Celine Song, la directora que podría dar la sorpresa en los Oscar con ‘Vidas pasadas’



Cautivadora e increíblemente conmovedora. Una ópera prima perfecta. Exquisita. Milagrosa. La primera gran película de 2023. Son solo algunos de los elogios que Vidas pasadas recibió de la crítica internacional inmediatamente después de su estreno mundial en el Festival de Sundance, en enero pasado, y desde entonces ni su buena reputación ni las expectativas derivadas de ella han dejado de crecer.

En estos momentos, quienes se consideran especialistas en los Oscar dan por segura su próxima presencia entre los títulos candidatos a la estatuilla en las principales categorías. “Cualquier publicidad que anime a más espectadores a ir a verla al cine me hace tremendamente feliz”, opina sobre esa acogida su directora, Celine Song. “Y creo que hace que me sienta menos sola, más conectada con el mundo”.

La historia que Vidas pasadas cuenta tiene mucho de autobiográfica. La protagoniza una escritora nacida en Corea y residente en Nueva York que, muchos años después de dejar Seúl, conecta a través de Skype con quien fue su amor platónico durante la niñez. Varios años más después, el joven viaja a Manhattan para visitarla, y el reencuentro provoca en ella emociones complejas relacionadas con las decisiones tomadas a lo largo de su vida, entre ellas la de casarse con su amable y comprensivo marido.

La película resultante puede definirse como una relectura comprimida de la trilogía Antes del, de Richard Linklater, o como una versión de Breve encuentro (1945) que paradójicamente transcurre a lo largo de dos décadas y media. Nada parecido, en otras palabras, al tipo de debut cinematográfico que cabría esperar de alguien que, como Song, hasta ahora se había dedicado a narrar solo desde el ámbito de la dramaturgia. “Me pareció que esta historia requería ser contada a través del cine, que el escenario teatral se le quedaba pequeño”, explica la directora. “Los personajes viajan a lo largo de 24 años y a través de dos continentes, y me pareció importante poder reflejar con exactitud el efecto que el paso del tiempo tiene sobre ellos y los contrastes entre Seúl y Nueva York”.

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Song primero se llamó Ha Young; cambió de nombre tras mudarse junto a sus padres a Ontario (Canadá), con 12 años. Alrededor de una década después se instaló en Manhattan para formarse como escritora. Allí, mucho después, protagonizó el episodio que inspira Vidas pasadas, y que de hecho aparece recreado en su primera escena. “Me encontraba en un bar del East Village, sentada entre mi marido y el hombre que había sido mi mejor amigo de la infancia, y que había venido a verme desde Corea. Yo era la encargada de traducir lo que ambos decían, de hacer posible la conversación, y de repente me sentí increíblemente poderosa, como una superheroína. En aquel momento, gracias a mí, dos épocas y dos espacios distintos parecían plegarse los unos sobre los otros”.  

Lo que sucede en Vidas pasadas a partir de ese prólogo no es un simple melodrama sobre el amor y el desamor, sino que habla de algo mucho más trascendente. “Me interesa reflejar cómo el tiempo cambia por completo a una persona pero también cómo, a la vez, hay algo que permanece inmutable en nosotros con el paso de los años. La niña que una vez fui sigue viva dentro de mí”.

De hecho, la peripecia argumental de la película es vehiculada por un concepto que los coreanos conocen como Inyeon, y según el que cada interacción que tenemos con otras personas, ya sea un encuentro casual y fugaz con un extraño o una relación larga y estrecha, está predestinada por nuestras experiencias y existencias previas. “Puede que dentro de 20 años tú y yo nos volvamos a encontrar para hablar de la que tal vez será mi vigésima película, y entonces nos acordaremos de este preciso momento, y viajaremos en el espacio y en el tiempo para reencontrarnos con las personas que somos ahora. Eso me parece mágico”.

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De confirmarse su participación en la temporada de premios cinematográficos que no tardará en empezar, es probable que Vidas pasadas sea sucesivamente comparada con la más reciente ganadora del Oscar a la Mejor Película, Todo a la vez en todas partes (2022), pese a que a primera vista no podrían ser dos ficciones más distintas entre sí -una es un sutil drama romántico, la otra es un espectáculo de artes marciales que transcurre en el multiverso-; después de todo, detrás de las dos se encuentra la productora de moda, A24, y ambas observan la experiencia de mujeres asiáticas en Estados Unidos, que existen entre dos culturas y dos identidades, para reflexionar sobre los caminos que tomamos en la vida y aquellos que decidimos no tomar.

“Nada de lo que estoy experimentando ahora habría sucedido si no me hubiera mudado de Seúl a Canadá o de Canadá a Nueva York, o si no me hubiera casado con mi marido, o si no hubiera tomado el riesgo de escribir una película en lugar de una obra teatral”, reconoce Song, y confiesa encontrarse exactamente en el punto donde quiere estar. “Me he enamorado del cine y es lo que quiero seguir haciendo, pase lo que pase, para siempre”.

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