Carlota Pereda busca nuevos horizontes con ‘La ermita’



No es tan común que un director o directora visite Sitges dos años seguidos para presentar película, y quizá menos aún en el contexto nacional. Pero es lo que ha logrado la madrileña Carlota Pereda, que tras salir de la anterior edición con el Méliès de Oro por Cerdita, presenta ahora La ermita en estreno internacional. “En realidad, esta nueva película estuvo a punto de ser la primera”, explica Pereda. “Parecía que Cerdita se iba a retrasar y [la productora] Laura Fernández me propuso este guion de Albert Bertran Bas y Carmelo Viera, con el que conecté mucho. Por entonces estábamos en pandemia y yo no dejaba de preguntarme qué pasaría si yo me moría. Qué pasaría con mi hija“. 

En la película, la pequeña Emma (encantadora Maia Zaitegi, debutante con ocho años) quiere aprender a comunicarse con el espíritu de una niña que lleva siglos atrapada en la ermita de un pueblo vasco. Para ello busca la ayuda de Carol (Belén Rueda), una médium algo dudosa, pero sin la que, en principio, Emma nunca podrá lograr su objetivo final: poder seguir en contacto con su madre enferma después de que esta muera.   

Si su película revelación fue un singular acercamiento al slasher, un sangriento alegato contra la gordofobia, su nueva obra pertenece al subgénero de la ghost story, interesante para Pereda sobre todo en su vertiente literaria: “Me encantan Otra vuelta de tuerca, de Henry James, o La maldición de Hill House, de Shirley Jackson. Me gustaba mucho más en la literatura que en el cine. De no haber conectado con esta historia, quizá no habría escrito una yo misma por mi cuenta”.  

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Para la gente herida

Lejos de la visceralidad lo-fi de Cerdita, este drama sobrenatural ha sido cuidadosamente filmado en formato panorámico (“los personajes debían aparecer perdidos en el espacio, en el lugar”) y parece dirigido a todos los públicos, sobre todo el más herido. “En un período de mi vida que pasé mucho tiempo en hospitales, fue muy importante para mí ver Los viajes de Sullivan, de Preston Sturges. Entendí que algunas películas cobran un valor especial si las ves en el momento que lo necesitas. Yo no he hecho La ermita para mí, sino para gente que en situaciones como las de la pandemia se ha podido sentir herida“.

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Muy posiblemente, el algoritmo de Netflix nos la recomendará algún día después de que veamos El orfanato. No solo por la presencia de Belén Rueda, sino también por pertenecer igualmente a la posible subsección terror reparador. “Por supuesto, esa película me encanta, pero no quería dejarme vampirizar por un clásico así… ¡Y encima con la misma protagonista!”. A cambio se agarró al influjo de Mi vecino Totoro, de Hayao Miyazaki (“fíjate”), y Ouija: el origen del mal, de Mike Flanagan. 

Todavía demasiado sola 

Pereda es un raro caso de directora española con dos largos de terror en su currículo. ¿Por qué no hay más como ella? Nuestra entrevistada explica que existen un par de factores: “Por un lado, hay directoras a las que no les gusta el género. Por otro, en España es difícil en general levantar una película de esas características, pero todavía más si eres mujer. A día de hoy, no nos acercamos ni de lejos a los compañeros hombres en temas presupuestarios. Y cuanto más bizarro es el terror, más difícil es que vayas a encontrar financiación”.

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