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El mito político de Iowa, en cuestión por la espantada de los demócratas



«¿Votará usted a Donald Trump en noviembre ?», «No», contesta Jeff Magner en una de las decenas de actos políticos celebrados en Iowa en la última semana a los que ha acudido este jubilado de Florida. «¿Votará entonces a Joe Biden?». «Tampoco. Me votaré a mí mismo. Estoy registrado como candidato a la presidencia en la Comisión Electoral Federal. Miro a los candidatos y estoy más cómodo conmigo mismo», asegura mientras mordisquea un trozo de pizza regalado en el evento. Para Magner, un fanático de la política que disfruta alternando con los candidatos, Iowa es el paraíso. Este estado de carácter rural, tamaño medio, discreto, que no destaca por nada, territorio ‘fly-over country’, donde los aviones sobre todo pasan por encima sin parar, tiene un peso político desproporcionado en EE.UU. Cada año por esta época vienen aquí miles de operativos de campaña, voluntarios, periodistas y turistas políticos, como Magner (y su esposa, que niega con el dedo índice cuando se le pregunta si al menos ella votará a su marido). La razón está en su papel inaugural en las primarias presidenciales, los célebres ‘caucus’ celebrados ayer y dominados por Trump, donde a sus principales rivales, Nikki Haley y Ron DeSantis , solo les quedaba la lucha por ser el mejor entre los perdedores. Noticia Relacionada estandar Si Trump, el ‘rey’ de Iowa: «Si estás en el cielo, estás con él. Si estás con el demonio, estás con Biden» Javier Ansorena El estado inaugura el lunes las primarias republicanas con sus caucus, la fórmula arcaica de elección de candidatos en reuniones vecinales Iowa es desde 1976 el refugio de los sueños imposibles en política. Aquel año, un demócrata de Georgia llamado Jimmy Carter, aspirante con pocas posibilidades a la Presidencia, puso el poco dinero que tenía -100.000 dólares actuales- para su campaña en estas llanuras de cereal. Logró el triunfo y creó un runrún sobre su campaña que acabó con la nominación del partido y con sus posaderas en el Despacho Oval. La realidad es que, desde Carter, solo dos candidatos que han ganado aquí han llegado a la Casa Blanca: George W. Bush en 2000 y Barack Obama en 2008. Pero Iowa sí ha actuado de lanzadera de candidatos improbables. La última vez, hace cuatro años, cuando Pete Buttigieg , un alcalde imberbe de una ciudad de Indiana, sorprendió con una victoria en Iowa y sembró las dudas sobre el favorito entonces, el actual presidente Joe Biden. Ese triunfo ha permitido a Buttigieg ser una figura en la política nacional -ahora es secretario de Transporte- y credenciales para una segura candidatura presidencial en el futuro. Trampolín para campañas Iowa importa porque es trampolín para campañas, pero también porque criba a los candidatos. Los aspirantes de poco peso que no obtienen un buen resultado aquí se ven forzados a hacer la maleta. Iowa importa a la política, y la política importa a Iowa. «Tiene un impacto económico enorme», asegura a este periódico Jimmy Olsen, director ejecutivo de la Oficina de Comercio de Des Moines, la principal ciudad del estado. «Viene muchísima gente con las campañas, llenan los hoteles y los restaurantes, contratan conductores, organizan eventos, alquilan espacios. Y no solo cerca de los caucus. Tan pronto como anuncian una campaña, abren una oficina aquí y vienen durante meses». Un estudio de la Oficina de Convenciones y Visitantes de Des Moines estima que en la semana previa a los caucus, el impacto económico directo de la campaña será de 4,2 millones de dólares en la ciudad. Es mucho menos que en 2020, cuando fue de 11,3 millones de dólares. Hay razones para ello: el frío histórico de esta semana (ayer fueron los caucus más fríos de la historia, con una sensación térmica que rondó los -40 grados) y el favoritismo total de Trump, frente a unos caucus mucho más abiertos hace cuatro años. Papel amenazado Este papel de Iowa, sin embargo, está ahora amenazado. Los demócratas decidieron el año pasado romper la tradición y que este estado del Medio Oeste no inaugure sus primarias. En su lugar, han elegido a Carolina del Sur. La justificación es que Iowa no representa la diversidad del electorado demócrata. Pero es imposible desligarlo del caos organizativo de hace cuatro años, cuando los demócratas tardaron semanas en dar los resultados por problemas en el recuento. Y también hay parte de ‘vendetta’ de Biden, que tuvo un resultado desastroso aquí -fue cuarto- y al que Carolina del Sur y su potente electorado negro le salvaron las primarias. «No nos han dado la oportunidad de redimirnos de esos errores», lamenta Bret Nilles, presidente del partido demócrata en el condado de Linn, que reconoce el hundimiento del partido en su estado. Desde que ganó Obama aquí en las presidenciales de 2008, Iowa se ha vuelto completamente republicana , a todos los niveles: gobernador, mayorías en las cámaras legislativas, diputados y senadores en el congreso, todos son republicanos. Este año importa poco, porque con Biden en la Casa Blanca no tiene rival serio en primarias. «Todos los demócratas de Iowa tienen la esperanza de que nos vuelvan a colocar primeros en las primarias», dice Nilles, pero, ante el poco peso del partido, es difícil que ocurra. La decisión demócrata pone en duda el papel de Iowa como forjador de carreras políticas. Pero los republicanos, al menos de momento, mantienen su confianza. «Los demócratas han desertado aquí», aseguró Trump en un mitin este sábado. «Mientras yo tenga algo que decir en el partido republicano, seguiréis siendo primeros en la nación».

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