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Cory Doctorow: “Ni siquiera la extrema derecha niega ya el colapso ambiental”


-Soy zuckervegan. No tengo Facebook, WhatsApp ni Instagram.

Las condiciones del canadiense Cory Doctorow para realizar una entrevista son claras. O una llamada telefónica o alguna alternativa que no pase por el imperio digital de Mark Zuckerberg. Finalmente, Cory acepta usar Jitsi, una plataforma basada en software libre, para hablar de Walkaway (Capitán Swing, 2023), su última novela.

Walkaway recrea un planeta agonizante en el que millones de personas se ponen a caminar, alejándose del sistema (denominado pordefecto). Los caminantes usan tecnologías libres de patentes y viven en comunidades cooperativas y sostenibles. En un mundo azotado por el calentamiento global, los caminantes descubren algo que los zotas (los ultrarricos) nunca pudieron comprar: la inmortalidad. El libro es un trepidante tecnothriller en el que Doctorow despliega una imaginación desbordante para disipar los nubarrones distópicos que se ciernen sobre el mundo.

Cory Doctorow, una de las voces más reconocidas en la lucha por las tecnologías libres y las libertades digitales, combina la docencia universitaria, la gestión de su empresa informática OpenCola y la escritura. Sus novelas, traducidas a decenas de lenguas, le han consagrado como uno de los escritores más aclamados de nuestro tiempo. Cultiva la literatura infantil (Poesy The Monster Slayer, 2020), literatura juvenil, la novela gráfica (En la vida real, Sapistri, 2015) y la ciencia ficción, en la que aterrizó con su aclamado Pequeño Hermano (Puck, 2011).

P. En el pasado evocado en Walkaway, mucha gente comenzó a caminar, a alejarse de las ciudades, a huir del sistema. ¿Por qué?

R. Es la Ley de Stein: “si algo no puede seguir avanzando para siempre, se para”. Cuando tienes un sistema tan manifiestamente insostenible… Vamos a tener una crisis continua para los próximos siglos por nuestra inhabilidad para resolver la cuestión climática. Si no conseguimos solidaridad, la crisis va a ser terrible.

Es más barato espiar a la gente que construir un hospital. La gente rica ha elegido espiar, en lugar del hospital”

P. Una frase de Jimmy, uno de tus personajes, da pistas: “Eran caminantes porque no había nada para ellos en pordefecto: ni dinero para el alquiler ni seguro médico ni comida”.

R. Cuanto menos feliz es la gente, más tienes que esforzarte para que no protesten y te arrebaten lo que tienes. Cuando la tecnología hace que controlar a la gente sea más barato, inviertes para prevenir protestas y parar a los refugiados. Es más barato espiar a la gente que construir un hospital. La gente rica ha elegido espiar, en lugar del hospital. Solo quieren maximizar beneficios y descubrir cuál es la mejor manera de evitar un alzamiento.

P. El libro comienza con una “fiesta comunista”, que en inglés tiene el doble sentido (party significa partido y fiesta), en la que prima la solidaridad y la empatía. “Estamos jugando a un juego diferente”, dice alguien en la fiesta.

R. Incluso los más hipercapitalistas reconocen que es ineficiente estar en un ambiente en el que la gente no confía en los otros. Por ejemplo, si no confías en la persona a la que le alquilas tu casa tienes que contratar a un seguro. La solidaridad fallida genera gastos. La pregunta es cómo llegamos a un mundo más solidario.

P. Los “caminantes” hablan de la “amabilidad de los desconocidos”. Hace unos años Audrey Tang, ministra de Asuntos Digitales de Taiwán entre 2016 y 2022, me dijo que “confiar en desconocidos es revolucionario”. ¿Está de acuerdo?

R. Sí, estoy de acuerdo.

P. En Walkaway existe un lado oscuro de la tecnología, especialmente alrededor de la vigilancia. Pero la resistencia también la usa con fines comunitarios. ¿La tecnología favorece el altruismo en situaciones de desastre?

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R. La tecnología hace la colaboración más simple. Por eso el software libre es tan importante. Muestra el camino para producir bienes públicos. Si vives en un mundo de softwares colaborativos es más fácil provocar otros métodos de colaboración y otros hábitos de trabajo.

P. Los caminantes usan fab labs para imprimir objetos. Imprimen hasta sus ropas. Hace una década, se decía que los fab labs y el hardware libre que posibilitan imprimir objetos de forma barata eran una nueva revolución industrial. Pero seguimos en un mundo industrial basado en las patentes…

R. Cuando le cuentas a los políticos todo el mal que hace Apple cerrando el código de sus productos, lo único que se les ocurre es forzar a Apple a liberar su código… y eso está bien… Pero no consiguen imaginar que debería ser legal una ingeniería inversa para abrir un Iphone y colocarlo en cualquier App store. El sentido común dice que si algo está cerrado con silicio nunca puede ser abierto. No es verdad. El hackeo del hardware es la base de nuestra posible liberación tecnológica.

P. Hace unos años el movimiento del software libre, de la transparencia, vivía un momento explosivo. Wikipedia, Wikileaks… Las redes sociales digitales parecían emancipatorias. En 2023, los algoritmos controlan nuestras vidas. Vivimos en burbujas digitales. ¿Qué ha pasado?

R. Hace una década pensábamos que los reyes de hoy podían ser reemplazados por otros mejores. El gran dilema es si mejoramos esa tecnología o si la abolimos. Yo soy abolicionista, tenemos que deshacernos de esta gente. Pero hoy sabemos que no es posible. Ahora se trata de hacer a Mark Zukerberg (fundador de Facebook) mejor, no de hacerle desaparecer. Nos hemos rendido. Estas plataformas van a reinar por una eternidad. Pero vamos a forzar que los reguladores obliguen a que sean mejores.

P. En los mails que intercambiamos antes de esta entrevista, usted escribió:”No tengo Whatsapp. Soy zuckervegan. Ni Facebook, WhatsApp o Instagram”. ¿Por qué?

R. Ser zuckervegan no va a resolver el problema, pero me da placer. No puedes dejar Facebook porque tus amigos están allí, y tus amigos no pueden dejar Facebook porque tú estás allí. No eres una mala persona porque quieras estar en contacto con tus amigos. Yo soy afortunado al tener cierta visibilidad social y poder, para incentivar que la gente use los servicios que a mí me gustan. Como tengo ese privilegio, lo uso para abrir conversaciones como esta. El problema de Facebook se resuelve regulando, imponiendo condiciones que les haga más difícil retenernos como rehenes.

P. El escándalo de Cambrigde Analytica, que reveló que Facebook y otras plataformas vendieron datos de millones de usuarios, abrió una nueva era. La extrema derecha retuerce el método de la publicidad segmentada, canaliza mensajes de miedo, incluso fake news

R. Lo que deberíamos preguntarnos es por qué hay tanta gente receptiva a los mensajes de los ultraderechistas demagogos. El problema es que vivimos en un mundo en el que los liberales han marcado la agenda. Pusieron en marcha ideas fallidas, como proteger a los bancos, salvarlos de las crisis. Argumentan que el mercado se regula a sí mismo…

P. Los zotas en Walkaway son una casta aislada. Simbolizan a las grandes corporaciones, al capitalismo salvaje. Lanzan teorías de la conspiración para mantener sus privilegios…

R. Y esa gente se ha llevado por delante a los partidos de izquierda. El discurso negacionista antivacuna dice: “no confío en las compañías farmacéuticas porque solo piensan en sus beneficios”. El mundo liberal dice, “no, estás equivocado, las empresas están bien”. Y creo que no es verdad. Cuando solo la extrema derecha dice que todo el sistema está mal, la gente empieza a confiar en la extrema derecha. Yo, como izquierdista, creo que las condiciones materiales de la gente son importantes para entender sus creencias y sus acciones, y si solo la derecha habla de las condiciones materiales, pues… Incluso aunque la derecha se haya dedicado a destruir a la clase trabajadora, la gente les apoya porque son los únicos que ofrecen una explicación que encaja con su experiencia material.

P. Uno de los objetivos de Occupy Wall Street o del 15M en España era mejorar la democracia. Ahora, ante el empuje de la extrema derecha, parece que las izquierdas se limitan a intentar conservar la democracia como era, antes de aquella crisis de la democracia.

R. Bueno, creo que eso lo dicen los liberales, no la izquierda, que quiere una democracia mejor.

P. Me refiero a que había un movimiento para mejorar el funcionamiento de la democracia, y ahora el debate es otro. En el caso brasileño, tras los ataques a los tres poderes de Brasilia, la izquierda está queriendo volver a la democracia clásica, conservarla, ante esa extrema derecha que dice que esta democracia no les sirve.

R. Bueno, yo creo que hay muchos izquierdistas que están queriendo lidiar con la emergencia climática, con la emergencia de la vivienda, con la crisis económica, con quitarle cosas a la gente rica. Lo que dicen los liberales es que tenemos que mantener el statu quo teniendo una mejor democracia. Quieren más participación, no más políticas públicas. Pero hay muchos izquierdistas a los que les gustaría ver cambios radicales, una restructuración social.

P. Muchos gurús de Silicon Valley y los liberales en general defienden la “libertad de expresión” a cualquier coste. Incluso para justificar fake news, ataques de trolls. Elon Musk restauró la cuenta en Twitter de Donald Trump, así como miles de cuentas suspendidas en Brasil por fake news, usando el argumento de la libertad de expresión.

R. Que haya gente usando argumentos estúpidos sobre la libertad de expresión no significa que no haya que defenderla. Luchar por la libertad de expresión no es fascista, es antifascista. Yo tengo recelo de que el Estado intervenga en las formas de expresión, porque viví el once de septiembre en Estados Unidos y vi cómo controlaron todo. Si creas poderes para limitar la libertad de expresión, van a ser utilizados por el establishment.

Doctorow, trabajando en su estudio. / Jonathan Worth.

P. En Walkaway hay un nodo de Anonymous que forma parte de la resistencia. En el mundo real, muchos perfiles de Anonymous, anclados en la libertad de expresión, se han acercado a posiciones conservadoras. ¿Qué ha pasado?

R. Algo se explica porque el FBI encontró a los Anonymous más progresistas y los metió en la cárcel. Rompieron sus redes. Pero no sé qué ha pasado con el movimiento Anonymous… Tal vez ahora tengamos más movimientos progresistas visibles y más formas de hacer tecnología radical. No hay necesidad de estar en la sombra, ahora son iniciativas públicas.

P. En el libro hay varias referencias a los pueblos indígenas. Cita la “economía del don” y prácticas no capitalistas de sostenibilidad. ¿Otra tecnología posible pasa también por rescatar y replicar tecnologías ancestrales indígenas?

R. En Canadá, los indígenas se han convertido el epicentro de la discusión en los círculos izquierdistas. Aunque tenga algo de subcolonialismo, ha sido muy productivo y poderoso para tejer conexiones entre diferentes luchas. Los indígenas son una gran fuente de buenas prácticas organizacionales y de resistencia.

P. En Walkaway, el colapso ambiental está muy presente. ¿Ha cambiado la conciencia mundial sobre el calentamiento global?

R. Incluso en la derecha, el negacionismo del calentamiento global ha desaparecido. Ha migrado hacia un tipo de ecofascismo con un sentimiento antimigración. Hay gente comprando búnkeres en Nueva Zelanda. Están convencidos de que llega el fin del mundo, y no están equivocados… En Estados Unidos y el Reino Unido ha nacido una paranoia sobre la ciudad de los 15 minutos [proyecto para rediseñar las ciudades para que sus habitantes desarrollen todas las actividades personales, laborales y de ocio accediendo a todos los servicios a 15 minutos a pie o en bicicleta]

P. Está pasando en Madrid, donde la ciudad de los 15 minutos es la bandera de un partido de izquierda. Hay grafitis en las paredes diciendo que eso es una prisión…

R. La extrema derecha se ha radicalizado. Piensa que llega el colapso ambiental y que la ciudad de los 15 minutos es la consecuencia. Ya no niega el colapso. Estamos en la fase de qué vamos a hacer para evitarlo.

Imaginar otro acuerdo social para la tecnología y la economía es el paso necesario para un mundo mejor. El ejercicio de formular futuros es anticapitalista, antineoliberal”

P. En sus obras de ficción existe un fuerte despliegue de la imaginación. ¿Cuál es el papel de la imaginación en nuestro mundo?

R. La razón por la que Margaret Thatcher fue tan rotunda al afirmar que no había alternativa al capitalismo era porque no quería que imagináramos otra alternativa. Si consigues imaginar otro acuerdo social, estás siendo radical. Los trabajadores de las grandes tecnológicas querían otro acuerdo social en la tecnología, se imaginaban que la tecnología iba a ser utilizada de otra manera. Estoy leyendo mucho sobre los luditas (movimiento que se rebeló contra las máquinas al inicio del siglo XIX). En el Reino Unido se llegó a promulgar la pena de muerte, no para quienes destruían máquinas, sino por jurar lealtad a los luditas. Imaginar otro acuerdo social para la tecnología y la economía es el paso necesario para un mundo mejor. El ejercicio de formular futuros es anticapitalista, antineoliberal.

P. Entre los jóvenes estadounidenses existe una nueva tendencia: dejar los móviles en una caja y estar varias horas juntos, sin conexión digital…

R. ¡Y se llaman a sí mismos luditas! Lo que estos chicos están haciendo es demandar otro tipo de relaciones en la tecnología y en la existencia. Están diciendo: queremos elegir cómo funciona nuestra tecnología.

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P. Para concluir. ¿Qué hace Cory Doctorow cuando no usa tecnología y no está conectado?

R. ¡Leo! Bueno, no sé si llamarás a lo que hago cuando nado “desconectado”, porque nado con un aparato de MP3 acuático y escucho libros. Amo leer mientras nado.

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