De ‘Súperpedorro’ a la receta de unas galletas navideñas: los cuentos infantiles miran a la nutrición



“Al final los niños son muy sabios. Ayer hablaba a un niño de tres años de la batalla entre bichitos buenos y bichitos malos y me dice: no son bichitos malos, son virus. ¡Me desmontó mi explicación!” Lo cuenta Ángela Quintas, Química Orgánica y Clínica y experta en nutrición y microbiota, y ahora también autora de cuentos infantiles. Quintas acaba de publicar, en la editorial Timun Mas Infantil y con ilustraciones de Ingrid Valls, Superpedorro. Un cuento para conocer los bichitos que tenemos en la tripa, un libro para explicar la microbiota a los más pequeños pero que además incluye recomendaciones para las familias.

No es el único cuento infantil que aborda la nutrición y la alimentación. En un país en el que un 23,3% de las niñas y niños tienen sobrepeso y el 17%, obesidad (datos de la Federación Española de Diabetes), en los últimos meses, la misma editorial ha publicado otros dos cuentos que abordan la alimentación y nutrición infantil: Cuentos para minichefs. Cinco cuentos con cinco recetas para los peques de la casa (escrito por Alma Obregón, cocinera y divulgadora) y Tina disfruta comiendo. Cinco historias para que la hora de la comida sea un momento feliz (escrito por Conchi García).

“Sin duda, una de las formas para conseguir que los niños coman variado y coman bien es metiéndoles en la cocina, porque desde el momento en que empiezan a conocer los ingredientes y a entender los conceptos, les interesa”. Alma Obregón es rotunda. El suyo es, justamente, un libro para que los más pequeños puedan hacerlo. Los protagonistas de sus cuentos son sus propios hijos y las historias que se cuentan les ayuda a introducir una receta, que tiene que ver con momentos del año que son importantes para ellos: el cumpleaños, la Navidad, el arranque del curso escolar, las vacaciones de verano, Halloween… “Que los niños cocinen incluso ayuda a que practiquen las matemáticas, para que lean los que ya saben, para que desarrollen la motricidad… Es la excusa para hacer un montón de cosas con ellos”.

Ángela Quintas coincide en la importancia de que las criaturas entren en la cocina y aprendan a manipular alimentos. “La nutrición debería ser una asignatura escolar, porque al final comemos al menos tres veces al día y es algo que vamos a hacer a lo largo de toda la vida. Estaría genial que tuviéramos una mínima información sobre qué tenemos que comer y cómo tenemos que comer”.

Los tres libros son para niñas y niños, para ser leídos con ellos, pero los tres añaden, al final, recursos para las familias: ¿Qué hago si quiere merendar tarta cada día? ¿Cómo distribuimos los grupos de alimentos en cada comida? ¿Qué hago si mi hija o hijo es alérgico a algún alimento y no puede comerlo en el colegio? Son algunas de las cuestiones a las que Conchi García trata de responder en su cuento.

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Obregón, en este sentido, incluye ingredientes alternativos en sus recetas para los niños intolerantes o alérgicos, y ofrece una serie de consejos para cocinar con peques. Quintas, en su caso, ofrece algunas indicaciones sobre el tránsito intestinal, las gastroenteritis y las formas y colores de las deposiciones.

Perder el miedo a las verduras

Tanto Obregón como Quintas añaden a las ventajas de cocinar con niños que hacerlo ayuda a perderle el miedo a algunos alimentos a los que los más pequeños pueden rechazar. “Cuando ellos elaboran un plato luego tienen más ganas de probarlo que si se lo encuentran directamente en la mesa”, explica la autora de Cuentos para minichefs.

Algo así propone García en las historias de Tina, la protagonista de su cuento. Tina va al mercado a comprobar la gran variedad de frutas que existen, y descubre cómo puede que algunos alimentos verdes no le gusten mucho pero otros sí, y no deje de probarlos solamente porque asocia su color a algo amargo o no muy sabroso. “Que vaya contigo al mercado y vea la cantidad de frutas que hay, los diferentes colores, texturas y tamaños y que te ayude a prepararlas… Esto es fundamental”, explica Quintas.

“Esta idea de ‘a mi hijo no le gustan las verduras‘ hay que desterrarla”, añade la experta en nutrición. “Puede ser que haya un momento en el que empiecen a tener una mala relación con las verduras por una experiencia desagradable en el comedor del cole, por ejemplo, pero hay que seguir insistiendo por otros caminos”. Quintas cuenta, en la conversación, una experiencia personal: cómo su hijo dejó de querer comer verduras en una etapa porque en el cole le pusieron un puré de puerros “que tenía pelos”.

Uno de los trucos que utilizó para superar esta etapa sin eliminar las verduras fue -confiesa- esconderlas. “Esto le pasa también a los adultos, puede que una textura determinada no te encante, pues con los niños, igual”, dice. Y añade que, precisamente en su libro Las recetas de Adelgaza para siempre: Menús fáciles, variados y saludables (Planeta, 2018), hay muchas recetas de “verduras camufladas“: “Son recetas que yo hacía en casa, como espaguetis de calabacín o lasaña de berenjena, con todo muy camuflado para que mi hijo volviera otra vez a tener ganas de comer verdura”, explica.

Lo mismo se puede aplicar a la fruta: detrás de un “a mi hija no le gusta la fruta” puede esconderse un “a mi hija no le gusta la fruta que yo quiero que coma”. “A mi hijo no le podía dar un plátano o una fresa que me los tiraba a la cara, pero se agarraba al limón como si no hubiera un mañana”, dice con una sonrisa. “Así que en esa primera etapa de bebé estaba todo el día comiendo limones, pomelos… A veces hay demasiados prejuicios, pero si es la fruta que le gusta, hay que dársela”.

¿Peligro? El azúcar

No, no todos los azúcares son el enemigo ni son peligrosos. Las recetas de Alma Obregón son de repostería y esto puede ser una sorpresa para muchos. Ella aclara que es importante distinguir el sabor dulce de los azúcares refinados, incluidos en los alimentos ultraprocesados -en muchos casos, incluso, en alimentos salados-, que son todos los que ya se encuentran cocinados o preparados en las tiendas de alimentos. “Ninguna de estas recetas incluye azúcar refinado”, explica Obregón, que mantiene un canal en YouTube dedicado a la repostería. “Hoy en día existen muchas alternativas para endulzar, pero incluso cuando hacemos un postre casero de repostería tradicional que lleva azúcar o mantequilla, siempre va a ser más saludable que comprarlo ya hecho“.

Quintas coincide en esta distinción y advierte de que, justamente, los ultraprocesados están entre los elementos que más daño hacen a la microbiota (la flora microscópica que vive en el estómago e intestinos). “Se sabe que lo que más daña a la microbiota es el estrés y lo segundo, el consumo de antibióticos, pero es importante saber que los ultraprocesados están en la lista también”, explica. “Nunca es lo mismo un bizcocho que hagas en casa que un bollo que puedas comprar en una tienda”.

Quintas había dedicado sus últimos libros a abordar estos problemas: por qué me duele la tripa y algunas patologías digestivas, así que cuando la editorial le sugirió que escribiese algo para el público infantil, quiso seguir sobre estas cuestiones. “Los niños también tienen que saber que convivimos en nuestro organismo con bacterias, que tenemos que cuidarlas y que hay que normalizar algunas cosas que parecen raras pero no lo son tanto”.

Esas cosas que parecen raras son, justamente, los pedos. De ahí que el protagonista sea un superhéroe infantil que sufre una gastroenteritis: Súperpedorro. “Se considera normal que una persona se llegue a tirar 20 pedos al día y lo que no es bueno es llegar a casa lleno de gases, porque te puede provocar un cólico”, explica. Nada más atractivo para los más pequeños: el cuento de Quintas es la fiesta de lo escatológico. Al acabar la historia, el cuento ofrece una escala de heces, una clasificación que ayuda a entender el estado de nuestra microbiota y de nuestros intestinos. “A lo largo de la historia, cuando no había medios para hacer analíticas, realmente lo que se hacía para detectar enfermedades era justamente mirar las heces, porque al final nos dan mucha información sobre el estado de esa persona”, indica. “Los niños lo hablan sin ningún pudor y sienten curiosidad, y está bien que lo hagan. Al final es algo que sale de su cuerpo”.

Súperpedorro incluye también consejos para conseguir un buen tránsito intestinal y sobre las mejores posturas para hacer las deposiciones sin dañar nuestra musculatura. “Si te fijas, los bebés que llevan pañal muchas veces se ponen en cuclillas cuando están defecando porque esa postura es mucho más natural que hacerlo sentados”.

La cara B de la higiene

Algo a lo que los cuentos dedican un espacio específico es a las alergias e intolerancias, crecientes en la población infantil. Los cuentos para minichefs incluyen ingredientes alternativos y una de las historias de Tina se centra en la celiaquía. Quintas también alerta sobre los motivos por los que están aumentando las alergias e intolerancias alimentarias. “Esto se debe a mil cosas, el momento del parto es fundamental, por ejemplo. Si es vaginal, la madre transmite parte de sus bacterias al bebé y le inmuniza. El aumento de las cesáreas hace que cada vez se dé menos esta inmunización natural”, explica. “Pero además, no les dejamos que jueguen y que se ensucien y esto hace que su sistema inmune esté muy debilitado”.

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El avance de la higiene, también después de la pandemia, tiene una siniestra cara B en el aumento de las alergias e intolerancias alimentarias. Ensuciarse les permite inmunizarse, igual que convivir con animales. “Hay estudios en los que se ha visto que los niños que crecen en familias en las que hay mascotas tienen una microbiota más diversa y cuanto más diversidad tengan, más protegidos están”, explica.

Para proteger esa microbiota y evitar diarreas y enfermedades más graves, se comienza a oír hablar de los probióticos, pero esta experta recuerda que tampoco son la panacea. “No todos los probióticos valen para todo, es importante que una persona -pediatra- controle qué tipo de probiótico se le administra al peque y en qué dosis”, aclara. “Al final, si un niño tiene una alimentación correcta y saludable no hacen falta probióticos, que además están presentes en muchos de los alimentos que consumimos a diario, como los yogures”.



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