El pueblo que intenta vencer al desierto



Para sobrevivir a veces hace falta reinventarse por completo, tal y como lo hizo Omar Ibrahim Ba en Widou (Senegal) cuando decidió vender todo su ganado y comprarse una placa solar. Ahora es una de las personas más solicitadas en el pueblo: todos quieren cargar sus teléfonos móviles en su base de enchufes. Cobra 30 céntimos por recarga y es “el businessman del pueblo”.

Esta es una de las historias que plasma la fotógrafa documental Marta Moreiras en su reflexión visual A la sombra de las acacias que acoge Casa África, una exposición que plasma la vida de un pueblo de pastores peul que vive en la zona de la Gran Muralla Verde al norte del país vecino. Un pueblo de pastores que, al igual que Omar Ibrahim, ha tenido que cambiar su forma de vida de manera radical y abrazar la agricultura y el sedentarismo debido al cambio climático.

Las temperaturas extremas, la sequía y la falta de sombras amenazan su estilo de vida que durante tantos años ha estado en equilibrio con el ecosistema de una zona que hace medio siglo era verde y que ahora se está viendo directamente afectada por la desertificación. Esta situación es habitual en la zona del Sahel: el desierto avanza y hay que encontrar la forma de vencerlo.

La Gran Muralla Verde es una iniciativa liderada por la Unión Africana y promovida por el ex presidente de Senegal Abdoulaye Wade que persigue este objetivo: “La Gran Muralla Verde no es un muro verde de árboles que cruzan todo un continente. Es un proyecto con muchas aristas, con un gran mosaico de acciones. No es solo plantar árboles. Es revitalizar un ecosistema, reactivar una economía local y devolver la posibilidad de vivir y habitar una zona a un pueblo que se siente desamparado y casi expulsado de su territorio. Donde no hay agua y no hay verde, no hay vida”, explica Moreiras que, afincada en Senegal desde 2015, busca reflejar esta realidad en sus fotografías sin alejarse de la cotidianidad.

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En Widou, tal y como muestran las fotografías de Moreiras, hay un vivero de pequeños árboles. Tal y como explica la fotógrafa, la participación y la implicación de la población local es imprescindible para reforestar poco a poco los territorios afectados, donde es crucial el papel de las mujeres. Ellas representan el 52% de la población en la franja de la Gran Muralla Verde que pasa por Senegal y son las que trabajan los huertos en pueblos como Widou. También es clave la labor de educación de los más pequeños: además de aprender a leer y escribir, también aprenden agricultura y botánica.

Aunque la educación también hace que los más jóvenes se alejen de su pueblo y no quieran volver: “Lo que hay en Widou es una escuela primaria. Los padres que quieren que los hijos continúen estudiando, imperativamente los tienen que mandar fuera de la zona. Quieren mandar a sus hijos a San Luis o a Dakar para que aprendan, para que se nutran de ese conocimmiento y vuelvan a casa a ayudar en este combate contra el desierto. ¿Qué ocurre? Que descubren la gran ciudad y otro tipo de experiencias que no conocían en su casa. Y muchos no vuelven, no quieren volver”, relata Moreiras. Y puntualiza: “Es un problema que está ocurriendo en el mundo entero: el abandono de las zonas rurales y la migración masiva hacia las ciudades en busca de trabajo”.

La fotógrafa documental compara, salvando las distancias, la situación con lo que puede ocurrir en países como España: “Muchos no quieren volver a la dura vida del campo. Quieren encontrar trabajo en Dakar, tener una casa, un coche y quedarse. Muchos no son conscientes de la importancia de volver…. Nada que no esté ocurriendo en España con la España vaciada, el abandono del rural, la concentración de la gente en las ciudades… Es un proceso inevitable”, concluye.

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Además de este proyecto, Marta Moreiras es una artista que está especialmente interesada en los procesos participativos que permiten establecer un diálogo con la sociedad para promover la justicia social y la igualdad de género. Desde 2012 imparte talleres de fotografía participativa para colectivos como supervivientes de la trata de personas, adolescentes en riesgo de exclusión o personas con diversidad funcional. Exposiciones como El Parlamento de las mujeres de África o Una mirada inclusiva son fruto de estas formaciones.

A la sombra de las acacias podrá visitarse en Casa África hasta el 26 de enero de 2024 de lunes a viernes y en horario de 09.00 a 18.00 horas. Compuesta por un total de 35 imágenes y un vídeo, ponen el foco en un lugar concreto (el Valle del Ferlo en el norte de Senegal) y en una injusticia global: la de como el cambio climático se ceba con África, el continente que menos contaminación emite y que, una vez más, es el que más sufre sus consecuencias.

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