ANTONI BENAIGES | Los ecos del mar resuenan en la vieja escuela del maestro republicano fusilado en Burgos


“El mar será muy grande, muy ancho y muy hondo. La gente va allí a bañarse. Yo no he visto nunca el mar. El maestro nos dice que iremos a bañarnos. Yo digo que no voy a ir porque tengo miedo que me voy a ahogar”. Para Lucía Carranza, una niña de Bañuelos de Bureba, un pequeño pueblo encajonado en una abrupta hendidura de la estepa burgalesa, al lado de Briviesca, tuvo que ser una satisfacción ver una redacción suya publicada en un cuaderno. Eran mediados de los años 30, en plena República y la suerte o el destino, quizá, había querido que ganara plaza fija en el pueblo un maestro catalán, Antonio Benaiges, que había andurreado de interino por Madrid y Colmenar Viejo. 

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