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«Ejercer el poder con megalomanía y revanchismo genera una incertidumbre que debilita la democracia»


El expresidente colombiano Iván Duque (2018-2022) hace más de diez meses que abandonó la Casa de Nariño y cedió el testigo del poder a Gustavo Petro, de cuya victoria electoral se cumple el próximo jueves un año. Esta semana, Duque ha viajado a Madrid para participar en la Cumbre Concordia sobre retos globales como la seguridad energética o la ciberseguridad, a la que ha asistido como coordinador de Concordia para la Amazonia, que tendrá lugar a finales del próximo mes de julio, y cuyo objetivo es «trabajar en un concepto: soluciones basadas en la naturaleza, pero cimentadas en el mercado para poder generar ingresos en las comunidades amazónicas que nos permita proteger, transformar y conservar áreas que han estado altamente vulnerables», explica el exmandatario en una entrevista con ABC. Duque también ha aprovechado su visita para tener encuentros con sectores políticos y empresariales españoles, « todo para mantener la agenda de diálogo sobre lo que está pasando en América Latina».

Esta visita se produce semanas después de la realizada por su sucesor, una cita que no estuvo exenta de polémica por su actuación y sus declaraciones en algunos de los actos en los que participó. «Hay una diferencia de enfoque en la manera en la que aproximamos nuestra relación con España –asegura Duque–. Cuando yo ejercí la Presidencia siempre me concentré en que pasáramos ya la página del discurso y las diatribas de división muy cimentadas en el pensamiento de los años 70 de algunos escritores extremistas que vivían invocando la independencia del yugo español, que poco contribuyen. Yo acuñaba una frase contraria a la de Eduardo Galeano. Él hablaba de ‘las venas abiertas de América Latina’ y yo hablo de las venas cerradas y de cómo la relación de España con América Latina tiene que ser siempre constructiva y siempre reconociendo nuestra herencia: los factores comunes que tenemos. Yo creo que España ha enriquecido históricamente muchísimo nuestra región, contrariamente a lo que muchos otros por motivos ideológicos han difundido», explica. Para Duque resulta «triste volver a escuchar esos discursos retardatarios y divisivos, que poco ayudan a entender la historia porque la descontextualizan».

En su opinión, los países de América Latina se pueden dividir en dos tipos: «Los que dirigen su democracia y sus políticas públicas basadas en realidades, en argumentos, en cifras, en indicadores…; y los que quieren cimentar su gobierno en la palabrería, la demagogia y el populismo. Yo creo que hoy los españoles pueden notar esa diferencia, por lo menos en lo que tiene que ver con Colombia», subraya.

Estando aquí en Madrid, Petro hizo unas declaraciones que provocaron un enfrentamiento enconado con el fiscal general, Francisco Barbosa –elegido cuando usted era presidente–, que hicieron temer que la división de poderes en Colombia corría peligro…

—Creo que eso no le ayuda a la democracia colombiana. Tengo la tranquilidad de haber trabajado con tres fiscales: Néstor Martínez Neira, elegido por la Corte Suprema después de haber sido propuesto por mi antecesor (Juan Manuel Santos), y trabajé con él de manera transparente y coordinada en la lucha contra el crimen organizado. Tras su renuncia, durante ocho meses trabajé, también muy bien, con el fiscal Fabio Espitia. Después lo hice con el fiscal Francisco Barbosa, que es un hombre de gran formación, un verdadero jurista. Es la primera vez que tenemos un fiscal que en el pasado fue un fiscal especializado, y que fue elegido por unanimidad por la Corte Suprema de Justicia. Y también trabajamos sin ningún quebranto, pues nuestro objetivo era trabajar contra el crimen organizado. Por eso, me llama mucho la atención que ahora veamos de parte de la Presidencia (de Colombia) pugnas que invaden casi las competencias de la fiscalía. Y lo que es aún más grave, la idea del desconocimiento constitucional de que el fiscal es un empleado del presidente de la República. Eso ha generado traumatismo y una respuesta airada y contundente por parte de las altas Cortes. Pero eso muestra también el peligro que se cierne sobre Colombia cuando la visión que tiene el presidente en ejercicio es que cuando pueda proponer un candidato para la fiscalía puede buscar un correveidile. Y tener un fiscal que esté sometido al poder ejecutivo quebranta la esencia de la separación de poderes.

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Tras esta polémica, usted llegó a tildar a Petro de «emperador»…

—Yo no le llamé «emperador», lo que sucede es que hay personas que se creen emperadores porque creen que el poder nace y termina en ellos. Lo que yo he dicho es que en las democracias nosotros no elegimos emperadores, elegimos presidentes bajo el principio de separación de poderes, de pesos y contrapesos. Cuando el poder se ejerce con megalomanía, con revanchismo, y lo que es peor, con ‘vendetta’, eso genera un marco de incertidumbre donde se debilita la democracia misma.

Hay quienes han visto en la confrontación de Barbosa con Petro una excusa o un instrumento para impulsar su propia carrera política de cara a las próximas elecciones. Usted que conoce bien al fiscal general, ¿qué opina?

—El fiscal Barbosa es un académico, un hombre de absoluta transparencia y rigor. Ha estado muchos años en la academia. Y además ha tenido una gestión pública siempre honorable cuando ha ejercido cargos con el Estado. Y hoy está defendiendo el Estado de derecho de nuestro país. Yo no le he escuchado a él que tenga ninguna intención política, no creo además que la tenga, pero si en algún momento de su vida decide hacerlo, mientras siga manteniendo los valores que le han caracterizado, es bienvenido que personas como él tengan el deseo de servir al país en distintos frentes. Creo que intentar estigmatizar a alguien que está cumpliendo su labor con el argumento de que tal vez, en un futuro, tenga intenciones de participar en una elección, me parece absolutamente absurdo. Me parece que lo que hay que aplaudir es que Colombia, más allá de las personas, tiene instituciones que han mostrado su valor. Y en particular, lo que yo he visto en el fiscal Barbosa es que es una persona independiente y tiene un gran sentido patriótico a la hora de enfrentarse al crimen organizado con pruebas, con sustento, y con la contundencia de ir articulado en un sistema judicial que demanda el más alto rigor para el procesamiento de criminales.


El exmandatario colombiano durante la entrevista


guillermo navarro

En las últimas semanas, el escándalo del ‘niñeragate’ ha salpicado a personas muy cercanas al presidente, que ha desembocado incluso en acusaciones de financiación ilegal de su campaña. Petro se ha defendido afirmando que existe un «golpe blando» para descabalgarle del poder…

—Esa teoría de los «golpes blandos» es una narrativa para tratar de difuminar lo que realmente está pasando. Si fuera un «golpe blando», se lo estaría propinando el propio Gobierno. Porque, ¿dónde se origina la polémica? En que se perdió una maleta (la prensa colombiana habla de cinco maletas en las que había 3.000 millones de pesos, más de 660 millones de euros) en la casa de una funcionaria (la ya exjefa de Gabinete de Petro, Laura Sarabia). Lo que se tenía que hacer era poner la denuncia y dejar en manos de las autoridades la investigación. Pero la funcionaria decide llevar a la niñera (sospechosa del robo) a una oficina pública –para llevar un tema privado– para que le hagan una prueba de polígrafo. Después la fiscalía se entera de que hubo una interceptación (escucha) ilegal a esa persona para intentar corroborar si se había llevado la maleta. La polémica la agita aún más un embajador de este Gobierno (en Venezuela), que entra en confrontación con la jefe de Gabinete (Sarabia) y terminan saliendo unas grabaciones en las que este embajador (Armando Benedetti) deja abierto un manto de duda sobre la financiación de la campaña presidencial. A esto se suma, que un policía vinculado a la Casa de Nariño y la seguridad presidencial aparece muerto. Y sin que se practiquen las medidas de medicina legal se dice que es un suicidio. Entonces, «golpes blandos» son los que el Gobierno está propiciando. Lo que esperamos en una democracia es no lanzar conjeturas, ni juicios temerarios y que sean las autoridades las que esclarezcan esto.

En 2019, siendo presidente, usted vaticinó que a Nicolás Maduro le quedaba poco tiempo en el poder. Han pasado cuatro años, y a día de hoy parece que su figura está siendo rehabilitada, principalmente por Petro y Lula, pero no solo por ellos…

—Es triste. No me arrepiento de haberlo dicho. Creo que en ese momento había unas condiciones a nivel internacional mejores para haber podido llevar esa dictadura a su final. Lo que es lamentable es que a pesar de las evidencia de las violaciones de derechos humanos, de la investigación abierta por la Corte Penal Internacional, la realidad de los presos políticos y de las restricciones democráticas estamos viendo cómo los países quieren tratar a Nicolás Maduro como si fuera un demócrata y un ejemplo de liderazgo democrático; y eso no solo es hipócrita sino que también es un elemento gravísimo de complicidad frente a la más violenta de las dictaduras que tiene hoy el hemisferio occidental.

Entre esos países a los que me refiero no solo están los próximos ideológicamente, sino otros que antes han negado a Maduro de manera contundente y reiterada.

—Lo que me preocupa a mí es la falta de coherencia que hay a veces en el escenario internacional. Hay personas que son muy vociferantes contra Vladímir Putin, y resulta que lo que Maduro le ha hecho al pueblo venezolano es lo mismo que le ha hecho Putin al pueblo ucraniano: violaciones sistemáticas de derechos humanos, destrucción, generación de migración masiva… Ojalá que el silencio o la ambigüedad no les termine convirtiendo en los cómplices más grandes de la dictadura de Maduro.


presidente de Colombia Gustavo Petro (i), se reúne con su homólogo venezolano Nicolás Maduro hoy, en el Puente Atanasio Girardot, en la frontera entre Colombia y Venezuela el pasado mes de febrero


EFE

Hace unos días Petro anunció desde Brasil que Colombia volvía a Unasur (Unión de Naciones Suramericanas ), organización de la que usted la sacó en 2018.

—Colombia siempre ha respaldado los procesos de integración. Era un foro de coordinación y de discusión que terminó convertido en una especie de lavadora reputacional del régimen de Maduro y de Chávez. Se convirtió en una herramienta de difusión del régimen. Y lo que es aún más grave, Unasur nunca dijo nada del apoyo que Venezuela brindaba a grupos terroristas, ni sobre los presos políticos, ni el cierre de medios de comunicación… Entonces para qué estar en una organización que es todo lo contrario a los valores que nosotros defendemos. Además fue transformada en una organización para fracturar el sistema interamericano. Dije que cuando fuera presidente de la Republica retiraría a Colombia y lo hicimos; y promovimos Prosur, con los presidentes Lacalle, Macri, Piñera…, cimentada en valores democráticos y en libertad económica. Ahora lo que quieren es revivir el muerto (Unasur) con la intención de lavarle la cara a los dictadores, así lo vimos en la última reunión en Brasil.

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Ahora hay una nueva marea roja en la región, liderada por gobiernos izquierdistas, ¿su casi total hegemonía se debe a sus éxitos o a los fracasos de la gestión de los gobiernos de derecha?

—La política no hay que analizarla linealmente, la política es ella y sus circunstancias. No es la primera vez que América Latina tiene gobiernos de izquierdas,. En las primera décadas de este milenio estaban Lula, Bachelet, Chávez, Correa, Kirchner, Celaya… La política tiene esos momentos pendulares en que se pasa de una orientación a otra. El problema que yo veo es que en el método de acceso al poder que han tenido en los últimos años confluyen tres fenómenos: populismo, posverdad y polarización. Llegan al poder vendiéndole a la ciudadanía soluciones mágicas e inmediatas a partir de generar odio y división. Y después, cuando llegan al gobierno son absolutamente ineptos, incapaces, poco gerenciales y corruptos. Y por eso rápidamente pierden el apoyo popular. Ya lo hemos visto en varios países de América Latina. Y ya estamos viendo que el péndulo es mucho más rápido, y ya está cambiando porque al final del día la gente no es tonta y sabe cuánto cuesta la comida, cuánto ha caído la producción industrial, el mercado de la vivienda, el de la inversión… Muchos países están viendo cómo tanta palabrería provoca incertidumbre y pérdida de valor.

«En el método de acceso al poder que han tenido en los últimos años (los gobiernos de izquierda) confluyen tres fenómenos: populismo, posverdad y polarización»

Iván Duque

Expresidente de Colombia

La semana pasada, el Gobierno de Colombia firmó un alto el fuego con el ELN por seis meses, aplaudido y considerado un gran éxito del presidente para algunos, pero también muy cuestionado por otros, como usted…

—Yo no creo en él. El ELN es un grupo terrorista y estos bandidos dijeron que firmaban un cese al fuego bilateral, pero que eso no incluía los secuestros, que los siguen llamando retenciones; eso no incluía la extorsión, que ellos llaman impuestos. Eso es un chiste. Durante los 17 meses que duró la negociación entre el ELN y el Gobierno de mi antecesor (Juan Manuel Santos), más de 100 personas murieron y se produjeron más de 400 actos terroristas y más de 10 personas fueron secuestradas. Ahora han hablado de cese el fuego bilateral y siguen presentándose muertos, extorsiones y el intento de atentar contra la infraestructura energética de Colombia. Un cese al fuego bilateral bajo esas premisas es una claudicación del Estado de derecho y de la fuerza pública frente a su deber constitucional de enfrentar el crimen.

La persona que atentó contra su vida también se ha visto beneficiada por este acuerdo…

—Sí, los han premiado a todos. Los han querido nombrar gestores de paz, sin saber dónde están y cuál es la gestión que van a hacer. Lo que están haciendo es suspender la acción de la fuerza pública contra estos criminales. Lo peligroso es que son ciudadanos que siguen atentando contra el pueblo colombiano. Si queremos evitarlo tienen que decir dónde están, cuáles son sus restricciones de movilidad, a qué se comprometen y, sobre todo, que haya absoluta transparencia para que cualquier violación a esas premisas lleve a que pierdan inmediatamente la condición de gestores de paz. Aunque en mi opinión, nunca deberían haber tenido esa condición de gestores de paz. Deberían estar en la cárcel y pudriéndose por los delitos que han cometido.

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