cómo consumir cuando no hay capacidad de ahorro


En los últimos años los periodos de crisis han superado la excepcionalidad que los caracteriza: la crisis económica de 2008, la pandemia y el último periodo de una inflación sin precedentes han configurado un nuevo escenario, particularmente para los jóvenes. En el paso a la vida adulta de muchos consumidores solo han conocido este contexto e inevitablemente su comportamiento se ha visto condicionado por la necesidad de adaptarse al mismo.

El profesor del IESE, José Luis Nueno, ha investigado sobre este fenómeno y lo ha explicado en su libro ‘Todo es terrible, pero yo estoy bien’, editado por AECOC, en el que analiza los hábitos de un consumidor en ‘permacrisis’, que principalmente afecta a los jóvenes. El especialista sostiene que, paradójicamente «los ciudadanos más mayores son más cautos en sus inversiones, mientras que los jóvenes, que forman parte de este consumidor en ‘permacrisis’, siguen realizando gastos en partidas como ropa barata, bares y restaurantes, entretenimiento o viajes de bajo coste, porque no se pueden permitir ahorrar a largo plazo».

Nueno explica a ABC que la mayoría de jóvenes no consideran medidas de ahorro y se les plantean dos situaciones: «Por una parte, los jóvenes ganan lo justo, lo que no les permite ahorrar. Por otro lado, los que ganan bien sí pueden plantearse ahorrar y en este segundo escenario es donde sí pueden plantearse reducir su gastos en partidas discrecionales, como ocio, viajes, restauración, para ahorrar para proyectos a largo plazo», enfatiza.

Además, el investigador explica que este comportamiento responde a las condiciones del entorno que ha inoculado el pesimismo en la juventud ante las escasas posibilidades que tienen de independizarse, crear su propio hogar o formar una familia, lo que está asociado a un gasto elevado. Dicha limitación genera un obstáculo para proyectarse a largo plazo, uno de cuyos vectores es el ahorro, y genera que los jóvenes ajusten su presupuesto a gastos más asequibles. Este perfil de consumidor, según el análisis del profesor, «todavía no siente el peso de las cargas financieras más recurrentes, como seguros o hipotecas, por lo que destina parte de sus ingresos a placeres asequibles, que son los que puede permitirse».

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Nuevo considera que si los jóvenes no pueden decidir sobre dichos aspectos, las partidas de gastos elevados se resienten y terminan por afectar a sectores potentes de España, como la automoción, la fabricación de electrodomésticos o el inmobiliario, entre otros. «Si estos gastos no se producen, estos sectores, que son generadores de empleo, sufren. Si lo único que generamos son consumidores con capacidad para consumir en tickets de bajo coste, sólo mejorarán los sectores de gasto bajo», afirma el especialista de IESE. Por otro lado, es importante destacar que si no existen proyectos a largo plazo los jóvenes no se independizan y ello repercutirá en la manutención a largo plazo de los hijos por parte de los padres.

El fenómeno se refleja en la creciente polarización del consumo en las compras de productos de categorías más baratas y las de lujo. Sobre el tema, Nueno explica que «hasta los consumidores que más recortan en su gasto invierten en gamas altas para premiarse. Tenemos al consumidor ‘permacrisis’ asfixiado y por eso busca recompensarse con viajes, restaurantes y ocio».

Apoyo al consumo

Para el experto, la administración sí podría tomar medidas para fomentar el ahorro en los jóvenes, «por ejemplo, llegando a acuerdos con los bancos para que, por cada euro ahorrado, la administración sume un 5% a 10%, o el porcentaje que sea. Se trata de tomar medidas dirigidas a este grupo de consumidores para contribuir al ahorro, fomentarlo y mejorar la remuneración de estos grupos de edad», propone Nueno.

Resalta sobre todo el interés de otros sectores de recibir contribuciones de la población que ahora es joven pero que a futuro se espera que pague las facturas de los servicios. «Las compañías pueden contribuir a generar ahorro creando tarifas más accesibles a los jóvenes, que les permitan periodos de cierto desahogo en sus gastos no discrecionales, que son los que más asustan», concluye Nueno.

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Consumos esenciales

El informe de AECOC destaca que, si bien la situación económica de la mitad de los hogares ha empeorado por diferentes factores, el consumidor promedio sigue gastando en determinadas partidas, destinando en 2023 un 35% más que el año pasado en ocio, espectáculos, cultura y viajes. Además, un 16% está comprando más productos ‘premium’ y el 61% sigue saliendo igual o más que en 2022 pasado a bares y restaurantes.

La economía despliega una serie de aspectos que no todos puede resolver por el contexto que les ha tocado vivir, por ello es necesario tener en cuenta las condiciones a futuro de los diferentes grupos sociales, que indirectamente también terminarán por paralizar la capacidad de gasto los consumidores.

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