tiene la literatura para estar registrando a lo largo de la historia el horror, la locura, la violencia. Esto se hace con la esperanza de registrarlo para que en el futuro no vuelvan a ocurrir atrocidades. Pero parece que hemos fracasado. Homero fracasó, los que le siguieron fracasaron y, sin embargo, creo que no debemos dejar de intentarlo. Tal vez no sea suficiente. Porque la literatura es sólo un campo y lo que se requieren son políticas públicas.

“La literatura tiene una vocación de registrar a lo largo de la historia el horror, la locura, la violencia”

P. ¿Cuál fue su reacción al ver el resultado del referéndum?

R. Fue una reacción tristísima. El proceso fue muy rápido, no hubo una gran campaña para dar a conocer la Constitución, pero sí hubo una campaña de desinformación de parte de la derecha, con muchas mentiras. Yo estuve trabajando, puerta a puerta, en contra de eso. Luego del referéndum, con ese “No” tan contundente, fue un gran golpe.

P. ¿Le dio miedo o vergüenza?

R. Ni miedo ni vergüenza. Me dio mucha tristeza. También me dio mucha rabia, la verdad. Es que… no quiero tener miedo, Juan. Porque el miedo te derrota. Lo que sí tengo es mucha molestia, mucha rabia, mucha tristeza. Siento que el enemigo es muy poderoso y que muchos no se han dado cuenta. Durante mucho tiempo vivimos una realidad inamovible y como que era más fácil pensar y parecía que todo era muy previsible. Luego llegó la democracia y después estalló la revuelta social. Y de ahí hasta ahora es muy difícil comprender todo. Es difícil, pero hay que intentar pensar y comprender. Yo estoy en eso. También es importante registrar lo que pasa porque, si no comprendemos ahora, a lo mejor en el futuro sí.

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P. A usted la salva escribir.

R. Siempre, siempre. Absolutamente. Yo siento que seguimos en el 11 de septiembre de 1973, cuando el Palacio de la Moneda queda hecho escombros. Nosotros seguimos todavía debajo de esos escombros. No hemos salido, pero tengo la esperanza de que saldremos. Es un proceso, lo sé, y los grandes cambios ni son fáciles ni son rápidos. Esto no termina con un referéndum ni con un proceso constituyente. Esto es el inicio, digo yo.

P. ¿Cómo se lleva la escritora con la realidad?

R. Me cuesta salir de la realidad, me es difícil imaginar una novela sólo de ficción, como alguna vez escribí, porque lo real está muy presente. A ratos me encantaría huir de esta realidad, pero por ahora no. Acá hubo un ímpetu que exige grandes transformaciones y espero que no se apague. Pienso mucho en el 38% que votó a favor de la Constitución, y que ahora todos debemos convencer a los demás.

P. ¿Qué le está inspirando ahora para escribir?

R. Pues el día a día. Ya te digo: me es difícil salir de la realidad. Pero también me sigue convocando el pasado. Pienso mucho en los escombros de la Moneda. Pienso en los 50 años del golpe militar. En eso pienso.

“Si en este país hubiese más cariño, tal vez no tendríamos los problemas que estamos teniendo”

P. Usted menciona una expresión de Salvador Allende ante sus fieles de los principios de su mandato: “Más pasión y más cariño”. ¿Cuál sería hoy una proclama para Chile?

R. Como sigo basuriando [buscando elementos] en el pasado, retomaría una: más cariño y más pasión. Porque si en este país hubiese más cariño, tal vez no tendríamos los problemas que estamos teniendo. También enarbolaría otra proclama: nunca más. Nunca más una dictadura.

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P. Nació con el golpe próximo, lo vio llegar cuando tenía tres años. Un tiempo que parece que se repite. ¿Qué postal le manda usted a aquella infancia que vivió siendo aún una niña sin pasado?

R. Una postal que tengo aquí en mi escritorio: el Palacio de la Moneda bombardeado. Creo que yo no he salido de ahí. Los niños no entendían muy bien lo que ocurría.

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