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Alex Batty, el niño británico reaparecido, mintió sobre su huida para proteger a la madre y al abuelo


Alex Batty tenía 11 años en el momento en que desapareció en el sur de España, concretamente en Málaga donde estaba de vacaciones. El niño, de nacionalidad británica, fue presuntamente, secuestrado en 2017 por su madre, Melanie, y su abuelo materno. Sin embargo era su abuela paterna, Susan Caruana, la que tenía la custodia del menor quien, ahora, tras seis largos años, ha reparecido en Touluse (Francia) tras pasar toda su adolescencia en una «comunidad espiritual» en los Pirineos alejado del mundo real. Al parecer, el ya joven de 17 años habría escapado de la ‘jaula’ de su progenitora ante la intención de esta de llevársele a Finlandia.

Fue el pasado día 13 cuando las autoridades francesas hicieron pública su reaparición. Alex reconoció entonces haber sido «secuestrado» y llevado a esta especie de secta donde ha permanecido en cautiverio todo este tiempo, pero ninguna palabra sobre su madre. Hasta ahora. Lo ha hecho en declaraciones al medio británico ‘The Sun’, donde reconoce que mintió sobre su huida para proteger a su captora.

Al fin y al cabo, Alex es solo un chico de casi 18 años -los cumple en marzo del año que viene- que desea llevar una vida normal como cualquier otro joven de su edad e ir al colegio -sueña con convertirse en ingeniero informático-. Algo que no ha podido hacer durante estos seis largos años en los Pirineos franceses bajo el ala de su madre, a quien define como «una gran persona, pero no una gran madre». Intentó convencerla para que se mudaran a una granja más cercana a la civilización. Pero nada.

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Harto de la vida nómada que le ofrecía Melani y de trabajar con su abuelo paterno para poder mantenerse, dijo basta el pasado 9 de diciembre. Aunque ya «empecé a pensar en irme cuando tenía 14 o 15 años», relata al citado medio británico. Simplemente se dio cuenta de que «no era una buena vida para mi ni para mi futuro».

Dos días después, el 11, Alex abandonó la casa a la que se acababan de mudar los tres cerca de la localidad de Chalabre a medianoche. Llevaba consigo una mochila con cuatro camisetas, tres pantalones, calcetines, pantalones, una linterna, cien euros y una navaja suiza, además de su patinete. Su objetivo era llegar a Touluse, a unos 112 kilómetros de distancia al norte. Pero antes necesitaba asegurarse de que las autoridades no localizaran el paradero de su madre ni el de su abuelo para protegerles y que no les acusaran de secuestro de menores. De ahí que inventara la historia de que llevaba cuatro días deambulando por las montañas: «He estado mintiendo para intentar proteger a mi madre y a mi abuelo, pero me he dado cuenta de que los terminarán atrapando igualmente», ha confesado.

Tampoco hizo autostop

Acto seguido, prosiguió con su plan -cambiándose de nombre a Zack Edwards- que le llevó hacia el sur hasta el pueblo de Quillan, donde hizo noche a la intemperie para luego volver a Chalabre: «Intenté ser inteligente. Caminé hasta Quillan y luego, regresé. Pregunté por direcciones allí. Pero no me perdí, sabía exactamente a dónde estaba yendo», ha relatado.

«Mi plan era llegar a Touluse, alejarme lo más posible. Pero estaba tan cansado y destrozado que cuando el camionero me recogió, solté esa historia«, prosigue. Fabien Accidini fue el transportista que encontró al joven la noche del 12 de diciembre. Alex le pidió poder usar su teléfono para poder contactar con su abuela materna y decirla que la quería. «Ni siquiera estaba haciendo autostop cuando me recogió, estaba cruzando un puente, pero se paró porque llovía a cántaros, eran las 3 de la mañana y yo iba en patinete«.

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Después de dejarle el teléfono para llamar a la abuela, Accidini dio aviso a la Policía que acudió de inmediato y se lo llevaron a la comisaria más cercana. Fue entonces cuando Alex se derrumbó y dijo para sí mismo: «¡Mierda, no debería haber dicho nada!».

Todo ha pasado. Alex está con sus abuelos maternos en Manchester, de dónde nunca debió salir. Recuerda emocionado en conversación con ‘The Sun’ el reencuentro con ellos: «Comencé a temblar y simplemente les di un abrazo enorme. Me encanta estar de regreso»

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