CRÍTICA DE ARTE | Cómo los europeos se inventaron América


Una mañana, en la Galia casi ocupada, los irreductibles habitantes de una aldea de Armórica se daban guantazos a cuenta de la frescura del pescado. Para templar los ánimos, Astérix y Obélix deciden irse a faenar, pero una tormenta los aleja de la costa. Tras varios días de travesía y algunas dificultades solucionadas a mamporrazos, los feroces galos tocan tierra. Para llenar el buche, Obélix sale a buscar jabalíes, pero solo encuentra unos pajarracos negros que hacen gluglú. Mientras exploran la zona, una flecha se clava entre los dos. A contraluz, sobre una rama, un cazador (nariz trapezoidal, una pluma en la diadema, carcaj y arco) imita el sonido del pavo. Obélix se distrae y a Astérix lo tumban arreándole con un tomahawk en la mollera.

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