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Al menos 15 muertos y decenas de heridos en un tiroteo en Praga


«¡Corred, corred!», gritaron varios universitarios al pasar a toda prisa junto a Pavel, alumno de la Facultad de Artes de la Universidad Carolina de Praga, en la plaza Jan–Palachz. Pavel había escuchado el estallido de lo que supuso que eran petardos y no hizo caso a la advertencia. Era el último día de clases, antes de las vacaciones de Navidad, y en la facultad se vivía un ambiente festivo que le hizo pensar en una broma. Pero cuando siguió su camino y dobló el pasillo a la derecha, vio un cuerpo caer al suelo y otro tendido en medio de un charco de sangre. Lo siguiente que recordaba anoche era que agentes de policía le habían dado el alto y le habían cacheado a conciencia, antes de evacuarlo del edificio junto al resto de los estudiantes que todavía estaban en el ala este. La Policía había recibido una llamada denunciando un «tiroteo de un pistolero enloquecido» poco después de las tres de la tarde y movilizó a tantas patrullas como estaban disponibles en la capital de la República Checa.

Mientras en el exterior se acordonaba la zona, los agentes entraron en el edificio y siguieron el resto de cadáveres hasta dar con el tirador, que huyó de ellos saliendo a la azotea del cuarto piso. Más tarde sería identificado como David Kozak, un joven de 24 años que esa misma mañana había asesinado a su propio padre en la localidad de Hostou, a unas dos horas de Praga en coche, y había acudido a la capital con la intención de suicidarse. Nadie sabe todavía con certeza el motivo por el que quiso llevarse consigo a tantas personas como pudiera. Al cierre de esta edición, la cifra de muertos ascendía a 15 y los servicios sanitarios seguían atendiendo a docenas de heridos, la mayoría accidentados durante su huida, como una chica de 19 años que cayó desde una terraza.

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El ministro del Interior de la República Checa y la policía han señalado durante una rueda de prensa que están trabajando sobre la teoría de que Kozak también ha podido ser el responsable de la muerte de dos personas la pasada semana en el bosque de Klanovicky, cerca de la capital. Tal y como recoge la BBC, las autoridades creen que el joven, que no tiene antecedentes criminales, «escogió a sus víctimas aleatoriamente».

En su escapada hacia la azotea, David seguía disparando y los estudiantes se retiraban de su camino, incluso aunque la única vía de refugio fuese la cornisa exterior del edificio, corriendo evidente peligro de caída. Petr Nedoma, director de la Galería Rudolfinum, situada al otro lado de la calle, observó la detención desde abajo: «El chaval estaba parado en la galería de la azotea, con un arma en las manos, y disparó repetidamente, con cierta demora entre tiro y tiro. Parecía tranquilo. Luego, levantó las manos, disparó una vez más y arrojó el arma a la calle. Entonces empezaron aparecer los policías allí». El alcalde de Praga, Bohuslav Svoboda, que a esas alturas se encontraba cerca del lugar del ataque, completó el final del relato: «Según me han informado, en realidad abatieron al tirador en el edificio y luego él, herido, intentó todavía huir saltando a algún lugar y murió». «Es un buen resultado desde el punto de vista de la tragedia», felicitó Svoboda el trabajo de las fuerzas de seguridad.

A esa hora, la Policía checa había empezado ya a atar cabos. El joven de 24 años fue identificado como David Kozak, el mismo que había abandonado horas antes el domicilio familiar con intención de suicidarse, según habían declarado allí varios testigos. El número de muertos sugería la posible presencia de un segundo tirador, por lo que la dirección de la universidad envió un correo electrónico a todos los empleados dando instrucciones de permanecer en las oficinas y apagar las luces, cerrar con llave y bloquear las puertas hasta que llegue la Policía. «Queridos colegas, quédense donde están, no vayan a ningún lado, si están en las oficinas, cierren con llave y coloquen muebles frente a la puerta, apaguen las luces, el tirador probablemente esté en el cuarto piso del edificio principal. El bedel Zdeňka Filipová está guiando a los agentes a través del edificio», decía el mensaje.

«Actualmente atrapado dentro de mi clase en Praga. El tirador está muerto, pero estamos esperando a que nos evacuen. Rezando para salir con vida. Bloqueé la puerta antes de que el tirador intentara abrirla. Maldito infierno», compartía en X Jakob Weizman, todavía atrincherado detrás de sillas y mesas apiladas contra la puerta de una de las aulas. La Policía procedió a registrar sala por sala toda la universidad y fue evacuando a profesores y estudiantes hasta que el jefe de la Policía, Martin Vondrasek, consideró que la situación era ya segura y compareció en una rueda de prensa junto con el ministro de Interior, Vít Rakušan, para informar sobre los detalles.

Kozak era estudiante de la Facultad de Letras y tenía que participar en una conferencia a las dos de la tarde en esa facultad. Informada la Policía del parricidio, varios coches patrulla habían acudido al edificio de la calle Celetná con intención de proceder a su detención si finalmente aparecía. «Es por eso que llegamos inmediatamente al edificio de la Facultad de Artes cuando se recibió la primera llamada», explicó Vondrášek, una circunstancia que ha salvado muchas vidas.

«Se inspiró en un evento horrible similar en el extranjero», añadió sobre su proceder, y descartó que los asesinatos tuviesen conexión alguna con el terrorismo internacional. Rakušan, por su parte, expresó sus profundas condolencias a todos los familiares, conocidos y amigos de «las víctimas de este acto demencial sin precedentes, que la República Checa nunca ha visto en su historia».

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