Conciertos con sonido en 360º: “Cierras los ojos y sientes a los músicos tocando alrededor”



Un concierto en el que se sientas, te colocas unos auriculares y “si cierras los ojos, tienes la sensación de que el cantante está ahí delante de ti y casi puedes olerle el aliento, y notas el contrabajo entrando por detrás, y los instrumentos flotando alrededor”, explica Nico Roig, tratando costosamente de poner palabras a la inmersión sensorial que representa el sonido binaural, o 360º, o 3D. Es el formato con el que este sábadfo presentará su nuevo álbum, Esto frío no vale nada, en la sala 3 del Auditori de Barcelona, dentro del ciclo Sit Back. “Te pone los pelos de punta…, ¡para bien!”.

Este disco, con su predominio de texturas acústicas (guitarras, contrabajo, percusiones, piano), es idóneo para esta tecnología, en la que voces e instrumentos se colocan en el escenario alrededor de un micrófono con forma de cabeza humana. En su interior, sendos dispositivos estéreo recogen el sonido, envueltos en unas “orejas de goma”, y “esa suma genera la sensación de espacio y de tres dimensiones”, explica este avezado guitarrista barcelonés, siempre abierto a la exploración.

Los asistentes, sentados alrededor, escuchan la actuación a través de auriculares con volumen graduable, y la diferencia respecto al estéreo es “que se capta lo que hay detrás y lo que hay delante”. En esos conciertos “se genera una energía muy directa, a la vez que se escucha el silencio mismo y se crea una comunión muy fuerte con el público”. Un efecto de cercanía pura que, señala Roig, “equivale a estar asistiendo a un concierto en casa”.

Control del sonido

Este formato sonoro se va abriendo paso poco a poco, en escenarios reducidos, y se ha podido apreciar en contextos como el festival (a)phonica, de Banyoles, y en una muestra concebida exprofeso como es el Festival Real 360º, en la sala Paral·lel 62. “Debería ser más habitual, porque te permite vivir el concierto de un modo muy cercano”, cavila Nico Roig, involucrado en esta experiencia innovadora de la mano de la agencia Intacta Music. Para cantantes e instrumentistas, comporta un “control total del sonido” y es fuente de inesperadas gratificaciones. “Que la guitarra clásica suene bien en un concierto suele ser un infierno, y con el sonido binaural es un placer. Hasta que lo probamos no fui consciente de mi insatisfacción con el sonido de los conciertos”.

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El álbum Esto frío no vale nada, en el que toman parte voces como Sílvia Pérez Cruz, Rita Payés y Alessio Arena, transmite desde su título la intención de aprovechar el momento y capturar la chispa, y resulta ser la obra más extrovertida de este músico cuyo historial incluye episodios con Pau Vallvé, Maria Coma y Raül Refree, y las formaciones Os Meus Shorts y The Crappy Mini Band.

Un disco con variados influjos latinos que Roig filtra a su libre manera y que no responde a un estudio concienzudo de los géneros tradicionales. “No, no, lo mío es especulación, fruto de haber escuchado mucha música. Siempre me ha gustado la música brasileña y ver cómo arriesgaban ahí, con percusiones potentes y mezclas sorprendentes”. La heterodoxia que le rige puede tener efectos inesperados. “Hay gente que me ha dicho que La tonta canción, que yo pensaba que era una ranchera, le parece un fado. Pero para mí está todo mezclado”.

Entre el jazz y el pop

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El origen del álbum se sitúa en un grupo, Las Rancheras Maravillosas, que Roig formó en tiempos todavía pandémicos con Rita Payés, Pol Batlle y Lucía Fumero. “Íbamos a casas a tocar rancheras y boleros”. La hija del contrabajista Horacio Fumero es su cómplice más estable, también su pareja y madre de su hijo, de cinco meses. “Venimos de lugares bastante diferentes, ella más del jazz y yo del pop, y lo que hacemos refleja el punto en que ambos mundos se encuentran, vaciando por un lado y llenando por el otro”.

El sonido binaural lo ha puesto Nico Roig en escena en otras ocasiones, en el Mercat de Música Viva de Vic, en La Pedrera (dentro del Grec) y en el mismo Auditori, contando a veces con cómplices como Tarta Relena o Marina Herlop. Este sábado se presentará al frente de un septeto en el que figura su introductor en esta materia sónica, Cote Fournier, así como Lucía Fumero, Pol Batlle, Didak Fernández, Juan Berbín (percusionista de Seward) y Juan Pastor. Sendas gradas de público, una en cada lado, y en el centro, ese curioso micrófono de contornos humanos, “que no es ningún mono de feria”, hace notar el músico. “A mí me ha atrapado”.

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