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El reto de hacerse mayor con VIH


Texto: Bego Contreras Logo Becontent


Las personas con el virus de inmunodeficiencia humana pueden sufrir envejecimiento prematuro, lo que se traduce en un mayor riesgo de sufrir patologías asociadas a la edad como las enfermedades cardiovasculares, hipertensión, la diabetes, las fracturas óseas o el deterioro neurocognitivo y funcional.

Cada año, más de 3.000 personas en España (un millón y medio en todo el mundo) reciben este diagnóstico demoledor: positivo en VIH. La buena noticia es que los avances en el tratamiento antirretroviral de los últimos 30 años han hecho posible el incremento de la supervivencia y que las personas con infección por el virus de la inmunodeficiencia humana puedan tener una esperanza de vida similar a la de la población general. Siempre, eso sí, que se diagnostique y se trate de manera precoz.

En poco más de tres décadas, se ha conseguido que una enfermedad mortal se haya convertido en crónica y controlable. Y eso, algo impensable en los años 80 cuando se empezaron a diagnosticar los primeros casos, plantea nuevos desafíos: cada vez adquieren mayor importancia la calidad de vida. Según los datos de ONUsida, se estima que en el mundo hay más de ocho millones de personas con VIH mayores de 50 años.

Aspectos como la depresión, el insomnio o la ansiedad presentan una mayor prevalencia en estos pacientes, que, además, padecen de forma prematura otros problemas de salud como enfermedades cardiovasculares (ECV), hipertensión, diabetes o fracturas óseas: “Si los comparamos con la población general, las personas con el VIH tienen un riesgo dos veces mayor para las ECV, tres veces mayor para el riesgo de fracturas, y un riesgo de enfermedad renal comparable al que existe en las personas con diabetes”, señalan en el “Documento de consenso sobre envejecimiento en las personas con VIH”, elaborado por el Plan Nacional sobre el Sida y la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología.

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“Si los comparamos con la población general, las personas con el VIH tienen un riesgo dos veces mayor para las ECV, tres veces mayor para el riesgo de fracturas, y un riesgo de enfermedad renal comparable al que existe en las personas con diabetes”

Documento de consenso sobre envejecimiento en las personas con VIH.

Empezar a envejecer a los 50

Según ese documento mencionado, las estimaciones realizadas en los países de nuestro entorno para el año 2030 predicen lo que se ha denominado como “tsunami plateado”, en el que los adultos mayores representarán casi el 70% del total de los infectados.

La práctica clínica ha puesto de manifiesto que la mayoría de los pacientes que se atienden en consulta son personas mayores de 50 años. Es a esa edad, con una década de antelación en relación al resto de la población, cuando el sistema inmunológico de los pacientes infectados comienza a deteriorarse. De acuerdo con los datos recopilados por la Encuesta Hospitalaria de pacientes con infección por el VIH del año 2021, las personas con VIH mayores de 50 años constituyen el 53,3% del total de los pacientes atendidos. Por lo que se requieren estrategias que permitan abordar la realidad de este colectivo.

El reto de hacerse mayor con VIH

El primer paso para mantener el virus bajo control a largo plazo es el diagnóstico precoz. Y, sin embargo, de todos los nuevos casos detectados cada año, alrededor del 50% son diagnósticos tardíos, lo que significa que el paciente llega en peores condiciones y se hace más complicado el manejo del virus. La adherencia al tratamiento antirretroviral también es crucial, no solo para controlar la replicación del virus sino también para combatir los efectos del envejecimiento prematuro asociado.

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Además de los hábitos saludables, otro aspecto fundamental para garantizar una buena calidad de vida a largo plazo es el entorno social. En una patología como el VIH, todo aquello que la rodea influye directamente en lel bienestar. De hecho, se estima que del 30% al 55% de los resultados en salud tienen que ver con determinantes sociales, como el estigma.

Este factor puede suponer la aparición de trastornos del sistema nervioso central, ansiedad, trastornos psicológicos o, incluso, el consumo de sustancias, lo que hace necesario el abordaje multidisdiplinar. Aunque en España el estigma ha disminuido en los últimos 10 años, según el estudio “Creencias y actitudes de la población española hacia las personas con VIH 2021”, todavía hay un 17% de la población que asegura que evitaría el contacto con una persona con VIH, un 10% que dice que no tendría ningún tipo de relación y sólo un 9% que querría ser su vecino.

Deja tu huella

De todos los casos que se detectan en España, casi el 50% son diagnósticos tardíos y, alrededor del 7,5% de las personas con VIH que viven en nuestro país ni siquiera lo saben porque no están diagnosticadas.

Para poder reducir estas cifras a cero y así conseguir una posible eliminación del virus, es fundamental revisar las estrategias de prevención y diagnóstico y derivación para hacer frente a unas necesidades que han evolucionado con el paso de los años. En este sentido, hay iniciativas como ‘Deja tu Huella’, desarrollada entre Gilead y la sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES), que ya está dando sus frutos. Este proyecto, que promueve la automatización de la petición de serologías en ciertas circunstancias en las urgencias hospitalarias, ha permitido detectar más de 1.200 nuevos casos en los últimos 2 años y ha reducido el tiempo de diagnóstico en urgencias en 23 días, pasando de 30 a 7, lo que ha permitido evitar más de 4.500 nuevos contagios. Para lograr estas cifras, se han realizado más de 100.000 serologías en los 121 hospitales adscritos al proyecto.

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